EPISODIO CERO (PARTE III)

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— Wow... te ves... realmente hermosa, Cleda. — Myfels observaba a su amiga, quien salía de uno de los cubículos junto a Rea (quizás Hue).

Cleda había sido vestida de azul (ese era su color favorito) con un traje largo de varias capas, bordados y terminaciones plateadas, las mangas finalizaban en seda azul casi transparente y eran acompañadas por un chal plateado que caía desde sus brazos hasta sus muslos. Su cabello estaba suelto y las puntas habían sido ondeadas para darle una caída en espiral, maquillaje  suave inspirado en el mar, con piedras preciosas pegadas finamente cerca de sus pómulos.

— Puedo decir lo mismo, Myf, pareces uno de esos importantes mercaderes de Willness, de los que se la pasan borrachos en fiestas, acompañado de varias mujeres. — 

— U hombres. —

— Eso, también de hombres. —

Myfels había sido vestido con un traje corto de color blanco, un chaleco dorado con bordados marrones y pantalones a juego, le habían recogido su largo y ondulado cabello en una cola hacia atrás, dejando ver sus gruesas cejas, además habían decorado sus gafas con un cordón lleno de piedrecitas doradas que le daba un aspecto solemne y educado.

— Angs debe estar por salir. —Indicó la chica, señalando como la puerta del cubículo de Ángelus iba abriéndose lentamente.

En el momento en que Ángelus sale del cubículo, el universo se detiene para él, podía escuchar a lo lejos la música de festejo y los gritos de júbilo, sin embargo para él esos sonidos se escuchaban demasiado lejanos, como en otra dimensión, una dimensión que no le pertenecía, como un cumpleaños que definitivamente no era de él, observó en cámara lenta ante sus ojos los rostros de asombro de sus amigos, como abrían la boca y se quedaban viéndolo pasmado, tan solo fue traído a la realidad cuando escuchó la voz de su mejor amigo.

— ¡Joder, Ángs! ¡Pareces una chica! Yo te cogería. — confesó su amigo mitad excitado, mitad divertido.

— O-oye — parecía como si las palabras de Cleda se quedaran atravesadas en su garganta.

— Bueno, no es como si normalmente no fueras cogible — añadió inmediatamente su amigo observando el rostro de Cleda. — pero bueno, ya sabes. — Myfels codeó a la chica, que ahora adquiría un leve sonrojo, no podía distinguir si era de ternura, incomodidad o deseo.

— Te ves muy, en serio, muy bien, amor. — Le dijo la chica, sonriéndole a su novio con el rostro iluminado, su semblante había cambiado, ahora se veía claramente feliz.

Ángelus no sabía que decir, hace poco había salido de verse al espejo, y en realidad jamás se había sentido tan cómodo como en ese momento. Traía puesto un traje largo que le llegaba hasta los tobillos de color rosado, con terminaciones en pequeñas esmeraldas, y aunque traía pantalones, estos casi no se veían, sus mangas eran largas como las de Cleda, pero el cuello de su traje estaba decorado con plumas color blanco muy suaves al tacto y que se sentían delicioso. Su cabello por otro lado, había sido ligeramente alisado y peinado, dejando aún rastros de la pelea por arrebatarse, traía consigo varios accesorios, entre anillos y pequeños aretes de verde brillante.

— Ustedes dos, ¡realmente se ven muy bien! — Ángelus explotó en falso jubilo, acercándose a sus amigos y dejando de lado todas las emociones que tenía en aquel momento.  — En especial tu, mi lady. — abrazó a su novia apegándola a él, besándole la frente con un poco de rigidez (más por la emoción que por cualquier otra cosa.)

— Tu no te quedas atrás, mi amor, hoy nos vemos como esos actores famosos de teatro, o como los herederos de una gran fortuna, aunque bueno, Áng ya lo es. — asintió la chica, pegándose a su novio un poco más en su abrazo.

DESTINO: PIRÁMIDE OSCURADonde viven las historias. Descúbrelo ahora