Capítulo; Décimo C/uarto.

1.3K 161 5
                                    

Una vez llegamos a la plaza ninguno podía asimilar muy bien qué estaba pasando.

Por mi parte, me senté en un lugar que me había señalado Euhemeros, pero él estaba de pie, pensando en la situación, le había contado que buscaba a alguien en el barrio marginal, pero aún no sabe a quienes, y tengo miedo de que se enoje.

Por un demonio—. Levanté la mirada y logré ver lo consternado que estaba, como una mezcla entre confuso y molesto Oye, no sé en qué problemas estás metida, pero—. Inhaló fuertemente ¡¿A quién demonios estás buscando?! No ¿Estás metida en alguna clase de lío? —. Hizo una breve pausa -Oye, no sé en qué estás metida, pero aléjate, no debe ser nada bueno—. Durante unos segundos más continuó en su especie de regaño/advertencia hasta que se quedó callado. Por primera vez lo estaba viendo en lo que parecía, estar cansado de estar molesto.

Le indique que se sentará a mí lado, pero lo rechazó molesto Si te digo, quiero que no te molestes y que me escuches hasta el final—. Me miró un poco y asintió Júramelo.

Bien, te lo juro—. Refunfuñó.

Bien ¿Te acuerdas de Marie?

¿Quién?

La de la comida podrida.

Con que así se llamaba, bueno, menos mal esa rata ya está muerta.

Mm... Bueno, el asunto es que le prometí un par de cosas al morir.

¿Cómo? Ella estaba en el calabozo ¿En qué momento la viste? No me digas ¿Fuiste a ese horrible lugar? ¿Qué, tú sola? No... Oye, no, dime qué es un invento.

Agh, ¿Y si mejor te callas para que pueda contarte? —. Asintió sin otra reacción más que obediencia Bueno, sí, la vi en el calabozo—. Comenzaba a alterarse ¡Pero! ... Pero, no fui sola, Celdric y Malbec pasaban por ahí así que me acompañaron. Yo los obligué, no los reprendas—. Aclaré muy seria Cuando la vi le prometí que contrataría a sus dos hermanas menores como mis mucamas.

No... Dime qué es broma.

La verdad, no.

No—. Se alteraba demasiado Justo cuando pensaba que habías cambiado sigues siendo la misma tonta que siempre. Siempre con esas ridiculeces. Sabía que era un cambio demasiado bueno en tan poco tiempo. Pero, pensaba que, de igual manera ... Quería creer ... ¡Demonios Nicolyn! ¿Qué tormento nos planeaste ahora? ¡¿Por qué quieres atormentarnos?! No, ¿Qué vas a hacer? ¿Qué planeas? Sea lo que sea no te funcionará. No, no... —. Daba vueltas en círculos y se alteraba más Lo peor es que... Me engañaste; no, lo peor es que me hiciste participe.

Euhemeros—. Le hablaba tratando de calmarlo.

Parecía tan fuera de sí, como si se encerrara en sus pensamientos.

Eso es, tú querías involucrarme—. Traté de llamarlo muchas veces, pero no reaccionaba ¡¿Ese era tu plan?! ¡¿Qué yo nos arruinara?! ¡Tú, maldita!

Me congelé ante la idea de recibir uno de sus golpes, pero su fuerza era mucha, y mi cuerpo muy débil. No importa qué, eso dolería demasiado. Y en un destello fugaz vi todos eventos traumáticos de este cuerpo. Mis manos se levantaron junto a mis piernas en una posición fetal de defensa. Tenía miedo. Tengo miedo.

Estoy paralizada solo esperando lo inminente, un brusco golpe que me dolerá, aun así, no dolerá tanto como mi ingenuidad. Pensaba que nos habíamos acercado, por un momento pensé que quizás, al menos con él, podía cambiar mi relación.

Llegué a pensar que no estaba tan mal perdonarlo. Creí y pensé cosas que ahora se esfuman dolorosamente, puesto que toda esa confianza ahora se dirige a golpearme con ira sin siquiera escucharme. Cómo antes. Cómo siempre. Un pasado doloroso que resuena en mi presente. Un destino inminente, y mi indefenso cuerpo incapaz de superarlo. Ni siquiera había una sola palabra que pudiera salir de mi boca, ¿Para qué?, Él no se detendría ¿Quién me escucharía? ¿A alguien le importaría?

De todas maneras, me golpeará y, de todas maneras, volveremos a donde estábamos.

Detente—. Escuche una conocida voz ¿No ves cómo la asustas? —. Rápidamente me giré a ver qué sucedía.

Prince había tomado el puño de Euhemeros en el acto, por mi parte, no sabía que me tenía más paralizada, sí acaso era el miedo o la sorpresa. Por primera vez en este cuerpo, hay alguien que se interpone por mí, alguien que me escuda de mi destino.

Mientras se gritaban y se separaban intenté levantarme, pero mis piernas, manos y cara eran difíciles de controlar con precisión, pues un intenso miedo como ese aún era palpable en lo recóndito de mis entrañas. Temblorosa y tambaleante me puse de pie, sin saber si debía defender a la primera persona que me protegía, o al hermano que estaba creyendo en un cambio de nuestra relación, pero que ahora se dirigía a golpearme.

Sus insultos iban y venían, pero mi voz parecía no poder alcanzarlos. Estaban perdidos en su discusión y no me escuchaban.

Pero cuando alzaron sus puños la escena se congeló en mis párpados, y como si fuera obra de magia, recordé a mi madre en su lecho de muerte, cuando me pidió explícitamente cuidar de la familia en su ausencia, cuando nombró uno a uno a los sirvientes que debía cuidar y que estarían a mi cargo, y un sin fin de cosas más. En esa pequeña fracción de segundo, los destellos de aquellos lejanos recuerdos se condensaron en veloces imágenes y sensaciones abrumadoras.

Un momento asombroso de revelación y seguridad que no parecía real.

Y así de rápido, supe lo que debía hacer. Ellos estaban muy empeñados en discutir y no me escucharían, pero no podía dejar que Euhemeros peleará con un extraño así.

Reuní toda la magia que pude en una fracción de segundo y antes de que ambos se tocarán, yo ya estaba interpuesta entre ellos.

Me acomodé para proteger a Euhemeros, pero uno de los golpes me llegó y ambos caímos al suelo.

Tu ¿Qué haces? ¡Levántate tonta!

¡Euhemeros! —. Le tomé el cuello de sus ropas ¡Escúchame de una maldita vez! —. Grité a punto de llorar con cada parte de mi cuerpo temblando. Si bien era cierto que esas imagines me inspiraron valor, aún soy un pequeño cascarón humano que no sabe muy bien nada. Y que solo trata de defender algo, aunque sea a regañadientes.

¡No tengo nada que escuchar de ti! ¡Muévete!

¡Fue por mamá! —. Dejó de forcejearme al instante Ah, hasta que al fin te controlas—. Comencé a pararme adolorida, temblorosa y tambaleante.

Repite eso—. Me dijo casi susurrando.

Mientras me susurraba esto, Prince, velozmente me tomo del brazo y me alejó de él. Nuevamente, interponiéndose entre ambos. Teniendo cuidado de mí.

¿Estás bien? ¿No tienes ningún daño? Despacio—. Me decía preocupado mientras me tomaba con delicadeza y sacudía las partes de las ropas que habían tocado el suelo. Me sentó mientras se aseguraba de que no tuviera ningún daño, pero no tardó en darse cuenta de que su puñetazo me había llegado a mí.

Repítelo ... ¡Repítelo! —. La cara de Euhemeros demostraba demasiado dolor. No pude quedarme callada.

Mi destino como Villana.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora