Day 1: "Be happy" drabble

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1. Mimos desnudos.

Es una ola de calor como muchos lo describen, placenteramente agonizante que tira la fuerza de tus músculos hasta hacerlos ceder. El orgasmo es la cúspide de cualquier placer carnal existente, más que un masaje, o comer tu comida favorita luego de un mal día. Y Jack y Elsa lo comprueban cuando ambos tiemblan, ella debajo de él, que colapsa con suavidad sobre el cuerpo de la rubia mientras sale despacio del cálido lugar, su éxtasis materializado en carne y hueso estaba medio dormida bajo su peso y eso lo hizo sonreír.

Arroja el preservativo a la basura y cae a su lado con el pecho contrayéndose al exigir aire. Ella está igual, pero mantiene una sonrisa satisfactoria en el rostro que sube el ego de Jack, sólo un poco.

—Eso fue...— comienza ella, tanteando las palabras en medio de la neblina que aún le atontaba la cabeza.

—Increíble.— completa él, mirándole el perfil.

—Iba a decir demasiado rápido, pero....

—¡Oye!— le reclama, Elsa se ríe y rueda hasta ocultar sus senos sobre su pecho cuando está arriba de él. —¿Te recuerdo quién fue la que se corrió primero?

—Cierra la boca, Frost.— con las mejillas enrojecidas, ella muerde su mentón como venganza.—Pero sí, también podría describirse como increíble.

Él le sonríe con flojera y ambos quedan en silencio un rato, mientras Elsa se recuesta por completo sobre él y deja que su cabello rubio se derrame por las costillas de Jack, haciéndole cosquillas. Ama escuchar el latir de su corazón mientras el sol se hunde tras los edificios que proyecta su ventana. Jack acaricia con las uñas cortas, la espalda pálida de Elsa, enviándole agradables escalofríos que le recorrían entera y es el primero en hablar.

—Creo que debería irme...— murmura con el tono de la burbuja rota en su voz, pero Elsa lo abraza con fuerza, como queriendo anclarlo a la cama.

—No...— pide, no, suplica ella mientras besa los hombros salpicados en preciosas pequitas, su constelación personal, le gusta pensar. —No te vayas aún, por favor... quédate, para siempre.

Jack deja escapar una risita a boca cerrada, es amarga, como un añoro que se queda sin ser más. Para consolarse, mantiene un brazo alrededor de la cintura ajena y el otro lo sube hasta los hombros menudos, arrastra un poco de ella hacia arriba hasta alcanzar su frente con los labios, dónde los pega y reparte miles de besitos sobre la zona sin siquiera apartar la boca. Ella acaricia sus clavículas con la mano que no está apresada en el abrazo, baja a los hombros y acaba en los bíceps, quiere sentir el cuerpo de él bajo su tacto, una vez más. Una última vez.

—Sabes que eso no es posible, Els.— le dice con cariño, como una caricia rasposa al oído que magulla su alma al reconocer la verdad de sus palabras.—Tengo que irme, y tú casarte.

Elsa muerde sus labios para aguantar la frustración, y se arrastra hacía arriba, sólo un poco más, para llegar a la altura del rostro contrario. Con la punta de su nariz, acaricia el lateral de la del contrario, pasa a sus pómulos, luego baja a sus mejillas y acaba en la barbilla. Jack cierra los ojos, apretándola fuerte, muy fuerte contra sí, pero ella no se queja, es más, contribuye y se encoge sobre su cuerpo.

—No quiero casarme con nadie que no seas tú.— promete, y él la mira directamente después de un rato. Los ojos azules y brillantes se observan entre sí, los de Elsa son redondos y Jack los tiene algo más alargados y pequeños, se convierten en hermosas lineas cuando sonríe, pero esta vez no está sonriendo, sólo la mira con tristeza.

Las bocas encuentran su camino para encontrarse, y el beso es lento, pasional y devoto.

Jack y Elsa no planearon enamorarse, es más, todo sería mucho más fácil si no lo hubiesen hecho. Ella sólo asistía a las clases de danza por matar el tiempo, mantener la cabeza ocupada en otra cosa distinta al matrimonio que ponía precio a su cabeza, una unión con un buen hombre que no amaba y que tampoco la amaba a ella. John, no su hermano John Arendelle, estaba enamorado de una preciosa mujer, de descendencia indígena y fuerte carácter, Pocahontas, le escuchó murmurar alguna vez en sueños. Y ella estaba enamorada de él. Pero los padres de ambos insistían en que un matrimonio sería asegurar el futuro de su empresa, forzándola a llenarse de cursos, clases y libros, cuando no estaba fingiendo amar a John Smith. Y cómo se había dicho, Jack y ella se conocieron en clases de baile, él era un prodigio de su área que llegó como invitado por un par de meses justo cuando ella se inscribía.

Sonrisas, miradas y caricias furtivas en los lugares exactos, dieron como resultado un fatídico romance pasional y desenfrenado, entre una mujer comprometida y un bailarín que pronto debía regresar a Rusia.

Y ahí estaban, besándose como si no hubiera un mañana, y es que no lo había, al menos no para ellos. Porque el avión de Jack despegaría en menos de cuatro horas, y Elsa fingía que no escuchaba los mensajes y llamadas de sus padres para llegar a tiempo a su fiesta de compromiso.

—Entonces ven conmigo.— propone al aire Jack. Elsa lo mira, buscando pulgada a pulgada en su rostro, algún signo de humor en su expresión. Nada, Jack hablaba en serio. —No te culpo si no lo deseas, no es justo que te pida dejarlo todo por mí, pero si de casualidad puedes permitirte a ti misma hacerlo, entonces quiero dejar la opción sobre la mesa.

Ahora que lo pensaba, Jack tenía un ligero acento, no muy marcado porque pasó gran parte de su vida hablando inglés, pero su lengua materna Rusa aún no abandonaba la entonación de ciertas palabras.

Él se inclina al borde de la cama, hasta alcanzar su chaqueta olvidada en el suelo junto a sus pantalones y ropa interior, saca del bolsillo dos tiquetes de avión. Y Elsa ya ha tomado una decisión.

—Lo tenías todo planeado.— lo acusa con una media sonrisa, el niega pero se encoge de hombros.

—Soy optimista.— besa su mejilla. —Y te necesito conmigo, como nunca en mi vida había necesitado algo.

Eso termina con ella.

—Entonces...— deja un par de besitos en el cuello de Jack. —ayúdame a empacar.

Las sonrisas de ambos brillan en medio de la tarde que se despide arrebolada en el horizonte. Y no tardan mucho más que una hora en volver a vestirse y empacarlo todo en una maleta de Elsa que acaba junto a las de Jack en la entrada de la habitación.

—¿Está todo listo?— pregunta Jack cuando están en la puerta del apartamento de soltera. Elsa está a punto de asentir, pero recuerda algo importante. Hace una seña a Jack y saca su teléfono.

John Smith
¿Vienes?, tus padres están jodiendo de nuevo.
17:42

Lo siento, sé que son tus padres aunque no tengas una buena relación con ellos. Pero me sacan de quicio.
17:43

John y Anna están preguntando por ti, sé que no quieres hacer esto, y yo tampoco. Pero no hay otra salida, Els, lo lamento. Ya veré como distraigo a tus hermanos. Date prisa.
18:02

¿Elsa?
18:10


No iré, John, lo lamento. Estoy con el
hombre al que amo y así me voy a quedar.
18: 15
Por favor, haz lo mismo que yo, busca a Pocahontas y sé feliz, te lo mereces.
18:16

John Smith
Ya veo...
18:17
Eso haré. Sé feliz tú también, Els. Espero que él te cuide como mereces.
18:18
Espero tener noticias tuyas pronto.
18:20


Claro que sí, cuando pueda me contactaré con todos. Hasta pronto, John.
18:22

—Ahora sí.— arroja el teléfono al sofá, no dejará que la rastreen. —Vámonos de aquí.

Con las manos entrelazadas, la pareja va camino al aeropuerto, directo al inicio de su nueva vida.

Primer día, todo soft. Terminado.

Btw, prontito tendrán noticias de "#TeQuiero".

Gracias por leer.

Con amor, Nani.

Stolen kisses [Drabbles and One Shots Jelsa]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora