Su teléfono vibró, y la configuración solo hacía que vibrase para decirle que tenía mensajes.
Creyendo que era relacionado al trabajo deseó ignorarlo, porque ya de por sí tuvo que tomar su descanso para almorzar después de lo habitual, y eso nomás porque su jefe, en su salida a una comida con amigos, le recordó que su cuerpo necesitaba energía.
Por eso no entendía que hacía con el aparato en mano, ¿Acaso era un tipo de intuición la que le hablaba? Podría ser, pero no lo averiguaría hasta que toque la pantalla táctil para irse directo al buzón y ver quien narices lo molestaba.
DE: Kariya
Me gustó la comida, gracias :D
Sus facciones se ablandaron, y un poco por la culpa dejó de comer para sacar el teclado y contestarle al chico que se había tomado tantas molestias. Francamente no esperaba recibir respuesta por el almuerzo, así que apreciaba todos los detalles, ¡Incluso había agregado una carita! ¿Debería él agregar una? No quería sonar frío, así que quizá sería lo mejor.
Presionó enviar con el deseo de que a Kariya le gustase su mensaje, y se quedó viendo el aparato como esperando alguna clase de respuesta inmediata. Tan concentrado iba que ni por asomo escuchó el ascensor abrirse y los pasos de la persona más importante pisando ese suelo pulido.
El tono de voz empleado, tras llegar a su lado, podía definirse como alarmado. — Ryuuji, ¿Recién ahora comes? —. Kira puso los brazos en jarra, encontrándose decepcionado de que su secretario no priorizara su salud, hace más de dos horas que le había dicho que tenía que comer.
Pero lejos de prestarle atención, Midorikawa le mostró la brillante pantalla del teléfono. — Mira lo que me mandó tu hijo.
Hiroto tuvo que achicar un poco la vista por tanta luz. Para cuando terminó de leer, le regaló una suave sonrisa y un amigable apriete de hombro juntando sus mejillas en un medio abrazo. — ¿Ves? Te dije que era buena idea. Y en cualquier caso, ahora es nuestro hijo.
Algo frotó mal en el secretario cuando Hiroto hizo esa aclaración, pero no lo corrigió en lo absoluto. — Cierto.
El director tenía ese chiste interno con su pareja desde hace tiempo, desde que salieron a beber y no paró de hablar de cómo Masaki se estaba integrando bien en el cole, o de cómo trajo buena nota en el examen de Geografía, incluso agregando, al estar en cierto punto de ebriedad, que estaba tan orgulloso del nene. Fue ahí que Midorikawa dijo "pareces mama gallina" y quedó para la posteridad.
El secretario jamás creyó llegar tan lejos con el otro, y su cerebro aun lo estaba procesando. Aunque ese dulce beso en la mejilla lo trajo a la realidad, y su tímida sonrisa junto a sus cachetes rojos ya decían bastante por él.
. — Hiroto, estamos en la oficina...
. — Siempre dices lo mismo—. No podía ser, estaba usando sus ojitos de perrito abandonado sabiendo a la perfección como no podía resistirse a ellos. Esa fue la excusa para dejar pasar un besito casto en los labios que nunca estuvo anotado en su agenda. — Te amo tanto, ¿Lo sabías?
Tardó unos segundos en responder. — Sí, lo sé, yo también te amo—. Su linda sonrisa se transformó en una burla. — Aunque a veces seas un despistado.
. — Dime cuando lo soy, porque que yo sepa nunca me olvido de nada.
Levantó una ceja y abrió la boca, incrédulo. Oir eso era como ver a alguien dispararse en el pie. — Qué tal... todas las mañanas. Mejor ejemplo, si yo no te digo que despiertes al chico, te olvidas de él.
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Nadie te enseña a ser padre
FanficPorque a veces en una casa con un adolescente y dos jóvenes adultos, el conflicto es inevitable.