VI. Reza, pero no dejes de remarla

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Momentos atrás, por ahí diez minutos antes de que Ryuuji entrara, Hiroto recibió una llamada de alguien importante. Estaba ocupado, bastante ocupado, y pese a eso decidió atender porque no era común de dicha persona comunicarse porque sí. Un poco tenía miedo que de nuevo se hubiera olvidado la billetera.

. — Diga. Masaki, ¿Qué pasa?

. Nada. Solo quería avisar que me fui a comer con Hikaru después del entrenamiento asi que no voy a cenar.

. — A... bueno, está bien, no te contamos.

. Okey, era eso nomás, voy a colgar...

. — Esperate un cachito.

.... ¿Si? ¡Ah! Gracias por cargarme crédito. Todavía me quedaba, pero igual.

. — No fui yo, fue Ryuuji. ¿Comiste lo que te preparó?

.... sí...

. — Masaki, no me mientas.

. Lo cambié con Hikaru porque el suyo no le gustaba, por eso luego me invitó los fideos...

. — Me está pareciendo que eso de los fideos también es una mentira.

. Hiroto, ¿Qué gano yo mintiéndole? Me lo iba a comer de no ser porque Hikaru me dio lastima.

. —... cualquier cosa no tengas miedo de acercarte a la heladera si te vuelve a dar hambre, ¿Si?

. Tengo la panza a reventar, pero gracias. Nos vemos.

. — Nos vemos, cuídate~

Y ahora, en tiempo presente, Midorikawa se extrañó que su jefe no le hiciera ningún recordatorio de cuál era la hora en la que debía retirarse al momento de traerle la merienda. De hecho, tenía otro tipo de noticias con las cuales recibirlo.

. — Masaki ya cenó, al parecer se fue con amigos al RaiRai. Y pues, menudo instinto maternal tienes.

El secretario cerró los ojos, queriendo encontrar la paz. Seguía sonándole feo que otros le vengan con terminología designada a mujeres, aun cuando ya la aceptó. ¿Por qué lo dices?

. — Se había quedado sin crédito.

Sonrió con autosuficiencia. Viste que te dije, vos que no me creías—. Satisfecho con ver que fue su teoría la confirmada, él mismo cortó con el tenedor un poco de la porción de torta de ricota para dársela en la boca a su jefe. ¿Te dijo algo sobre la comida?

. — Sí, le pregunte por eso, me pidió que te dijera de su parte que estuvo muy rico, y que gracias por mandarle saldo—. Volvió abrir la boca para recibir otro bocado de torta, sabiendo aun más rico porque era su novio con una sonrisa sin dientes quien se la estaba dando. Incluso cuando pequeños trocitos amargos se entremezclaban con la miel y ricota sabiendo muy bien que no estaban en la receta. Era psicológico. ¿Qué cenamos?

. — Algo sencillo, ya hice unas milanesas pero no me decido con que acompañarlas...

. — Tendrás tiempo para pensarlo, ya que en menos de una hora termina tu turno.

. — Sobre eso—. Había empezado mal, Hiroto ya lo miraba por encima del rabillo del ojo con una actitud seria mientras bebía del té de jazmín. Director, creo firmemente que no debo irme, usted me necesita.

Nadie te enseña a ser padreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora