Capítulo 4

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— ¿Por qué lo hiciste? — Jungkook ya lo esperaba. Desde que se ofreció como compañero voluntario de Park, supo que a la primera oportunidad, sería cuestionado.

Al menos, el omega tuvo el tino de contenerse, hasta el término de la jornada lectiva.

Jeon, quedó entre los rezagados. Evitando en parte, enfrentar las inverosímiles habladurías que –seguramente– ya esparcía el resto del estudiando, y a Hwang Hyunjin, quien no dejó de enviarle ojeadas cargadas de irritación, en cada cambio de turno.

Sin embargo, no se atrevió a acercársele. No tenía por qué. Jungkook le debía absolutamente nada, y muy a su pesar, el rubio era consciente.

Tiempo atrás, el alfa descubrió –gracias a un compañero demasiado lengua larga– que Hyunjin le había decretado suyo. Esparció el rumor de un inminente cortejo, para dispersar a otros posibles interesados, y tomó como desafío, hacerlo caer en sus redes.

<<Pobre iluso. No hay peor ciego, que el que no quiere ver. >> si el chico no percibía la obvia desatención de Jeon, entonces, era lógicamente obtuso.

Él trataba de declinar cada una de sus intentonas con educación y tacto. Aunque ahora, a juzgar por el ademán afectado en las facciones cándidas del omega, Hwang exigía una rendición de cuentas. Una explicación que –lamentablemente– no recibiría jamás.

Jeon terminó de recoger su puesto, aguardando parsimoniosamente a que los otros alumnos abandonaran el salón.

Colgó su mochila en el hombro izquierdo, y con una tranquilidad que estaba lejos de poseer, encaró Jimin.

El omega le escrutaba atento, siguiendo cada uno de sus movimientos aprehensivamente.

Confusión y desconfianza, advirtió Jeon en los ojos azulados de Park, y la realización hizo doler una vibra dentro suya.

Infundada, pero inevitable.

>> ¿No vas a contestar?

La inflexión exasprerada en la voz ajena, le reveló que Jimin no era de andarse por las ramas, o alguien especialmente paciente.

— Yo... — cerró la boca a propósito, postergando el intercambio por todo el tiempo posible. La parte más primitiva de sí, se empeñaba en mantener a ese omega cerca. Park, aguzó la mirada. — Solo quise ayudar.

— ¿Ayudar? — redundó Jimin con una risa sin gracia. Pero igualmente cautivadora a los ojos de Jeon. Detalló la forma en que los generosos labios del otro se estiraron y dos hileras de dientes marfilados salieron a la luz. — No recuerdo habértelo pedido. — los párpados de Jungkook se encogieron, ampliando sus orbes. Esto era... inconcebible. Tenía frente suyo un espécimen único sin dudas.

Lleno de determinación. Desafiante.

— Oh... es cierto, pero... — de alguna manera, consiguió mantenerse íntegro. Casi se palmeó la espalda en franca felicitación. Pero los músculos faciales y los espasmos en su rostro, contaron una historia diferente.

Una que al parecer, afectó al omega de melena ceniza. Le vio retroceder un poco, como si cayese en cuenta de algo, y considerara la retirada inmediata.

El ceño de Jeon se profundizó por un segundo, hasta que su entramado neuronal despejó todas las dudas.

Jimin se había dejado llevar por su descontento y encarado a un alfa: grande, fuerte y lleno de recursos para doblegarlo por su atrevimiento.

Nadie daría la cara por él. Ni siquiera ese supuesto padre asalariado en el Ministerio. Después de los 20 años –y con la mayoría de edad– los omegas estaban por su cuenta.

Reversal Instincts [PJM & JJK] ° 2020Donde viven las historias. Descúbrelo ahora