Parte 6 Es un niño

728 103 89
                                    


Shi Hen Yu parpadeó con curiosidad en dirección donde provenían las voces. Sus mejillas se extendieron hasta el límite mientras movía sus palillos hacia su boca constantemente.— ¡Hmm! ¡Mnn!

He Xuan bajo su palillo disgustado y dijo—Primero come antes de hablar.

— ¡Hmm!—Shi Han Yu trajo lo que tenía en la boca y habló— ¡Vamos a ver!

—No. Te llevaré a la Ciudad Fantasma —He Xuan sacó un pañuelo y limpió el rostro lleno de salsa y aceite de Shi Hen Yu. 

 El pequeño maestro del agua hizo un puchero inconforme con la decisión.— ¡Pero, ya es tarde!—Señaló el cielo, cuyos colores estaba cambiando a unos oscuros a medida que el sol se ocultaba detrás de la montañas.

— ¡Estoy cansado!

—Llegaremos en un momento.

— ¡No! El Señor del Viento dijo que si no duermo temprano no creeré tan algo como él— Shi Hen Yu estaba completamente convencido de ese hecho y miró fijamente a He Xuan con una postura firme que no aceptaba un no como respuesta.

He Xuan lo observo en silencio. Los dioses no necesitaban dormir, pero esta pequeña cosa podría incluso tomar una siesta en el medio de la guarida de un demonio porque su amado Señor del Viento lo decía.

Tenía la intención de dejarle este gran problema en la puerta de la Mansión Paraíso hoy, pero si el niño escapaba y armaba un berrinche sería un dolor de cabeza. Como era demasiado perezoso como para liar con él solo podía aceptarlo.

—Está bien...

Shi Hen Yu ya no estaba delante de él, sino que estaba corriendo hacia la multitud.

—"..."

La gente se había acumulado a lo largo de la calle y susurraban entre ellos con preocupación. Algunos estaban estaba pálidos de miedo y otros más valiente se acercaba para ver el cuerpo de la víctima de la muñeca fantasma.

—Qué terrible... ¿Verdad?

— ¡Sí! ¿Cuántas chicas ya van?

—No sé. Estás maldición parece que no tienen fin ¡Los dioses ni siquiera nos escuchan!—Sollozo una mujer.

—No tenemos un templo del príncipe de Xie Lee ni de un dios poderoso, es normal que no escuchen nuestras oraciones—Se lamentó otra mujer.

Este pueblo era pobre y no contaba con recursos para instalar templos enormes en honor a los dioses marciales o dioses de la fortuna. La mayoría de sus ingresos provenía de los viajeros que pasaban por la montaña, incluso si tuvieran dinero tampoco sabían cómo construir un santuario.

El susurro de los habitantes se hizo más bajo al escuchar a la madre de la joven que morir llorar de forma desesperada y desgarradora mientras sostenía el cuerpo de su hija.

—¡A-Yin! ¿Por qué tú? —Sollozo abrazando a su hija con fuerza—¡A-Yin! Mi hija...Mi querida hija.

—¿Por qué estás triste?— Shi Hen Yu se colocó frente a la mujer y miró a la dama —La hermana mayor  solo estás durmiendo. No hay que hacer ruido para no molestarla.

La anciana miró el rostro inocente y puro de Shi Hen Yu y las dos líneas de lágrimas que bajaban de su rostro fueron obligada a contenerse en sus ojos al pensar que este niño era muy inocente al no entender la situación, además por su ropas limpias y cara bonita supo de inmediato no que era de la aldea y no se atrevía a ofenderlo por más dolida que estuviera. Forzó una sonrisa en su rostro y dijo—Tienes razón. A-Yin estaba muy cansada ahora y necesita dormir.

El Tiempo que te he amadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora