Capítulo 17: ¿Qué es el pasado?

2 0 0
                                    

El día pasaba muy lentamente, la noche había sido agotadora sin duda, pero debía ponerme al corriente tras haber perdido el día anterior acompañando a Elizabeth. Eso había terminado peor de lo que me había imaginado inicialmente, o bueno, si quiera había considerado el hecho de que tal vez ella nunca entendería que mis sentimientos hacia su persona se habían apagado después de haberme mudado a Francia, no, desde antes, definitivamente desde el momento en que me dio la espalda obligándome a escapar de mi hogar. Además, había conocido a Addy en mi agonía, y el amor que vivía por ella era más claro que el agua de una costa vírgen. Era de lo único que estaba totalmente segura, que quería pasar el resto de mi vida a su lado sin importar los obstáculos que se nos pusieran enfrente, con la bendición de Elizabeth o sin ella. Era mi vida después de todo, no necesitaba que nadie me diera permiso de ser feliz. Ella había tenido su oportunidad conmigo y la desperdició, era momento de que lo dejara ir, así como yo lo hice cuando rompió mi corazón.

Algo estaba lúcido en mi cabeza, estar conmigo no era más que un capricho, sé que si me hubiera amado como lo hacía se habría retirado al momento que se lo pedí, pero ahora arriesgaba el perderme para siempre solo para satisfacer sus deseos de que a nadie más que a ella pudiera regalarle mi corazón. Simplemente se perdió. Confundió lo que quería con lo que ambiciaba y fue cayendo cada vez más bajo, era casi irreconocible su forma de actuar. Siempre fue irreverente, pero consciente, y eso se había dicipado entre los vientos.

Así las horas pasaron, tic, toc. Las clases se sentían pesadas y mis párpados se cerraban cada que podían. Además de eso, mi mente estaba nublada entre tanta reflexión y pensamiento, lo único que deseaba era poder abrazar a mi Adeline, estrujarla contra mí, sentir su calor, su cuerpo, presenciar su aroma y saber que existía en el mismo lugar donde yo. Extrañaba poder tener tiempo a solas con ella, pasar la tarde en el parque o cenar en un buen restaurante, no importaba, solo extrañaba nuestra pequeña burbuja de felicidad antes de que Elizabeth arrivara. Desde ese momento mis segundos se sumergieron en la paranoia, mis minutos en la ansiedad y mis horas en el estrés, no me había podido sentir bien y completa, ni si quiera al dormir, pues los recuerdos me atormentaban y las pesadillas eran cada vez más recurrentes. Tal vez todo tenía un propósito, tal vez no, pero me habría gustado ahorrarme todo ese dolor que la peliroja trajo consigo.

Por fin las clases habían terminado, Adeline y Elizabeth pasarían por mi para ir a comer. No me emocionaba tener que seguir compartiendo tanto tiempo con la peliroja, deseaba que pronto regresara a México y nos dejara vivir tranquilamente de nuevo. No sabía si sería rápido, pedirle que se fuera tampoco era una opción, así que solo mantenía la fe de que en algún momento cercano tomara sus maletas y se subiera a un avión. Entre estos pensamientos pude verlas a lo lejos, levanté mi mano y las saludé. Corrí hacia ellas y al llegar frente a mi novia la abracé y le di un gran beso, era lo que más había deseado al pasar las horas del día, al fin mi gran aspiración se cumplía. La tomé de la mano y saludé con pocas ganas a nuestra acompañante. Esta me miró y sonrió levemente para regresarme el saludo. Caminamos hasta el restaurante de Doña Clarita para comer, si iba a pasar más tiempo bajo estrés sería alrededor de gente que me mantendría en mis cabales en todo momento. La cabeza me punzaba y mi corazón no dejaba de agitarse, me sentía demasiado nerviosa, Addy lo notó y apretó mi mano para hacerme sentir más tranquila, finalmente llegamos al lugar.

Nos sentamos cerca de la entrada pues el calor era demencial, siempre odié el calor, ¿porqué ese día en especial tenía que hacer tanto? No importaba, sabía lo que debía hacer, era algo que ya tenía pensado desde hace un tiempo, era una desición que ya había tomado, no sabía que podía pasar, pero era de lo único de lo que estaba segura.

-Adeline... Me gustaría decirte algo.

-Sí, claro amor, ¿qué pasa?

Miré de reojo hacia Elizabeth, la sonrisa no se había borrado de su rostro, aún.

FranciaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora