Antes de la tormenta

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Se miró frente al espejo de la entrada y comprobó que su vestido no tenía ninguna arruga.

Salió de su apartamento y vio en la entrada justo a quien esperaba.

—Te agradezco que hayas tenido la amabilidad de acompañarme.

—Es lo menos que puedo hacer por usted, Kirigiri.

—Lo has hecho por tu puesto, ¿verdad? Quieres causarme buena impresión.

Él sonrió.

—Usted me propuso acompañarla y eso es lo que he hecho. No busco impresionarla, solo ayudarla.

—¿Ah sí? Gracias, no sabía que te importara tanto.

—Vi cómo la trató Togami, no podía permitirlo. No podía dejarlo que la humillara.

—Naegi...

Él estaba más serio que de costumbre. La muchacha asintió agradecida. Lo estaba haciendo por ella y no pudo evitar pensar en lo buen chico que era por ello.

—¿Si?

—Gracias.

—No es nada, jefa.

—Je. ¿Seguro que no te ha costado venir hasta aquí?

—Bueno... para ser sincero mi hermana casi se cae del sofá cuando le conté que saldría a cenar con mi jefa.

Ella no pudo evitar sonreír levemente ante aquello.

—Tu hermana...

—Sí. Está obsesionada con que encuentre novia.

—Recuerdo que mi abuelo era todo lo contrario.

—¿Ah sí? ¿Cómo era Fuhito?

—Pues... era estricto e incluso más serio que yo.
—¿En serio?

—Sí. Pero él siempre me apoyó.

Naegi asintió.

Sabía lo que la gente le había contado de ella pero no le importaba. Quería saber la versión de Kirigiri. 

—¿Lo echas de menos?

—Sí... Pero aún así estoy bien.

—Es comprensible. Yo aún recuerdo a mis padres de vez en cuando.

—¿Qué fue lo que les ocurrió?

—Ellos... murieron en un accidente de tráfico cuando tenía 14.

—¿Y qué fue de ti y tu hermana?

—Pues... vivimos con mis abuelos hasta que cumplí 16. Desde entonces empezamos a gastar el dinero que nos dejaron nuestros padres antes de morir y el que nuestros abuelos iban dándonos. Por eso apenas cumplir 18 me presente a este trabajo. Necesitaba mantenernos. A mi y a Komaru...

—Ya veo... Lo lamento.

—No se preocupe. Ahora vivimos una vida medianamente estable. ¡Todo gracias a usted!

—Je. No ha sido nada. Te contrate por algo. Y es por lo dedicado que eres.

—Gracias. Me gusta oírla decir eso.
Ambos montaron en el coche de la peli lavanda.

Ella, que tenía un gran cuidado por sus pertenencias, decidió conducir ella misma.

El restaurante que la de cabello azabache y el rubio había elegido se encontraba a las afueras, en un lugar apartado, así que la única forma de llegar era mediante el uso de un vehículo.

Cuando ambos llegaron al restaurante vieron ya sentados a Togami y a Celestia.

La última sonrió mientras miraba al muchacho de cabello castaño. Aunque, para Kirigiri, más que sonreírle lo estaba analizando con la mirada.

—Oh, ¡que bien que estéis aquí! Kirigiri me
alegra que hayas aceptado nuestra propuesta.

Ella asintió.

—También es un placer.

—Ay, ¿quién es este muchacho tan adorable que viene contigo?

Naegi sonrió avergonzada.

—Él es Naegi, mi secretario personal. Me ayuda con la organización de la empresa y se encarga de llevar al día mi agenda.

—Pareces un chico encantador, Naegi. Yo soy Celestia Ludenberg, secretaria personal de Togami. Un gusto conocerte.

Sonrió otra vez de forma forzada pero al parecer Naegi no lo noto.

Togami ni siquiera hablo. Estaba cruzado de brazos mientras miraba serio al frente.

—¿Entonces...?—Kirigiri comenzó a hablar. Dejó la frase en el aire.

—¿Hmph?

Celestia emitió un sonido de pregunta.

—¿A qué se debe que estemos aquí?

—Ah pues...

Celestia agarró la mano de Togami y la puso sobre la mesa con delicadeza.

—Queríamos sincerarnos contigo. Togami y yo... salimos. Y creíamos que era necesario contártelo...

Kirigiri colocó una pierna sobre la otra y mantuvo una expresión impasible.

—Me alegro por vosotros.

—Gracias Kirigiri. Pensé que no te parecería bien... ya sabes porque...

Dejó la frase en el aire y fingió un gesto de vergüenza.

—...tú y él tuvisteis algo.

Naegi se quedó boquiabierto. No lo mostró, obviamente, pero no podía creerlo.

¿Togami y su jefa en una relación sentimental? Eso explicaba la pelea que presenció hace un tiempo...

—Tranquila, no me importa.

—Así que ahora que no hay nada entre vosotros Industrias Togami y Detectives Kirigiri podrían trabajar juntos en un proyecto a gran escala, ¿no creeis?

Kirigiri negó con la cabeza y se levantó.

—Me niego. Gracias por la invitación pero Naegi y yo nos vamos.

Y así abandonaron el restaurante.

Kirigiri miró al cielo. Sus emociones iban a desbordarse, a salirse de la muralla que ella misma había creado para que nadie pudiera atravesar y llegar a sus miedos; a sus más oscuros pensamientos.

Había caído en la trampa de Celes. Se sentía una completa idiota.

La rabia la corroía pero pudo respirar hondo e impedir que el sentimiento no fluyera a través de ella.

Un destello atravesó la oscuridad de la noche que se cernía sobre ella y seguido un estruendo. Alzó la mirada y vio la tormenta que apenas había comenzado.

Naegi que iba detrás de ella suspiró:

—Mierda, ¿y ahora qué?

¡A sus órdenes, jefa!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora