Capítulo 28 Parte 2.-El día que deseé estar muerta

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Por fin habíamos llegado al hospital, me importaba muy poco que estuviera con mi vestimenta empapada de sangre. Lo que más deseaba en ese momento era abrazarla, llevaba tiempo esperando este día, desde que me dijeron que había sobrevivido. Ansiaba tanto ver a Angelina, era lo que más quería, no me podía ir de este mundo sin antes darle un abrazo.

—Enseguida regresamos, vamos a ir por tu hermano Geovanny, pobre de ti, y ni te atrevas a hacerle daño a nuestra princesa Angelina, de la hija de la que sí estamos orgullosos—amenazó mi padre, ya estaba acostumbrada a esas palabras que ni siquiera sentí ni rencor, ni odio mucho menos celos.

Ya no estaba el desprecio que antes hubiese sentido por Angelina al decirme aquello mis padres. Angelina era tan perfectamente imperfecta que cualquiera podría amarla.

—¿Tu orgullo o tu mina de oro?—mis padres la metían a concursos donde había dinero en premio de por medio, donde solo ganaría reconocimientos ni siquiera la inscribían.

No respondió, porque sabía que yo estaba diciendo la verdad.

Me marché a la habitación de mi hermana, no me importaban en lo absoluto ellos, yo solo quería abrazarla a ella. Busqué por todos los pasillos porque no me acordaba en dónde estaba, ya la habían trasladado a otra habitación por eso no sabía nada de dónde se encontraba.

De su habitación salió nada más y nada menos que el señor Alfredo, el mismo que en días pasados me había ido a visitar a la clínica, que se había quedado a escuchar lo que mi boca tenía que decir. No me gustaba las atribuciones que se tomaba al estar cerca de mí o de mi hermana, podía notar otras intenciones totalmente distintas a las que quería aparentar.

—¿Qué hace usted aquí?—confronté.

—Vine a visitar a tu hermana, se ha repuesto muy rápido, que bueno que no la mataste—sonríe señalando el interior de mi habitación.

—No se acerque a mi familia—me acerqué a él dispuesta a hacerle daño si fuera necesario.

¿Familia? ¿Lo que yo tenía podía ser llamado de tal forma? Por supuesto que no, no eran mis padres los que me importaban, porque ellos podían irse lejos y nunca más regresar y no lloraría ni una sola lágrima por ellos. Mi preocupación era Angelina.

—No querrás que nadie le haga daño a tu hermana, porque solo tú quieres tener el privilegio de hacerlo—emitió Homero poniéndose como una barrera para que no me pudiera acercar más a él.

—Solo vine a decirle unas palabras a tu hermana, ¿cómo es posible que quisieras matar a una persona tan maravillosa como ella? ¿Qué pasó por tu mente ese día como para que quisieras cometer ese acto tan repugnante?—soltó dando una respuesta.

Lo que pasó dentro de la clínica fue un momento tan mágico que no se volverá a repetir.

—Usted no es una santa paloma, usted ha matado más personas que yo y con la peor manera de tortura, no se haga el santo que no le queda—ataqué, tenía el porte de haberlo hecho tantas veces y con la misma o inclusive peor frialdad que yo.

—Disfruta a tu hermana, pasa más tiempo con ella, porque el día que ya no esté contigo te arrepentirás de todo eso que no viviste con ella y no tendrás la posibilidad de recurrir a los recuerdos porque no has construido ninguno a su lado—se dio la vuelta y continuó con su camino.

—¿Qué sabe usted que no sepa yo?—lo alcancé, quería saber, él sabía algo que posiblemente no sabía.

—Solo te puedo decir que estás tan concentrada en ti misma y esos que llamas problemas que no te has tomado el tiempo de ver a tu alrededor, tómate el tiempo de hacerlo y descubrirás muchas cosas que no sabías, solamente así encontrarás la respuesta a todas tus preguntas—me dejó ahí en medio del pasillo del hospital con muchas dudas que me hacían cuestionarme el porqué de mi existencia.

Balas Perdidas ¿Alguien me amará? (Nueva Versión) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora