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𝐂𝐚𝐩í𝐭𝐮𝐥𝐨 𝟐: 𝐄𝐥 𝐬𝐞ñ𝐨𝐫 𝐁𝐚𝐥𝐥𝐞𝐬𝐭𝐞𝐫
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Era una cálida mañana de Julio en la mansión Prats: una propiedad lo suficientemente grande para la familia y el servicio, que reflejaba su poder adquisitivo. No era la más lujosa del pueblo, ni mucho menos, comparándola con los palacetes de la capital, se podría decir incluso que era una estancia humilde, aunque de esto no tuviese nada.
La señora Prats se encontraba en el jardín, tomando el té; Delilah pintaba un cuadro allí mismo, pero en una zona apartada de la vista de su madre; mientras que el señor Prats se encontraba fuera, atendiendo un parto en las afueras del pueblo. No volvería hasta llegada la noche.
Delilah estaba retratando a su amiga, Victoria Tarongí quien posaba sobre el césped. La joven luchaba por mantener la espalda recta y su cabeza ligeramente ladeada.
—Saldrá mejor si no estás tan tensa —declaró Delilah—. Sé más natural, no pienses en que te están pintado.
—Me es difícil olvidarme de ello, sobre todo si un enorme caballete está frente a mí —ambas jóvenes rieron.
—Piensa en que estás en un almuerzo. Tus padres han organizado uno y han invitado a un apuesto caballero que está interesado en ti —Victoria rio con nerviosismo.
—¡Vaya tonterías dices Delilah! —exclamó Victoria con las mejillas sonrojadas.
—Shh, aún no acabo. Cuando termine puedes maldecirme todo lo que quieras —dijo Delilah sin dejar de pintar— Estás como ahora mismo, sentada en el césped mientras observas a tus hermanos mayores jugar con los menores. Sabes que él te está observando pero decides no mirarlo de vuelta, manteniendo una apariencia coqueta.
—¿Terminaste?
—¿El relato o el retrato?
—Ambos.
—Sí —Victoria se levantó y fue hacia su amiga para cobrar venganza por el incómodo relato— . Cuidado, si te acercas a mí te llenaré el vestido de pintura cian —dijo Delilah con tono amenazante, mientras sostenía el pincel en dirección a Victoria.
La joven Prats tembló cuando escuchó una silla arrastrándose. Miró desde donde venía el ruido y vio a su madre levantarse de la mesa de té y acercarse a toda prisa hacia donde se encontraban. Rápidamente guardó sus pinceles y su delantal en su maletín. Al terminar miró de nuevo a la señora Prats, quien estaba más cerca y seguía aproximándose con rapidez. Debido a la proximidad, Delilah pudo ver que esta traía una carta.
—Ha llegado una carta para ti, hija —anunció con emoción la señora Prats, una vez estuvo frente a las jóvenes. La mujer intentaba controlar su respiración, cuando al final añadió:—. Es del señor Ballester.
Victoria se acercó a su amiga, mientras abría el sobre, para leer por encima de su hombro.
—Es una invitación —anunció Delilah, mientras iba leyendo—, para su baile privado del sábado en Celdecors.
La cara de la joven reflejó más preocupación que alegría.
—¡Tienes una oportunidad! —exclamó Victoria.
—¡Y una muy buena! —recalco la señora Prats— Este sábado te pondrás las joyas de la familia y ese vestido dorado con el que fuiste a tu primer baile. Tienes que ser coqueta y agradable, aunque te sea difícil, debes hacer que se olvide de la señorita Rosella Valentí y en cambio te pida matrimonio a ti.
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-𝐋𝐚𝐬 𝐁𝐫𝐮𝐣𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐏𝐢𝐜 𝐋'𝐈𝐧𝐟𝐞𝐫𝐧-
FantasyDelilah solo piensa en salir de ese pequeño pueblo en el que está atrapada desde hace 15 años. Tiene dos opciones: casarse con un extranjero o ser enviada a un convento. Ninguna le parece lo suficientemente buena, ninguna la va a hacer feliz. Sin em...