Capítulo 2: "El callejón Diagon"

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Observé con ternura al gato en la vitrina. Se veía tan tierno y hermoso mientras lamía sus patitas.

─¡Aww! Es tan lindo y pequeño ─ suspiré, amaba a los gatos, y sin duda amaba ese gato ─ Mamá ya no quiero una lechuza, ¡Quiero un gato!

Mamá me miro con el ceño fruncido y negó repetidamente con la cabeza.

─Ningún animal con cuatro patas va a vivir en mi casa ─ dijo con firmeza. La miré confundida y levanté una ceja.

─¡Pero Nymphadora ha vivido 18 años en tu casa! ─ exclame sin entender porqué Dora si podía vivir en nuestra casa y un pobre e inocente gatito no.

Nymphadora dejó de ver las ratas y volteó para mirarme enojada.

─¡Hey! ─ se cruzó de brazos ofendida.

─¡Opps! ─ murmuré encogiéndome de hombros y fingiendo inocencia ─ Lo siento Nymphadora, pensé que no estabas escuchando ─ sonreí inocentemente.

─Cállate enana ─ gruño mi hermanota, pareció darse cuenta de algo y su cabello comenzó a tornarse rojo ─ ¡No me llames Nymphadora! ─ grito.

─¡No me grites!

Mamá tomó entre sus dedos la oreja izquierda de Dora y mi oreja derecha, las halo hacia ella. Ambas ahogamos un grito.

─Podrían callarse y dejar de avergonzarme─. Mamá soltó nuestras hermosas orejitas y Dora suspiró de alivio yo por otro lado coloqué mi oreja contra el frío vidrio de la vitrina ─ Al menos hasta que su padre llegue.

─¿Para que me necesitan?

Hablo papá con confusión mientras entraba en la tienda, le tendió un bolso con los libros a mamá y ella lo guardo en su bolsito con un hechizo de extensión.

─¡Controla a tus hijas, Tonks! ─ exclamó ella.

─¡Papi me compras ese gato! ─ me lancé encima de él que sólo me alcanzó a coger por poquito.

Papá miró a la vitrina que le señale y me sonrió con dulzura.

─¡Claro que sí, mi amor!

Sonreí emocionada y le di un beso en la mejilla a mi padre.

─¡No, Ted!

La expresión en la cara de mi papá cambio, ya sabía que esto iba a pasar.

─No, cariño, no puedo.

Hice un puchero y mis ojos se llenaron de lágrimas, Nymphadora me fulminó con la mirada desde atrás de mi padre y siguió observando a las ratas.

─No llores, pequeña, te compraré el gato ¿sí?

Sonreí triunfante y volví a besar la mejilla de mi papá, escuché a mamá gruñir por lo bajo pero ya no puso resistencia.

─Eres el mejor papá del mundo ─ lo abracé por el cuello y le di otro beso en la mejilla ─ te amo, papi.

Él me dio un beso en el cabello y me abrazó más fuerte.

─Lo sé, cariño, lo sé.

Luego de un segundo me bajó a tierra firme y fue donde la encargada de la tienda.

─Vamos, por tu varita mientras tu padre compra al dichoso gato.

Mamá tomó mi mano entre la suya.

─Nymphadora apura.

─Voy mamá, y no me llames Nymphadora, ¿eh?

La mire impresionada y ella se tensó en su lugar, mamá solo frunció el entrecejo.

Fiorella Lestrange: La vida de una Sangre Pura.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora