Capítulo 1: La vida es una basura

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Leah

Estoy terminando de comer cuando escucho que tocan a la puerta. Seguramente es Agnes.

Cuando salgo de la cocina me aseguro de verme en el espejo que está en el pasillo, a ella nunca le ha gustado verme demacrada, por suerte hoy me veo normal o todo lo normal que puedo verme en estos días.

—Creí que estabas muerta —Es lo primero que ella dice al verme en la puerta

—Si bueno, no tengo tanta suerte.

—Ya déjame entrar, te traje algo de comida —dice inclinando la cabeza hacia el recipiente que hay en sus manos, huele delicioso.

—Claro, pasa.

Se quita los zapatos en el recibidor como siempre le ha gustado hacer y la veo irse directo a la cocina mientras yo la sigo.

—Se que te gustan mucho las galletas que yo preparo, así que decidí hacerte unas cuantas, también te traje un poco de miel y leche, porque sé que no irás a comprar muy pronto.

—Agnes no tenías que traer nada de esto, sabes perfectamente que me las arreglo muy bien sola.

—Claro, como la semana pasada que vine a revisar el apartamento y tenías un pedazo de queso en la nevera que poco le faltaba para que le crecieran patas y saliera corriendo —Me dice, ignorando lo que digo para luego poner las cosas que trajo en su lugar.

—Gracias.

—No hay de qué.

Miro como se mueve alrededor de la cocina, está buscando el café.

—En el cajón de la derecha, arriba —Le digo, es lo único por lo que realmente me preocupo a la hora de gastar mi dinero.

Ella va hacia donde le indico y no tarda mucho en preparar dos tazas con el contenido negro dentro, me pasa una de ellas, es su manera de iniciar conversación.

—Dentro de poco entrarás a clases de nuevo, ¿no es así?

—Mmhm.

—Leah, ya hemos pasado la etapa de los monosílabos, responde bien.

—Sí Agnes, en una semana más entraré al último año.

—¿Tienes todo?

—Sí, aunque una nueva vida no me vendría mal.

—Bueno, no puedes tener todo lo que quieres en esta vida, ni siquiera una nueva.

—Ya, de todas formas, no sé qué haría realmente con una nueva, no es como si vivir en este mundo fuera la gran cosa ¿no? —digo intentando reír para disimular el mal comentario.

—No, ciertamente no lo es —responde mirándome divertida —. Deberíamos brindar por eso ¿no lo crees?

—¿Por qué la vida es un completo fraude?

—Entre otras cosas, sí.

—Está bien, porque la vida es una basura —digo levantando mi taza de café.

—Más bien porque es una mierda —Dice riendo.

Tomamos un trago de cafeína las dos, se siente bien, el café siempre me ha hecho sentir mejor.

—Falta poco para tu cumpleaños, ¿Qué vas a hacer?

—¿De qué estás hablando? Quedan más de 4 meses para mi cumpleaños —respondo extrañada, no sé ni como se acuerda.

—Pues por lo mismo, tienes que prepararte, no todos los años se cumplen 18.

—Queda tiempo todavía, además, haré lo mismo que los años anteriores.

—¿Es enserio?

—Si, ¿Por qué no?, te invitaré a ti y probablemente a Jasper para que soplemos las velas juntos.

Agnes me queda mirando como si me hubiera salido un brazo extra o algo así.

—De verdad que no puedo contigo, ¿me vas a decir que quieres pasar tu cumpleaños número 18 con una anciana de 65 años y con un niño de 13? ¿es que te golpeaste la cabeza o algo así?

—No veo que hay de malo en eso, no es como si fueran extraños, Jasper es un niño muy maduro para su edad y no tiene amigos, yo lo soy, y tú eres mi amiga también, quiero celebrarlo con ustedes y punto.

—Como quieras, luego no te arrepientas.

—No lo haré.

Seguimos tomando café hasta que se hace de noche, Agnes se levanta con cara de querer dormir en cualquier parte.

—Bueno, ya es muy tarde para mi niña, este cuerpo ardiente debe descansar —dice pasando sus manos por sus caderas de forma sugerente y con una sonrisa adormilada en la boca —. Buenas noches Leah.

—Buenas noches Agnes.

Le acompaño hasta la puerta, cuando está a punto de irse, se da la vuelta y dice:

—Ah y, por cierto, una familia nueva se mudará al departamento de al lado la semana que viene, te advierto ahora para que luego no te andes quejando de que ya no tienes momentos de paz.

—Está bien, no es como si pudiera hacer algo al respecto, adiós.

—Adiós.

Espero que la familia nueva no sea tan ruidosa, aunque ver caras nuevas de vez en cuando no estaría mal.

Cierro la puerta y vuelvo dentro. La soledad me golpea de nuevo.

Limpio la mesa de la cocina y me voy a mi cuarto. Mañana será otro día, siempre lo es.

Siempre siempreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora