Las punzadas en su cabeza empeoraban con cada palabra que salía de la boca del príncipe.
¿De dónde lo conocía? ¿Era un amigo de la universidad? ¿Un compañero de clase? ¿Amigo de la familia? ¿Conocido? ¿Quién era?
Quería correr, pero las piernas no les respondían. Ambos pies estaban clavados como dos duras raíces de árboles en la tierra. Respirar era complicado, era como si en cada inhalación el aire hubiera sido intercambiado por agujas que pinchaban sus pulmones con cada movimiento que intentaba hacer.
—Cuando te ví por primera vez no me imaginaba que realmente fueras tú. Ahora que te tengo enfrente mío no hay duda de eso.
Era ahora o nunca.
Con todas las fuerzas que logró reunir, trató de correr. El castaño pareció leer sus intenciones por lo que lo detuvo y lo regresó de nuevo de espalda contra la pared. Esta vez se colocó enfrente del pelinegro y bloqueó su salida con los brazos extendidos al costado de sus hombros.
Ezequiel con la mente en blanco observó al chico detenidamente. Las pequeñas gotas de agua resbalaban por los mechones castaños de su cabello, antes de caer al suelo reflejaban por un momento las luces de los hogares al otro lado de la calle.
¿Debía decir algo?
Aris: —Sé que es extraño pero estuve buscándote por un tiempo, justo cuando pensaba resignarme, te encontré.
Aris comenzó acariciar su cabello, siguió con su cara. Su rostro demostraba ternura y preocupación hacia Ezequiel. Acarició sus mejillas con ambas manos y se acercó lentamente. Los labios de ambos se rozaron ligeramente en un suave movimiento, la sensación helada de los labios de Aris estremeció el cuerpo de Ezequiel. El mesero, totalmente petrificado, no protestó en contra. Los labios del príncipe comenzaron a ejercer presión sobre los suyos generando un suave beso.
¿Qué estaba sucediendo?
Cuando la mente de Ezequiel recuperó un poco de su lucidez empujó a Aris rompiendo el beso.
—¡¿Qué demonios haces?!— gritó confundido.
En ese punto de los acontecimientos el mesero no estaba seguro de si se encontraba en un sueño o la realidad.
La falta de hierro en sangre y demás nutrientes del chico hacía casi imposible que la sangre se coagulará apropiadamente, por consiguiente, evitaba que sus heridas sanarán con normalidad. Arístides estaba consciente de que el chico delante de él estaba en las primeras etapas de desnutrición, aún conservaba la esperanza de que el chico delante de él hubiera superado en su mayoría su enfermedad y estuviera bajo seguimiento médico, había anhelado alguna vez verlo fuera del hospital totalmente recuperado.
Aris miró fijamente las muñecas del chico en silencio. Por la lluvia las vendas que cubrían las heridas de las muñecas de Ezequiel comenzaron a empaparse, en seguida la lluvia y la sangre se combinaron, dejando caer gotas de rojo cálido de sus dedos al piso.
Nadie había preparado a Ezequiel para lo que sucedió después. El príncipe sujeto con fuerza su brazo derecho con una mano y con la otra subió la playera negra que cubría las vendas, dejando al descubierto las vendas empapadas de agua, en el centro de ellas había una mancha semicircular de color rojo cuyos bordes se difuminaban con la venda. El pelinegro comenzó a forcejear pero no se podía soltar, tenía ganas inmensas de llorar.
Tragó con fuerza el nudo en su garganta y comenzó a suplicar: —¡P-por favor! Déjame ir...
—¿Por qué sigues haciendo esto? No lo entiendo— contestó molesto Aris.
Una bola de fuego subió al pecho de Ezequiel.
—¡¡¡¿A TI QUÉ MIERDA TE IMPORTA MI VIDA?!!!— rugió con fuerza casi lastimándose las cuerdas vocales.
Honestamente, Arístides nunca había imaginado esa reacción.
Aprovechando la confusión del príncipe, Ezequiel tiró de su brazo con fuerza para liberarse y comenzó a correr. Aris ya no reaccionó a tiempo para poder seguirlo y se quedó parado en el mismo lugar.
Nada salió como lo esperaba.
Corrió tan rápido que casi cayó en diversas ocasiones por el asfalto mojado y la lluvia dejó gotas de agua en sus lentes impidiendo que ver con claridad. Al llegar a un cruce entre calles una luz atacó directamente a sus pupilas, por la impresión dió un salto atrás. Una ráfaga de viento golpeó su mejilla y un sonido ensordecedor sus oídos.
Retrocedió hasta llegar a la acera para tranquilizarse un poco, se encogió con las rodillas en el pecho para repasar en su mente los acontecimientos recientes. Las náuseas escalaban a cada segundo que tenían oportunidad por su laringe, Ezequiel peleaba por no dejar salir el contenido de su estómago.
Ezequiel podía sentir las miradas de la gente desconocida que pasaba caminando, pronto se levantó y salió corriendo de nuevo. Una vez en el complejo de departamentos en el que vivía pudo tranquilizarse, el príncipe no lo había seguido. Era extrañamente confuso el giro de los acontecimientos para Ezequiel, si hubiera conocido a alguien como él en el pasado, definitivamente lo recordaría.
Una vez dentro de su departamento fue directamente al baño a vomitar.
Durante esos días Ezequiel no comió casi nada, si no estaba dormido pensaba en las personas con las que convivió antes del "incidente". Desde que salió del hospital había tratado de evitar a toda costa las personas con las que alguna vez tuvo contacto, a tal grado que se mudó a otra ciudad con el poco dinero que consiguió reunir.
«Espero nunca verlos, de lo contrario no sabría qué cara poner» pensaba mientras miraba la nueva colección de heridas en sus muñecas de ese día.
Pasaron unos días, sin mayores eventos. El pelinegro no salió de casa por esa semana para evitar encontrarse con Aris. Como lo acordado, volvió a trabajar después de una semana de descanso, a esas alturas el chico pensó en renunciar para cortar cualquier tipo de lazo que haya hecho con Aris pero era casi imposible que lo contrataran en cualquier otro trabajo debido a su poca experiencia laboral. Tampoco soportaba más tiempo encerrado, desde ese día su mente era como un bullicio callejero, necesitaba distraer su mente.
Durante el tiempo que Ezequiel estuvo ausente, Arístides fue al restaurante a diario, trató de conseguir cualquier forma de contactarse con Ezequiel, finalmente decidió darle un espacio. En sus estadías en el restaurante notó como una chica rubia se acercaba constantemente a él para coquetear, amiga de Ezequiel, en un futuro podría obtener información de ella, lo mejor era tenerla cerca.
¿Qué más puedo decir? Hoy estaba de buen humor :p
Espero les haya gustado :D
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Please... Save me... (Yaoi/Gay)
Teen FictionEsta historia es Yaoi/Gay si no te gusta este género, no lo leas ¿Cómo se supone que debe ser la vida después de dos intentos de suicidio? Lo único que lo detiene de intentarlo de nuevo es la posibilidad de fallar una tercera vez. Ezequiel queda es...