Verónica Rausell
Durante 4 años he intentado de ser la que fui alguna vez con Mao, de fingir que todo estaba bien, que mi vida era una vida llena de perfección, que mi madre era feliz en ese matrimonio, que mi padre era uno de los empresario mas reconocidos de Chicago, de que yo era feliz en esta familia. Pero simplemente ya no era la misma, Mao había sido mi único pilar para mantenerme de pie en frente de todas las circunstancias que pasaban a mi alrededor, mi pañuelo de lagrima, esos brazos cálidos que me llenaban de seguridad. Mao, nunca supo lo que pasaba en aquellas grandes paredes de mi hogar, de lo que yo hacía dentro de mi habitación, de aquella desgracia que mis manos cometieron y que ahora lo hacía más constante por alguna razón.
Steven, el chico ojiazul con mirada hipnotizante había encontrado la manera de mantener en pie y era algo que le agradecía profundamente.
Me ahogue en los recuerdos de Mao, en lo feliz que fui con ella y que ahora ya no había nada de eso, me refugie a una vida de misterio y desgracia. Mis pensamientos eran lo que me hacían mantenerme cuerda, porque ellos me hacían entender que tenía un objetivo, el saber porque todos esto había pasado. Por que me convertí en lo que ahora soy, y no me arrepientia porque esto no me hacía sentir nada y era algo que por tantos años busque, pero como siempre estaba aquí destrozada con la unica persona que amé de verdad.
Me encuentro arrodillada en su tumba, enterrando mis manos en el césped que la cubría, haciendo presión en ella enterrando mis uñas queriendo sacarla de allí y sentir que nada había pasado. La extrañaba, y aunque había pasado mucho tiempo de su partida es como si apenas hubiera sido recién.
— Me habías dicho que regresarías en unos días e íbamos a ir a las montañas donde me acariciabas con suavidad mi cabello, y me dijiste tantas cosas lindas mientras yo reposaba mi cabeza en tu regazo, te escuchaba hablar de lo feliz que eras con Adriana y con Andrés, yo...— mi voz era un hilo— te escuchaba feliz, porque tú eras feliz pero, sono el despertador y me di cuenta que era un sueño — me quebre.— No estas ya Mao, y la verdad es que eras la única luz en mi oscuridad. Perdón por no contarte lo que por siempre había vivido, por no confiar en ti pero ya tú tenías suficiente con lo que pasaba con tu vida y no tenía otra opción que callarme por que mientras menos supieras lo que pasaba en mí menos dolor sentirías.— Supire intentando de calmar mis lágrimas — He hablado con Adriana, es una niña muy hermosa y sus ojos azules tan obscuros la hace lucir más tierna de lo que es, Andrés tampoco te ha superado y se que esto no eras lo que tú querías pero es imposible olvidarte. — me levante y sacudi mis rodillas ya que tenían algo de tierra— Y creo que tampoco están en nuestros planes hacerlo.— me acerqué para dejar sus rosas nuevas en su lápida y sacar las que ya estaban secas— Volveré pronto.
Visitar la tumba de Mao no era doloroso, pero si me hacia sentir bien porque era el único lugar donde me podía liberar de tal manera, llorar. Esta era mi terapia para tener esperanza de que aún había algo de humanidad en mí.
— ¿Estás lista?— preguntó Steven mientras pisaba un cigarrillo con la punta de sus botas, esperandome fuera del cementerio. Yo asentí.
Acomode mi capucha roja encima de mi cabello, y cargue el arma.
— Llegará en unos minutos, siempre viene los jueves a cambiarle las rosas a su madre.— comenté viendo a una distancia prudente la entrada al cementerio.
—¿Consumiste?— lo observé y le di una sonrisa ladeada.
— ¿Qué crees?
— Deja de consumir esa porquería.
— Dejalo tu primero. No necesito tus...— observe que iba llegando en su auto,— Allí esta.— coloque mi arma detrás en mi espalda.
— Muévete.
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Latidos infernales [Completa]
RandomVerónica Rausell, una chica de 22 años que busca la manera de saciar su rabia y toda las desgracias que a su vida le ha pasado matando gente. Sus demonios despertaron desde que su mejor amiga se fue, era su única fuente de fe y ahora que ella y ni s...