Capítulo 4

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Ya se acercaba la hora de cerrar el restaurante, mejor dicho, ya era la hora de cerrar. Ezequiel se había quedado solo en el local para atender a los últimos clientes, un grupo de tres chicos que ya llevaban un buen rato sentados consumiendo alcohol. Se sentó en una mesa lejana a los últimos clientes para esperarlos. Pasados quince minutos después de lo que se suponía era la hora de cerrar, uno de los chicos alzó y agitó su brazo para llamar la atención del mesero.

—¡Sirve otra ronda, amigo!— todos ya estaban visiblemente alcoholizados.

Ezequiel miró a la puerta de la cocina, era evidente que ya no había nadie adentro. ¿Acaso no era obvio? Ignorando la orden del chico, se acercó para comunicarles de nuevo la noticia.

—Lo lamento, chicos. Nuestro servicio de bebidas alcohólicas ya no está disponible después de nuestro horario laboral. Como ya se les había dicho antes, nuestro horario de servicio acaba a cierta hora. No quise molestarlos antes porque se veían muy cómodos, pero ya debo cerrar.

—¿Ehh? Pero si todavía es muy temprano. Además no recuerdo que nos dijeras algo así antes— contestó otro chico de forma burlona, a lo que sus acompañantes rieron.

—Entiendo, aunque estoy seguro que una de mis compañeras se los comentó— insistió Ezequiel, realmente ya quería ir a casa.

—¿Estás llamando mentiroso a mi amigo?— preguntó enojado el chico más próximo a Ezequiel y se levantó de su asiento.

El mesero retrocedió unos pasos.

«Realmente no me pagan lo suficiente para lidiar con esto» pensó.

—N-no, esa no fue mi intención— el ambiente comenzaba a ser muy pesado para el pelinegro, aún así trato de sostener su sonrisa amable —En este momento me ayudaría mucho si ya se pudieran retirar, de lo contrario me meteré en problemas.

Los tres chicos ignoraron por completo las súplicas de Ezequiel.

—¡Oye!— exclamó el primer chico, para posteriormente levantarse y dirigirse al que aún yacía sentado —¿No se supone que estamos aquí para ver a esa chica que te gusta?

—Eso quería, pero ya llevamos dos horas y sigue sin aparecerse— contestó —¿Tú sabes dónde está?— preguntó ahora dirigiéndose al mesero —¡Debes saber quién es! ¿No es así chicos?— los demás rieron como si eso se tratara de la broma del siglo —Esa meserita, rubia, delgada con unas buenas piernas... Sí, me encanta verla en su uniforme.

Ezequiel inmediatamente supo que hablaban de su amiga, Gaby. Su humor cambió completamente, sentía claramente como un calor subía desde su estómago hasta su pecho. Todavía no debería decir nada o podría causar más problemas.

—Tú debes conocerla, ¿no es así?— el chico que parecía tener preferencia por Gaby se acercó y pasó su brazo izquierdo por encima de los hombros de Ezequiel —¡Vamos! ¡Dinos! Probablemente te dejémos una gran propina.

—Perdón, eso va totalmente contra las reglas del establecimiento, tengo prohibido proporcionarles cualquier tipo de información personal sobre mis compañeras— Ezequiel trató de sonar lo más amable posible para ocultar sus verdaderas emociones —Por ahora necesito que abandonen el establecimiento, no se preocupen de la cuenta. Esta vez la casa invita.

Como amigo de Gaby, ya no podía soportar más esos comentarios despectivos y denigrantes sobre su cuerpo. No le importaba si él tenía que pagar ahora su comida, los quería fuera. Se soltó del agarre del chico para tomarlo del brazo y dirigirlo amablemente a la salida.

—Perdonenme, ya necesito cerrar.

El chico se veía sumamente confundido y trató de soltarse de Ezequiel. Cada vez que lo intentaba el mesero trataba de tomarlo con más fuerza. Antes de llegar a la salida el chico se soltó del agarre y miró ferozmente a Ezequiel.

—¡NO ME VUELVAS A TOCAR ASÍ!

Antes de que Ezequiel pudiera reaccionar, ese chico se acercó rápidamente a él y lo empujó con mucha fuerza, haciéndolo chocar con las sillas y las mesas que estaban atrás de él. Trató de levantarse justo después del impacto, al hacerlo se encontró con el puñetazo del mismo chico. Esta vez cayó con más fuerza que el empujón, tanto que su vista se volvió borrosa y oscura, en ocasiones podía ver destellos blancos y su sentido auditivo se distorsionó haciéndolo sentir muy confundido. Tampoco podía respirar con normalidad. Su cerebro todavía no era capaz de entender lo que acababa de pasar, hasta que en cuestión de escasos segundos sintió un ardor proveniente de su mejilla izquierda.

—¡MALDITO MARICÓN!— gritaron fuertemente en la cara del chico, que desencadenó una punzada de dolor en su cabeza.

Ezequiel hizo su mejor esfuerzo para estabilizar su vista y poder visualizar mejor la situación, pero al hacerlo se encontró con los ojos inyectados de sangre y llenos de furia del chico que lo había golpeado. Al hacer contacto visual, el agresor lo tomó del cuello de la camisa y lo presionó al suelo. Ezequiel estaba paralizado, no sabía qué hacer y justo la posición actual le traía malos recuerdos. Sin avisar sintió una gran punzada de dolor en su estómago, que dejó salir todo el aire restante en su cuerpo. Ante el dolor, trató de encogerse y tomar aire. Sus intentos por respirar fueron frustrados por otro puñetazo que cayó cerca de su nariz, de nuevo su vista se volvió difusa.

Para tratar de aminorar los efectos de otro posible golpe, Ezequiel colocó sus brazos enfrente de su rostro. Al no sentir un nuevo golpe su agresor por un par de segundos decidió levantarse. Su confusión aumentó en cuanto escuchó los gritos de los otros acompañantes en una dirección diferente a la suya. Instintivamente llevó sus manos a su rostro al sentir un líquido caliente deslizándose por su rostro, era sangre. Al escuchar impactos cada vez más claros y las voces de los chicos preocupados, trató de enfocar la vista hacia dos figuras que parecían ser las causante de todo el alboroto, no podía distinguir bien qué estaba viendo porque ya no llevaba anteojos en ese momento, pero definitivamente se veía como dos personas peleando en el suelo y otro par de personas mirándolos a unos pasos de distancia.

Please... Save me... (Yaoi/Gay)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora