—¡Lauren! —Digo entrando por la puerta de mi casa, dejo la mochila a un lado.
—¡Anne! —Gritamos como si de una escena de película se tratara, nos tiramos a los brazos de la otra y nos abrazamos como si no hubiese mañana.— Has crecido mucho.
—No exageres, aún me sacas una cabeza. ¡Hombre, Henry! ¡Cuánto tiempo! —Digo abrazando al novio de mi hermana.
—¡Hola, Anne! ¿Cómo va esa banda?
—¡Viento en popa! —Le sonrío y voy para la cocina.— Mamá, ya estoy aquí.
—Te escuché. —Dice y se vuelve después de apagar la vitrocerámica.— ¿Qué tal el día?
—Estupendo... Aunque...
—¿Aunque qué, Anne?
—Vamos a poner la mesa y te lo cuento mientras estemos comiendo.
—Vale. —Me mira por última vez y empieza a sacar platos.
Henry y Lauren ayudan a Mamá a poner la mesa mientras yo subo la mochila a mi habitación. Una vez la comida está en la mesa, nos sentamos todos alrededor de ella. Todos estamos en silencio hasta que mi madre impacientemente lo rompe:
—Entonces, ¿qué ha pasado hoy Anne?
—Bueno, pues, tienes que firmarme una nota que me han puesto.
—¿Una nota? ¿A qué te refieres?
—Pues, ya sabes, una nota de esas que te ponen los profesores. —Prefiero no decirle aún que es una nota de mal comportamiento.
—¿Y por qué te la han puesto?
—Bueno, es que... ha sido en Geografía, es la sexta vez que no hacía los deberes y...
—Anne, me prometiste que ibas a mejorar.
—Ya lo sé, Mamá, pero no tengo tiempo. Además, la semana que viene me mudo a Londres y no...
—¡¿Que te mudas a Londres?! —Dice Lauren y oigo como su tenedor cae sobre su plato.
—Sí, bueno, tenemos trabajo allí.
—Pero, ¿cuánto tiempo estarás allí? —Pregunta mi madre.
—Es para vivir, indefinido, supongo.
—Pero, Anne, hija, no puedes decírmelo de un día para otro.
—Ya lo sé, iremos en tren para que no tengáis que hacer un viaje largo.
—¿Dónde estaréis? ¿Os quedaréis en un hotel? —Pregunta Lauren.
—No, de hecho, Allan nos ha alquilado un piso bastante grande y cerca del centro de la ciudad.
—Ya sabes que por mi parte no hay inconvenientes, pero —ya empezamos con los peros—, debes hablarlo con tu padre.
—No hace falta.
—Se enfadará si no lo haces. —Comenta Lauren.
—Después lo haré. —Me rindo para no discutir.— Ya está bien de hablar de mí, ¿qué hay de vosotros?
—Nosotros estamos genial. —Dice Henry.
—¿Y las carreras? —Pregunta Mamá.
—Viento en popa. —Dice Lauren imitándome y todos reímos.— ¿Qué tal si después vamos de compras? Necesitarás ropa nueva para el viaje. —Mientras habla y gesticula me fijo en una gran cicatriz que tiene en la superficie de la majilla izquierda, nunca se la había visto, así que la opción de una caída en la infancia queda descartada.
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El Susurro de Anne
Ficção AdolescentePuede denominarse superación o persecución de sueños. Llame como se llame, es lo primero en lo que piensan al escuchar mi nombre. ¿Y por qué será? Un día, por alguna extraña razón, decidí cambiar mi vida. No es nada fácil arriesgarlo todo sabiendo q...