Capítulo 5

44 7 2
                                    

Como pudo, Ezequiel logró levantarse con gran dificultad. Todavía no podía distinguir bien qué era lo que decían los dos espectadores de la pelea. ¿Y quién era esa cuarta persona? Era imposible permanecer totalmente erguido, el cuerpo le pesaba, apoyó sus manos sobre sus rodillas para descansar y tratar de recuperar el aliento. Cada bocanada de aire era dolorosa, como un millar de agujas arrastrándose en dirección a cada respiración. Al mirar a sus manos se dio cuenta de lo terrible que estaba temblando su cuerpo, era obvio que estaba a un paso de sufrir un ataque de pánico, ya los conocía muy bien.

Con el paso de los segundos, los gritos se volvieron más claros. El chico, ahora sin lentes, trató de ver lo que estaba pasando a unos metros de él. Su vista era muy mala, no podía ver los rostros, ni las siluetas de las personas con claridad. Al entrecerrar sus ojos para poder divisar algo, se percató de dos siluetas, aparentemente de hombres en el suelo, uno sometiendo a otro y... sangre en el suelo.

—¡QUÍTENLO DE ENCIMA!— aulló la persona sometida en el suelo. Los dos espectadores no se atrevían a acercarse.

Se escuchaban demasiados impactos en su cuerpo. Sin tener la oportunidad de poder pensarlo, Ezequiel se abalanzó y rodeó con sus brazos a la persona que golpeaba sin piedad a su agresor. Por un segundo se preguntó a sí mismo si estaba soñando, se supone que no había nadie más en el restaurante. El imponente sonido de un más impacto resonó en su cabeza haciendo que el chico que lo había golpeado escupiera sangre, en ese momento sus piernas se movieron por sí solas y se abalanzó sobre el desconocido que parecía ayudarlo.

—¡¡¡YA PARA!!!— logró gritar con todas las fuerzas que le quedaban.

A pesar de que esa persona trató de resistirse, al escuchar la desgarradora plegaria de Ezequiel, se detuvo. Como si se tratara de una caja musical a la que se le acabaron las baterías, todo quedó en silencio, lo único que se escuchaba eran la respiración agitada de los presentes. Pronto reaccionaron el grupo de amigos y levantaron a su amigo para irse, no sin antes dejar, con temor, un poco de dinero en la mesa.

Cuando por fin se fueron Ezequiel tuvo el valor de soltar a la persona que lo había ayudado, tenía miedo de que fuera detrás de esos hombres y el asunto se elevará a mayores. La bomba de emociones se había explotado y apoderado de su cuerpo, no podía dejar de temblar ni calmar su respiración. Trató de agredecerle al extraño pero sus piernas cedieron y se desplomó de rodillas al suelo.

—¡¿Estás bien?!— preguntó preocupado el extraño

Ezequiel se sentía impotente en esa situación, aquella situación le traía malos recuerdos, además, no pudo hacer nada contra esos chicos, tuvo que venir alguien más a ayudarlo y ahora estaba perdiendo el control de sus emociones tan fácilmente.

En cuanto menos lo esperó, los brazos del desconocido lo rodearon, sin mucho que decir, Ezequiel hundió el rostro en su pecho. Pasaron escasos segundos, aunque se sintieron como largos minutos para ambos chicos, hasta que por fin Ezequiel logró calmarse.

—Perdón— susurró, su voz aún estaba bajo los efectos de su llanto, tomó saliva para mejorar el tono y se separó repentinamente del abrazo —Ya estoy mejor, por ahora... necesito limpiar esto.

Era realmente vergonzoso para Ezequiel el estado en el que se encontraba, por un momento había dejado su guardia baja. Desde que había salido del hospital no había tenido una recaída tan fuerte como esa y es que la mirada feroz del chico que lo atacó anteriormente le traía recuerdos que lo asqueaban. Siempre que creía que lo había olvidado, regresaban esas imágenes a su cabeza con la misma intensidad que la primera vez.

Trató de levantarse sacudiendo la cabeza, como si de alguna forma ese gesto alejara sus pensamientos. De pronto un par de manos se colocaron en sus hombros y lo atrajeron de nuevo al suelo.

—¿Seguro que estás bien?

El chico estaba genuinamente preocupado por la reacción de Ezequiel, sospechaba que algo más había pasado antes de que llegara, pero no tenía el valor para preguntar. Definitivamente no le agradaba ver a Ezequiel en ese estado tan vulnerable, la cara del chico le recordaba a cierta persona.

Cuando Ezequiel iba a contestar alzó la mirada para verle la cara y de pronto se quedó sin palabras. Era el "príncipe".

«¿Qué está haciendo aquí?» pensó Ezequiel «¿Está aquí por su cuaderno?»

Tras unos segundos de silencio, Ezequiel decidió hablar.

—Ehhh... T-tu c-cuaderno... Lo dejaste... Aquí... Voy por él.

El príncipe lo volvió a detener.

—Eso no importa ahora— contestó molesto —¿Por qué piensas en ese tipo de cosas en un momento así? Realmente tienes un problema— Ezequiel se sentía avergonzado —Primero que nada, vamos a ocuparnos de tus heridas. ¿Bien?

Ezequiel asintió. Para evitar que otros se acercaran al restaurante, apagaron las luces que iluminaban las mesas y cerraron las cortinas.

—Hay un botiquín de primeros auxilios al fondo, cerca del almacén. Podemos usarlo.

Ambos chicos se levantaron y se dirigieron al fondo del local. Ezequiel en ese momento tenía muchas preguntas que hacerle al príncipe, aunque no encontraba las palabras ni el momento para charlar. Una vez dentro de la cocina Ezequiel tomó el botiquín y se lo pasó al otro chico.

—Vamos, ven por aquí. No hay mucha luz, deberían poner más iluminación, alguien podría caerse si no se fija con atención...

Justo ese día algunos de los focos en la cocina se habían fundido y necesitaban ser reemplazados, Ezequiel planeaba comprarlos regresando a caso después de su turno, probablemente a esa hora ya no había ninguna tienda abierta.

El príncipe intentaba hacer que Ezequiel hablara un poco más para cambiar el ambiente, daba la impresión de que Ezequiel había olvidado cómo relacionarse con otros chicos de su edad, únicamente contestaba con monosílabos o moviendo la cabeza. Aún así, hacía todo lo que le pedía hacer.

Colocó el botiquín en una de las mesas de la cocina, al lado de Ezequiel. Era el único punto en el que la luz de la ventana se abría paso en el lugar. Ambos habían acordado no encender el resto de las luces del restaurante para evitar que volvieran a entrar al restaurante los chicos de antes, probablemente así no regresarían.

El príncipe comenzó a examinar las manos de Ezequiel en busca de alguna herida, no parecía haber algo fuera de lo común, le preocupaba que sólo tenía golpes visibles en el rostro, especialmente en la nariz y la mejilla izquierda.

—Por cierto, no me he presentado. Mi nombre es Arístides, pero todo me dicen Aris. También puedes llamarme así.

Ezequiel alzó la mirada rápidamente, sorprendiendo a Aris. El brilló en los ojos de Ezequiel hizo que su corazón saltara, no sabía con exactitud si era incomodidad porque quería seguir mirando las expresiones de Ezequiel. Era la primera vez que veía emoción real en su rostro.








Nos leemos la próxima semana :p

Please... Save me... (Yaoi/Gay)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora