Capítulo 29.-Un libro sin título

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Me encontraba en un lugar donde la paz absoluta reinaba en mi vida, caminé y caminé sobre un largo camino de arena, me encontraba en la playa sobre la orilla, el vaivén de las olas hacía que mis tobillos se mojaran, el sol estaba en todo su esplendor, me daba en la cara y el viento mecía mi cabello. La música que se creaba entre el sonido del viento y las olas era la mejor canción que había escuchado.

Caminé por varios minutos más, hasta que vi a lo lejos a alguien que se acercaba a mí.

—Angélica, cariño ven aquí—extendió sus brazos para que yo me lanzara a ellos.

—¡Papá!—grité emocionada y emprendí mi huida al lugar en el que siempre habría querido estar; en los brazos de mi padre.

—No sabes cuánto te extraño, ya llevaba mucho tiempo queriéndote abrazar y hoy por fin tengo la dicha de hacerlo, es hora de recuperar todo ese tiempo perdido, ¿te parece si comenzamos de nuevo?—preguntó mientras me alzaba en sus brazos, en sus ojos estaba todo ese arrepentimiento por haberme hecho daño en todo este tiempo.

—Papá, no sabes cuánto te necesité, siempre deseé tener un padre del cual sentirme orgullosa y hoy que por fin lo tengo soy la hija más feliz del mundo, ¿Sabes cuánto tiempo he esperado este momento, mi deseo en todos mis cumpleaños siempre fue ese y hoy por fin se me ha cumplido, los deseos si se cumplen, muchas gracias por quererme como siempre lo soñé, papá ¿por qué nunca me diste un abrazo?—lo miré con mis ojos llenos de lágrimas, ya no era ese padre de antes, había cambiado.

—A partir de ahora te daré todos esos abrazos que siempre necesitaste, seré ese padre que siempre debí ser, nunca más volveré a hacerte daño, Angélica—secó mis lágrimas con la yema de sus dedos, sentir su tacto cerca de mí me dio la vida que nunca había tenido.

—¿Me lo prometes?

—Te lo prometo—besó mi frente y caminamos por toda la playa, disfruté tanto su presencia, había encontrado el amor de padre que siempre había estado buscando, no me importaba nadie más, solo él, solo éramos nosotros, no había ni un solo rastro de alguien insuficiente ni de un padre que quisiera hacerme daño para llevarme a ser lo que él quería.

Sonreí como jamás lo había hecho. Por fin había conseguido lo que tanto había soñado, que alguien me amara.

***

Lunes/21/Diciembre/2020.

Mi mente sobrevive de recuerdos que nunca transcurrieron, es la forma de mantenerlo con vida.

Estaba desubicada, una luz había entrado por el lugar, no sabía si era o no producto de mi imaginación, yo creía que esto era otra dimensión, o la vida después de la muerte en la que siempre creí.

—¡Angélica!—escuché varias voces gritándome y verificando mis signos vitales.—¡Está viva!—sentí que mi cuerpo fue cargado, escuché el sonido de una ambulancia.

Abrí los ojos una y otra vez tratando de empaparme con la realidad, en primera instancia veo a los ojos de la psiquiatra Lidia mirándome fijamente mientras está tratando de hablar con los paramédicos y unos uniformados que hay en la zona.

—Nunca más quiero estar en ese lugar—rompí en llanto mientras abrazaba al paramédico.

—Tranquila, ya pasó todo lo malo—dijo en un intento de calmarme.

Pero lo que no sabía era que lo malo apenas había comenzado, mis padres no habían logrado su objetivo, que era matarme y no pararían hasta conseguirlo, y aunque a mí me encantaba esta nueva vida sin hacerme daño, hubiera preferido estar muerta, ya no quería más sufrimiento, era lo mejor para mí.

Balas Perdidas ¿Alguien me amará? (Nueva Versión) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora