Capítulo 23: Yesterday.

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—¿Sí? —Escucho su voz por el teléfono. Es la cuarta vez que lo llamo, a saber porqué no habrá respondido las otras tres veces.

—Papá.

—¡Anne! ¿A qué hora vendrás hoy?

—Para eso llamaba, verás —me siento en mi cama—: me tocaba ir contigo este fin de semana, te acuedas, ¿verdad?

—Pues claro, llevo estos días esperando ansioso.

—Bueno, pues no podré ir.

—¿Qué? —Jadea.— ¿Por qué?

—Es que el lunes me voy a Londres y...

—¿Qué te vas a Londres? —Me interrumpe. ¿Por qué todo el mundo me interrumpe cuando les estoy intentando explicar esto? Oigo la insoportable voz de Jane por detrás.— ¡Es la niña! ¡Sí, Anne! ¡Se va a Londres, Jane! ¿Qué se te ha perdido allí? —Dice retomando la conversación conmigo.

—Tengo que hacer muchas cosas allí.

—Ah, ya, trabajo... ¿Y si hacemos una cosa? —Dice con tono negociador. Como odio estas situaciones.— Ven a cenar el sábado y nos despedimos.

—Está bien. —Acepto la oferta ya que no quiero irme con mal sabor de boca.— Adiós.

—Adiós, nos vemos mañana.

Cuelgo el teléfono y lo dejo sobre la mesita de noche. Me quito las botas de cordones negras y las dejo en un rincón del armario. Cuelgo los vaqueros en una percha y tiro la sudadera al suelo. Estoy a punto de abrir la puerta de mi cuarto para salir e ir al cuarto de baño cuando vuelve a sonar el móvil.

—Ya se habrá olvidado de decirme algo. Qué pesado es.

Cojo el teléfono y leo la pantalla. No es mi padre, no es ninguna de las chicas y tampoco lo es Lauren. No puede estar pasándome esto a mí.

—¿Qué pasa? —Respondo borde y cortante.

—Eh... Anne...Bueno... —Ya empieza a tartamudear y a ponerse nervioso, como lo odio cuando hace eso.

—No es por nada pero tengo prisa, Michael.

—Sólo quería desearte un buen viaje.

—¿Cómo te has enterado? —Me estoy muriendo de frío. Mis piernas están heladas y los pies ya no los siento.

—Por Twitter.

—Como vuelan las noticias. —Digo. Ya no me impresiono al saber que todo el mundo sabe lo que hago. Es inútil hacer algo sin que Twitter se entere.

—Sí. Eh... Yo quería pedirte perdón.

—¿Perdón? ¿Perdón por qué?

—Perdón por si te hice daño alguna vez.

—Ah, vale. Pues igualmente.

—Me gustaría verte antes de que te fueses a Londres.

—No creo que eso sea una buena idea.

—Vamos, Anne, como amigos.

—Está bien, me voy este lunes, así que...

—Podemos quedar mañana para almorzar.

—Está bien.

—Pasaré a por ti.

—No. No lo hagas, la prensa pensará mal. Mejor quedamos a las doce y media de la tarde en el parque de en frente de la tienda de objetos de broma.

—Vale, adiós.

—Adiós.

Vuelvo a dejar el móvil en la mesita de noche. Entro, ¡por fin!, en el cuarto de baño y me ducho. El agua caliente me relaja y mientras tanto pienso en el día que me espera mañana. Pensaba pasar todo el fin de semana con mi madre, pero bueno, supongo que tengo algunos cabos sueltos que atar. Salgo de la ducha y me pongo un pijama azul celeste y blanco, me pongo también mis zapatillas de ositos. Sí de ositos, me las compró mi madre hace un tiempo.

—Mamá. —Digo una vez he terminado de bajar las escaleras.— Mamá. —Entro en el salón.— Me temo que mañana no estaré mucho por aquí.

—¿Por qué?

—Bueno, he quedado con una amiga del instituto para almorzar. —Le miento. Si le digo que he quedado con Michael, me tachará de loca e insensata y me prohibirá ir. Bueno, quizás no me lo prohíba, pero no quiero arriesgarme.— Y por la noche voy a ir a casa de Papá a cenar.

—Vale, Anne. No te preocupes por mí, Bruce no trabaja mañana, así no estaré sola todo el día. —Dice mirándolo. Él le sonríe desde el sofá de en frente.

—Es que me molesta porque quería quedarme aquí con vosotros.

—Cariño, siéntate aquí —palpa el cojín del sofá a su derecha—. No te preocupes por mí o por Bruce. Estaremos bien, además tenemos todo el domingo para disfrutarlo juntos, los tres. —Bruce se sienta a mi derecha. Los dos me abazan.

—Como sigáis tratándome tan bien, se me hará muy duro irme.

—Anne, debes ir a Londres y vivir tu sueño. Algún día volverás aquí siendo feliz y una auténtica estrella. —Dice Bruce. Sus ojos azules me transmiten una tranquilidad y confianza paterna nunca recibida por parte del señor al que llamo Papá.

—Muchas gracias, Bruce. —Lo abrazo y me hundo en sus brazos, él me acaricia la cabeza. Mi madre se nos une, y los tres creamos una auténtica escena de película. De esas que deseas que nunca se acaben por temor a que el final te decepcione.

Cuando nos separamos, mi madre nos mira:

—¿Queréis cenar?

—Sí. —Digo por los dos.

—Haré unas pizzas. —Se levanta del sofá y Bruce lo hace segundos más tarde.

Enciendo la televisión y cambio de un canal a otro buscando algo que ver. A estas horas sólo hay telediarios y programas informativos, así que me decido por uno de ellos. Mi madre termina de hacer el par de pizzas y las trae. Le ayudo a poner la mesa. Cuando termino de cenar subo a mi cuarto y cierro la puerta. Saco del cajón mi cuaderno rojo. Éste tiene escrito numerosas letras de canciones. Busco la letra de Yesterday de The Beatles.

The Beatles. Puedo llamarlos ídolos, ¿no? Desde pequeña han estado para mí. Ir a Liverpool fue genial. Esta ciudad está llena de detalles relacionados con la banda. Es increíble. Las calles, los edificios, las tiendas. Todo es Beatlero, Beatlemaniático. Alguien que sea tan fan como yo me comprenderá, supongo.

Me llamó mucho la atención el hecho de que, en cada esquina, hubiese una persona o banda tocando para conseguir unas libras con las cuáles llevarse un trozo de pan a la boca. Entonces me imaginé yo misma ahí, entre las calles. No creo que consiguiera mucho dinero.

Me quedo dormida entre papeles pentagramados y sábanas azules.

El Susurro de AnneDonde viven las historias. Descúbrelo ahora