La muerte acecha en cada esquina,
Con sus ojos oscuros y ropa maltrecha.
Esperando a que un alma torpe caiga en su red.
Pero, un corazón late sin cesar,
Rompiendo el silencio espectral.
La muerte retrocede, pues aquel retumbar
Le recuerda a su viva mitad.
De blancos cabellos y de poder colosal,
El caballero avanza sin dudar.
Confiado de su poder y grandeza
El caballero reta a la mortalidad.
Esta se ríe por su intrepidez.
Golpe tras golpe el guerrero se niega a caer.
Mantiene su postura hasta el final.
Pero la parca es infinita y le gana igual.
De rodillas y desarmado, baja la cabeza ante su rival.
Cerrando los ojos es incapaz,
De ver a la muerte en su total divinidad.
Ella vuelve a reír, decepcionada.
Mientras que el hombre se prepara
Para su atroz final.
La punzada en su abdomen
La devolvió a la realidad.
Asombrada por su no perpetuidad.
Retrocediendo y muriendo grita sin parar.
Hasta quedar un suspiro que el viento decidió llevar.
Victorioso y malherido,
El caballero obtiene la ansiada inmortalidad.
La maldición de la muerte invadió su mente y su ser.
Echándole en cara el remordimiento y dolor.
Haciéndole responsable de la ida de varias vidas.
Inocentes y culpables,
Ancianos e infantes,
La nueva parca se lamenta,
Deseando deshacerse de aquella tormenta.
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