Capítulo 11

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Atalía

No tengo la más mínima idea de cómo me siento.

Me bese con Amadeo, lo besé, me beso.

Mierda, mierda, mierda.

Fue apasionado, sin un ápice de delicadeza, rudo y con ganas. Mierda, se sintió tan pero tan bien.

¿Qué coño me pasa?

Me restriego las manos por la cara, que Amadeo besa como los putos dioses, eso me pasa.

— Gracias por alagar mis habilidades besando — Lo observó de reojo, me da una sonrisa ladeada y guiña un ojo —. Cuando quieras repetir me avisas.

Se me olvidó que está a mi lado, vamos de regreso a casa. Ah, y de paso justo ahora le da la gana de escuchar mis pensamientos.

Resoplo — No empieces.

Créeme, apenas estoy empezando.

Shu, shu, fuera de aquí.

— Si, eso mismo les dijiste a la pareja de conejos — Me recuerda — Shu, shu ¿No ven que estamos en medio de algo? — Imita mi voz, y río no le sale muy bien.

No puedo evitar la sonrisa que se forma en mis labios — Estábamos en medio de algo — Me encojo de hombros despreocupadamente.

— Sí, y al quedar en medio deberíamos terminarlo ¿No crees? — Amadeo me da una sonrisa coqueta.

Tentador, muy pero muy tentador.

Ruedo los ojos — Primero un par de preguntas.

— Adelante — Concede.

— ¿Por qué me evitabas? — Mi pregunta sale en automático.

— ¿Te molestaba que te evitará?

— No respondas una pregunta con otra pregunta, es molesto.

— Tú lo has hecho varias veces — Acusa.

— Shh. Responde.

— Solamente lo diré una vez — Dejo de caminar para observarlo, él me mira fijamente y no se descifrar la emoción que hay en su rostro —. Estaba celoso.

Abro mucho mis ojos, ¿Los golpes me afectaron o él dijo que estaba celoso? ¿Amadeo celoso?

— ¿Qué?

— No eres sorda, lo escuchaste y yo no lo volveré a repetir — Sentencia.

Santa mierda de cositos.

Sonrió — ¿De Raziel?

Él voltea los ojos.

Sí.

— No lo digas o no te vuelvo a besar — Amenaza.

Bufo — ¿Y quién dijo que yo quiero que me vuelvas a besar?

— Dado que hace unos minutos alagabas mis habilidades besando, creo que te sientes de la misma manera que yo.

— ¿Ah, sí? ¿Y cómo te sientes tú?

— Como que quiero hacer que tu espalda pegue de aquel árbol mientras nos dejamos caer por aquel beso que espera por nosotros — Deja caer.

Santa mierda de Cositos.

Este tipo me va a volver loca, o bueno, más de lo que ya estaba.

— Hazlo.

No hace falta que lo diga dos veces, en un movimiento rápido mi espalda da contra el tronco de un árbol y una de las palmas de Amadeo va hacia la parte posterior de mi cabeza para evitar algún golpe.

Heredera Del Infierno #1 [✓]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora