Hacía frío.
Zara estaba acostada en su canasta con los ojos cerrados. No podía moverse. No quería moverse. Sus músculos estaban tensos, y sus parpados sellados. Escuchaba una voz hablándole desde lejos. -Zarita?
Con esfuerzo, abrió los ojos. Su padre estaba parado frente a ella, observándola. -Despierta, Zarita. Ya es de día.
Zara miró alrededor. La luz del alba teñía a los alrededores de gris, creando un mundo descolorido. -Que pasó? -Preguntó con un hilo de voz.
-Te voy a enseñar a cazar.
Zara lo miró con asombro. ¿Por qué ahora? ¿Por qué tan pronto? Solo había pasado un día desde aquella noche. ¿No podían esperar hasta que el olor a sangre y miedo solo fuera un mal recuerdo?
-Porque ya es hora que aprendas. Si vas a salir a cazar en secreto, prefiero que sepas lo que estás haciendo.
Las palabras de Azul contenían un veneno que le llegó a Zara como una flecha. ¿Acaso su padre la culpaba por la muerte de Serena y Benito? -No fue mi culpa. -Escupió.
Pero Azul no la quería mirar a los ojos. -Nadie dijo que lo fuera.
Pasaron el día practicando distintas poses y buscando presas para cazar, pero Zara no podía concentrarse. No importaba hacia donde mirase, todo le recordaba a su hermano o a su madre. Un árbol como el de su patio, donde pasaba horas jugando con Benito. Unas plumas flotando sobre el piso, parecidas a las que Serena les traía de afuera.
Pronto Azul se dio cuenta de lo alejada que estaba Zara. Agitó la oreja con frustración y dijo -Bien... no importa. Podemos continuar mañana.
Al volver a la casa, a Zara le llegó un olor extraño. No parecía peligroso, solo poco familiar, como el recuerdo de un sueño justo fuera de su alcance. Se lo comentó a su padre, quien olfateó el aire por unos instantes, pero no le dio importancia. -Es verdad, es extraño, pero no creo que sea peligroso. Seguro es un pedazo de pelaje que se trajo el viento. Vamos, olvidémonos de él. -Le dio unos lamidos reconfortantes.
Pero cuando entraron a la casa, el olor era incluso más fuerte. Zara sentía como si había algo en todas las paredes, en todos los muebles, observándola. En la oscuridad, todo parecía siniestro, peligroso. "No es nada." Se dijo a sí misma. "Solo estoy paranoica por lo que pasó."
Se siguió diciendo esto, hasta que vio un par de ojos en la oscuridad.
-Papa -susurró. Él le tocó el lomo con su cola para tranquilizarla. Zara se dio cuenta de que su pelaje estaba erizado, y se esforzó por relajarlo. Azul tenía los ojos clavados en el ser escondido en las sombras. Se enderezó, intentando parecer valiente, pero cuando habló, Zara se dio cuenta de que su voz temblaba. -¿Quien anda ahí? ¡Muéstrate!
Casi inmediatamente, se iluminaron más y más ojos a su alrededor. Pronto innumerables gatos salieron de todos rincones de la casa, y bloquearon toda salida.
Un gato resaltaba entre la multitud. Sus ojos eran de un verde claro, y a diferencia de sus compañeros, él tenía el pelaje relativamente liso y ordenado. A la luz de la luna, brillaba como la plata.
Las piernas de Azul temblaron. Un hilo de voz salió de su boca: -Louis? ¿Eres tú?
Por un momento, el gato plateado lo miró con incredulidad, pero luego apartó la mirada, sin responderle. Un gato despeinado y sucio se adelantó, deteniéndose entre Azul y Louis. -¿Que te crees, hablándole a mis subordinados?
Azul le dio una última mirada a su hijo, pero este miraba fijamente el suelo. Volvió a enfrentarse al gato delante de él. -Lo siento señor. Si me permite preguntar, ¿Qué os trae hasta aquí?
La mirada hostil del gato fue reemplazada por una sonrisa fría. -Que qué nos trae? Pensé que sería obvio. -Miraba a Azul con un aire de superioridad. -Su casa parece muy grande para dos gatos. Entonces, o nos la dan, o los matamos. ¿Bien?
Antes de que Azul pudiera responder, Zara sacó sus garras. -Nunca le daríamos nuestro hogar a callejeros vulgares como ustedes. Vivimos aquí desde hace mucho, y moriremos aquí si es necesario. ¡Ah! -El líder de la pandilla aplastó a Zara contra el suelo. -¿Que quieres pelear? ¿En verdad crees que tienen oportunidad contra nosotros? Les ganamos en número y habilidad. No seas tonta, gatita.
Zara intentó abrir la boca para responderle, pero presionada contra el suelo, no podía mover ni un músculo.
-¡Déjela ir, por favor! ¡Ni siquiera ha cumplido su primer año!
Por fin el gato levantó su pata y liberó a Zara, quien volvió corriendo a su padre. -Enséñale modales a la carajita. ¡Louis! -El plateado por fin levantó la cabeza. -Como tú los conoces tan bien, ¿por qué no les das una lección?
Louis le echó una mirada rápida a Azul y a Zara, y volvió a mirar a su líder, con una voz tímida. -¿Qué quiere decir, señor?
-Sabes exactamente que quiero decir. Dales unas cicatrices, para que se acuerden de nosotros.
Con patas temblorosas, Louis se acercó a su padre. Lentamente, sacó las garras y se levantó en dos patas. Azul contuvo la respiración, esperando que llegara el golpe, pero nunca llegó. Escuchó la voz de un gato susurrándole al oído: -Corran.
Con un solo movimiento de su cola, el líder les ordenó a sus gatos que atacaran. Rápidamente Azul tomó a Zara y salió de la casa. No se atrevió a mirar hacia atrás, no quería saber si los perseguían... o si atacaban a su hijo.
Siguió corriendo hacia calles desconocidas, mirando sólo hacia adelante, hasta que sus músculos le comenzaron a gritar y no podía correr más. Entonces cayó al suelo jadeando y soltó a Zara, quien se dio la vuelta para enfrentarlo.
-¿Como pudiste? Ese era nuestro hogar. ¿Como lo abandonaste sin más?
-Zara... si nos quedábamos, nos hubieran matado.
-¿Que importa? Sin una casa nos moriremos igual. ¡Preferiría morir luchando que corriendo! ¡Por esto murió mamá! ¡Eres un cobarde!
Azul se echó para atrás. Zara nunca le había hablado así. Siempre había sido amable, fijándose en el lado bueno de la vida, con un amor incondicional hacia su familia. Esta no era la hija que conocía. -Zara...
Zara se dio vuelta. -Olvídalo. Ya está hecho. Tenemos que buscar un lugar donde quedarnos.
Mientras pasaban por las calles, los demás gatos los miraban con sospecha. Azul intentaba dirigirles la palabra, pero ellos solo se escondían, o cambiaban de rumbo. Algunos de estos gatos eran conocidos, amigos de antes del Abandono, pero ahora eran casi irreconocibles. Sin el cuidado de sus humanos, tenían el pelaje en nudos y se les veían las costillas, y al mirar a Azul, sus ojos carecían la luz de familiaridad. Por fin, el sol se puso, y se vieron obligados a buscar refugio en una vieja caja de madera, donde el viento helado de la noche entraba por todas las ranuras.
Solo cuando el sol les despertó fue que Zara vio unos ojos anaranjados mirándola desde afuera.

ESTÁS LEYENDO
Ciudad de los Gatos (En Edición)
AdventureLos humanos han abandonado la tierra y han dejado atrás todo lo que conocían. Ahora sus antiguas mascotas, los gatos, tendrán que adaptarse para sobrevivir en un mundo hóstil, lleno de peligro en cada rincón.