Nyx se despertó alrededor de las cinco de la madrugada. Acostumbrada a dormir poco y nada, se levantó de su cama e intentó obviar la primer imagen que tenía al abrir las cortinas: las ventanas que daban al Lago Negro. Con ayuda de su varita, conjuró ropa de su baúl y se dirigió hacia el baño, donde evitando mirarse al espejo, ingresó a una de las duchas y comenzó a higienizarse.
Al salir de la habitación, subió las escaleras hacia la Sala Común de Slytherin. No había nadie allí y el silencio reinaba, en compañía del frío que había tomado su lugar hace horas cuando el fuego de la chimenea había muerto. Salió por aquella pared-puerta y comenzó a caminar por el pasillo, en busca de una sola cosa: aire.
Nyx detestaba la sensación de claustrofobia que la estaba invadiendo luego de un mes entero al aire libre. No había notado lo mucho que odiaba los espacios subterráneos hasta que se vio obligada a vivir justo allí. Y ese sería su hábitat hasta que le sea encomendado irse de Hogwarts.
Mientras subía las escaleras y pasillos sin saber realmente hacia dónde se dirigía, la desesperación empezó a tomar lugar en su cuerpo. Podía sentir su ritmo cardíaco aumentar y era consciente de que cada inhalación no era suficiente para llenar sus pulmones. Comenzó a caminar más aprisa, sin saber realmente qué le estaba pasando. El día anterior había sentido exactamente lo mismo, pero había atribuido todo aquello al cansancio físico y la sobrecarga sensorial. Ahora, no tenía nada a que echarle la culpa realmente: los pasillos estaban vacíos, los espacios eran amplios y por lo que podía presentir, ya no estaba bajo tierra. Había comido y había descansado. ¿Qué le sucedía?
Se apoyó contra una fría pared de piedra para intentar organizar sus pensamientos a la vez que sentía que su visión comenzaba a emborronarse por los bordes. Mantuvo esta posición sólo dos segundos, antes de oír la voz de Draco Malfoy a lo lejos.
-¿Qué demonios estás haciendo aquí, Nyx?-Preguntó con voz furiosa mientras aumentaba la velocidad de sus pasos para llegar a su alcance. Nyx se enderezó y salió de su trance para mirarlo.
-Quiero salir fuera-Respondió inocentemente, como si fuese una cuestión de hecho.
-¿Afuera? Son las cinco de la madrugada, ¿Qué carajos haces despierta?-Le inquirió, pero antes de que pudiese responder, continuó:-Los estudiantes no pueden estar a estas horas en los pasillos.-Sus ojos grises expresaban extrema molestia.
-Tú estás aquí.-Repuso ella, recomponiéndose. Draco tensó su mandíbula en disgusto.
-Porque yo soy un jodido Prefecto. Se supone que debo estar haciendo rondas, vigilando que estudiantes no deambulen por los pasillos y si veo a alguien debo darles detención y quitarles puntos.-Dijo furiosamente. Nyx entornó sus ojos, copiando el propio gesto de Draco que quería decir "¿en serio?" –Deberías volver a tu habitación antes de que alguien nos encuentre así y me vea obligado a...
-Señor Malfoy, ¿Qué sucede aquí?-Sonó la voz de un hombre y ambos jóvenes dirigieron su mirada en la dirección del sonido. Un hombre alto, de pelo negro azabache de aspecto grasiento y ojos oscuros que contrastaban duramente contra el color de su piel, blanco como el papel, los observaba seriamente.-Señorita Windsor, no lleva ni un día en Hogwarts ¿y ya está causando problemas?-Preguntó con un tono de voz monótono.
-Estaba explicándole justamente que los estudiantes no deben deambular los pasillos...-Comenzó a explicar Draco.
-Necesitaba aire fresco, señor.-Dijo Nyx mirándolo, intentando obtener algún atisbo de la mente de aquel imponente hombre pero para su sorpresa, se encontró con un muro de cemento impenetrable. El hombre inclinó levemente su cabeza hacia un costado, mirándola fijamente.
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Hiraeth
Fiksi Penggemar¿Los monstruos nacen así o son creados? Draco Malfoy no ha podido descansar desde que el cuerpo de Cedric Diggory apareció sin vida al final del Torneo de los Tres Magos y su ansiedad sólo se ve aumentada cuando su hogar es invadido por el primer gr...