El pesar de un pasado.

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Nunca sabrás lo que sucederá mañana, al menos eso es lo que dicen. Se supone que cada día es una oportunidad, un cambio, es la posibilidad de que tu vida cambie. Es lo que se supondría, pero si dependes de alguien, es posible que eso no ocurra. Porque si alguien controla tu vida, entonces tus días pueden ser todos iguales, sin oportunidad a mejorar.

Y mi vida estuvo manejada por un orfanato, en el que cada día era igual de miserable que el anterior, quizás un poco más miserable con el paso del tiempo. Era una niña muy pequeña, pero esos recuerdos acuden a mi memoria como golpes, tan fuertes que me alejan de la felicidad que actualmente me rodea.

Antes solía creer que todo lo hacía mal, y que por eso recibía aquellos interminables castigos, en los que me alejaban de todos los niños. Suponía que mi aspecto era realmente asqueroso, eso explicaría las burlas que me daban los otros niños. Estaba segura de que era el engendro del diablo, así explicaba que los adultos del orfanato me miraran tan mal. Porque cuando una persona nos maltrata, por alguna razón que no logro comprender, justificamos ese maltrato, pensando que todo aquello que dicen de nosotros es cierto.

Las personas suelen creer que los niños no entienden nada de lo que sucede a su alrededor, pero yo sí que comprendía que las encargadas se referían a mí como la niña fea, o la niña extranjera. Y aquello dolía, porque terminaba por creérmelo sin medidas.

Años en el pasado.

Lalisa se encontraba alejada, en el jardín, jugando a costo de su imaginación. Podría haber tenido algún juguete, pero varias niñas se habían encargado de utilizar absolutamente todos, y de esconder los que sobraran. En su mundo de imaginación no existían otros niños, ni adultos, solo estaba ella rodeada de animales y criaturas fantásticas. Allí muy profundo, en su imaginación, nadie podía hacerle más daño. Pasaba día y noche creando historia irreales en las que recibía amor y compresión.

—Eh, mona —pero no prestaba atención, no cuando imaginaba —. ¿Quién te crees? Te está hablando alguien mayor.

Allí recibió un empujón que la hizo caer al suelo, regresando a la realidad de la que tanto desea escapar. Sook estaba viéndola con el mayor desprecio. Sook era un niña de contextura media, con el cabello largo y negro, mucho más alta y fuerte que Lalisa. Nadie en el orfanato buscaba problemas con ella, porque era de la mayores, más fuerte. Le gustaba molestar y dañar a los demás.

—¿Quién te dio permiso de jugar en mi jardín? —otras dos niñas estaban con ella, una parecía asustada como la misma Lalisa, pero la otra también había hecho burlas —. ¡Lárgate de aquí, Mona!

Lalisa no hablaba, quizás porque cuando lo hacía recibía insultos o golpes. Había aprendido a callar, primero en presencia de otros, y luego incluso cuando jugaba o estaba sola.

—Has aprendido a cerrar la boca, ¿será por eso que pareces una rama de delgaducha? —se burló, y prosiguió a sacar de su bolsillo un bocadillo.

Lalisa siempre tenía hambre, pero eso era mejor que ir al comedor donde todos la miraban con desagrado, y dónde también le robaban casi toda la comida. Tenía cinco años, pero comprendía que no era querida por nadie.

—¿Quieres de este bocadillo? —ella no respondió, y no se movió ni un centímetro —. Anda, di que sí, Mona.

Silencio, total y perseverante. Lisa permanece en el suelo, porque no tiene fuerza suficiente para levantarse, y porque el miedo está impregnado en ella. Mira sus pies, en un intento por no enfrentarse a la otra niña.

—Lo tomaré como un sí.

Sook introduce el bocadillo en su boca y lo mastica durante algunos segundos, mientras lo hace comienza a acercarse a la indefensa Lalisa, que desearía no ser tan desagradable, así nadie se molestaría con ella. Sook se planta justo frente a ella, la mira como se miraría a la peor persona del mundo. Termina de hacer una pasta del bocadillo en su boca, luego decide lo que tenía planeado. Lo escupe encima de Lalisa. Esboza una sonrisa de satisfacción, y se agacha para ver a Lalisa.

—Ya te he dado comida, Mona —toma de la cara a Lalisa para que la obligue a verla.

Sin embargo, Lisa no estaba allí, en su imaginación se encontraba lejos del desastre que estaba viviendo. Después de todo, solo tiene cinco años, pero es lo suficientemente lista como para escapar mediante su imaginación.

—¡Qué me mires! —le dijo, apretando la mano muy fuerte sobre las mejillas de Lisa, que seguía perdida.

—Sook, quizás... —susurró otra de las niñas que allí se encontraban.

—¡Mejor cállate también! ¿Te gustaría cambiar de lugar con ella —la niña niega y se aparta temblorosa.

La presión era tal que las mejillas de Lisa comenzaron a adoptar coloración rojiza, pero se mantenía ajena a toda la realidad. En la mente de aquella niña, surgió una idea terrible, algo que no se le debería ocurrir a nadie, menos a su edad. Vuelve a morder el bocadillo rápidamente, con la furia descontrolada que sufren quienes tiene transtorno explosivo intermitente. Luego lo escupe en su propia mano, contenta de cometer tal acto.

—¿Tienes hambre, Lalisa? —no hay respuesta, lo que la enfurece el doble —. Eso es un sí.

No era justo, era malvado y desgarrador. Levanta su mano mientras sonríe, fluyendo de su interior la felicidad de una niña que jamás sería buena. Acerca su mano a la cara de Lisa, hasta que da con sus labios, introduciéndole la comida que había sacado de su propia boca segundo antes. Es allí que Lalisa se fija en lo que está sucediendo, se retuerce con fuerza para zafarse, luchando con su poca fuerza. Sin embargo, no fue suficiente. Sook toma la parte trasera de su cabeza con una mano, y con la otra intenta introducir aquella asquerosidad en la boca de la otra.

—Sook, no... —vuelve a interferir otra de las niñas, acercándose cuidadosamente, pero se retira al recibir una mirada amenazante.

Los enormes ojos de Lisa, destacados aún más por la delgadez de su cuerpo, se abren ante el miedo y la desesperación. Rápidamente se cristalizan aquellos hermosos ojos, y sabe que ya no podrá hacer nada para salvarse de la tragedia. Con resignación deja de luchar y las lágrimas salen, al mismo tiempo que le introducen comida anteriormente masticada en la boca.


No fue justo, ahora lo entiendo con mayor claridad

¡Santa, soy Lalisa Manoban!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora