La ley de Murfy

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* Io

Cualquier cosa que le preocupase a este hombre, se hacía cada vez más notorio, después del interesante paseo a caballo y un momento embarazoso, aunque no fué para tanto.... unos segundos mirándonos a los ojos no era tan malo ¿cierto?... o al menos eso pensaba mientras lo veía refunfuñar de un lado a otro enseñandome el lugar.

Era ciertamente entretenido verlo enredar con el borde de su polo rojo mientras esquivaba mis ojos cada vez que lo descubro haciendo hoyos en mí, mientras juego con los animales o curioseo por las estancias del recinto.

-¿te apetece saber de mí? - le dije de pronto

-hoy no, yo creo que debería de llevarte a casa, a tu casa ya hemos pasado mucho rato juntos y no me apetece ponerle una demanda por agresión a tu... novio?- dijo plantando la misma cara carente de sentimiento que la que llevaba puesta el día de ayer o quizás aún más fría después de tantas sonrisas y carcajadas desde que llegó para invitarme.

En realidad la cara de mármol fué asomando y tomando posesión de su agradable rostro hasta borrar todo tipo de humanidad... no comprendo lo que pasó después del paseo a caballo pero nada más poner los pies en tierra, dejó de ser la mejor parte de sí mismo.

* Eric.

Creo que estoy en graves problemas... por un lado tengo toda esa rabia acumulada y en alguna parte de mí que sé que acabará por salir a flote tarde o temprano y que me voy a llevar por delante a todos los estén a mi alrededor.
Además está esta mujer, que da igual lo mucho que me esfuerce para ser más comedido, pero lo único que hago es abrir la boca y contarle todo lo que quiera saber antes de pensar en una respuesta adecuada, se supone que yo estaba demostrando que se equivoca conmigo para que dejara de ser tan arisca pero me siento tan bien que ni siquiera pienso en la hora, la situación, que  ya tiene a alguien y que todo esto es una pérdida de tiempo, porque ésta será la primera y última de nuestras citas.

Pensaba en cómo salir del lío en el que me había metido, aprovechando su curiosidad innata, la veía mirar con sus ojos bien abiertos y reírse... estaba disfrutando de todo y cosiendo mis oídos a preguntas desde lo más simple, a lo personal.

Recuerdo que pasaron cómo seis meses antes de que Verónica se interesarse por mi pasado y no recuerdo haber dicho tanto como hoy. Siendo consciente de me gustaba la doctora y que no estaba en posición de poder dejarla que hiciese de mí lo ella quisiera, puse mis barreras en alto y me dispuse a acabar con este sin sentido lo antes posible.

-¿te apetece saber de mí? - me suelta y debía de estar absorto en mis pensamientos para no notar que llevaba un rato viendo la cara de limón que debo tener por olvidar que es mi cumpleaños y que no va a haber más diversión, no con ella.

-hoy no, yo creo que debería de llevarte a casa, a tu casa, ya hemos pasado mucho rato juntos y no me apetece ponerle una demanda por agresión a tu... novio?- eso sigue sonando a que me interesa y mucho

- vale... vamos a jugar a que ni me he enterado de algo se te ha metido por culo y esta trepando por ahí arriba, nos vamos cuando quieras vale?-       ¡¡ LA MADRE QUE LA PARIÓ!! ¿que es lo que espera que haga ?... quedarme a tener esperanzas con una tía a la que acabo de conocer y que tiene novio y para colmo piensa mal de mí?

-qué? No sé de que me hablas... Sólo me acabo de dar cuenta de no debí traerte- creo la apuñalé en el corazón con eso, pensé se iba a echar a llorar o algo.... Dios, ahora me siento miserable.

Tenía los ojos brillantes y los labios no eran más que una delgada línea, mientras me examinaba el rostro. Me aseguré de poner mi mejor cara de póker y al instante ella dejó de mirarme a los ojos y se puso en marcha... Cielos esta mujer camina tan deprisa que tengo que ir a grandes zancadas tras de ella.

AmargadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora