. — Masaki, escuché tu alarma hace un rato pero no te vi bajar. Vamos, apúrate que si no llegas tarde.
El chico, aun medio adormilado, parpadeó subsecuentemente hasta que al menos se hizo una idea clara de que no estaba en el país de los sueños. Con fastidio volvió a bajar su cabeza contra la almohada, gruñendo un poco por saberse despertado. Extrañaba aquellos días donde tenía diez minutos para prepararse y salir corriendo a tomar el tren, porque al menos en esos dormía más.
Con desganó y sin aun separarse de las sabanas, procedió a lentamente ir bajándose de la cama, poniéndose de pie recién cuando todo su cuerpo impactó de manera suave contra el suelo. Bostezó y estiró sus ligamientos para proceder agarrar su teléfono y ver la hora.
Seis y media de la mañana, tenía tiempo para desayunar.
Sin cambiarse bajó las escaleras, arrastrando los pies por el pasillo hasta por fin llegar a la cocina donde dos adultos lo estaban esperando ya empezando hace rato con sus propios platos. Uno lo saludó al instante, mientras el otro parecía más ocupado leyendo el periódico.
. — ¡Mira quien se levantó! Buen día, ¿Dormiste bien?—. Saludaba Hiroto, como si minutos atrás no hubiera sido él quien lo había levantado. — Vamos, toma asiento y come algo—. El chico hizo caso, así que el pelirrojo aprovechó esta sincronicidad para sacar el pan tostado de la maquina y ponérselos enfrente al tiempo que le robaba uno para sí.
Particularmente a Kariya no le molestaba esto, estaba más que acostumbrado a esas manías que tenía Hiroto, que te ponía algo enfrente que resultaba que iban a compartir sin que vos lo supieras. Aun recordaba un año atrás las primeras veces que lo había hecho y en su tendencia a pensar mal creía que el señor Kira estaba marcando un rol dominante por medio de la acción, aunque se abochornó un poco cuando descubrió que nada que ver.
Hiroto, viendo que su secretario no había bajado el diario o siquiera notado la presencia del adolescente, pasó por su lado dándole un ligero toque antes de sentarse a su izquierda.
Desorientado, Midorikawa bajó el papel para verlo, entendiendo cuando su compañero hizo un cabeceo con dirección al chico. — Buenos días, Kariya—. Dijo así nomás, seco, volviendo a levantar el periódico. ¿Para qué sería tan pomposo? Apenas se había levantado y con suerte le untaría algo al pan para dar a entender que andaba más dormido que despierto.
. — Hm... buenos días...—. Saludó de vuelta, llevándose el pan a la boca sin ponerle nada y bajarlo con un poco del café con leche que ya tenía ahí servido. Hiroto pensaba en todo, tenía que reconocérselo, gustaba de convivir con él.
Hablando del diablo. — Masaki, si queres te podemos dejar en el Raimon, me fijé y contamos con algo de tiempo extra así que puedes desayunar tranquilo.
Midorikawa lo vio por el rabillo del ojo, pero no dijo nada. Nunca decía nada cuando Hiroto y Kariya hablaban entre ellos, no era su asunto. Pero cuando estén en la oficina le recordaría que en estos días no contaban precisamente con tiempo extra que desperdiciar.
Por su parte el adolescente de azulino pelo asintió, murmurando un ligero agradecimiento más tranquilo que no tenía que apurarse, ahora tomando un pan normalito para sí untarle una mezcla de manteca con mermelada. Su tutor era muy bueno tranquilizándolo.
Todavía recordaba perfectamente las chascos que se mandaron en su primer año en el Raimon, las principales siendo el día que necesitó un montón de materiales para último momento y Hiroto tuvo que prestarle su tarjeta porque no llevaba efectivo encima, o la vez que se olvidó el pase de tren y no tenía dinero de sobra para comprarse un boleto, y tras llamar al mayor se tuvo que quedar en la entrada del colegio a ver cuando venía. Para cuándo fue la hora de cenar, ahí estaba Hiroto en la puerta del Raimon, agitado. Se había olvidado que lo tenía que ir a buscar, así que en compensación comieron afuera.
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Nadie te enseña a ser padre
FanfictionPorque a veces en una casa con un adolescente y dos jóvenes adultos, el conflicto es inevitable.