• Guardaré mis lágrimas para otro día •

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Edward cullen, Londres 1980

Me encontraba pasando la mañana en una de las mesas de afuera de una cafetería que estaba enfrente de la enfermería.

Elizabeth se veía tan hermosa con su uniforme de enfermera, y con esa sonrisa con la que atendía a las personas de ahí.

Estuve observandola hasta que ella se dio cuenta. Salió de la enfermería y se paro en la banqueta. Me miró y saco un cigarro de su pequeña bolsa del uniforme.

Me miraba y sonreía. Decidí pararme e ir hacia ella.

- Veo que no te cansas de ser rechazado

Edward: Yo no me siento rechazado, al contrario, es un gesto agradable para mí el que usted me dirija la palabra.

Elizabeth: Entonces veo que te gusta lo difícil- me sonrió.

Edward: tú me gustas- la mire

Elizabeth: Edward, no puedo... Lo siento, yo estoy casada

Edward: Sé que tú también te sientes atraída por mi.

Elizabeth: Será mejor que ya no me busques- tiro su cigarro en un contenedor y caminó hacia la puerta de la enfermería, pero antes de entrar me miró- A veces el amor no siempre se siente bien... Y tampoco es correspondido. Espero que te vaya bien- me sonrió y entro a la enfermería.

Sabía que debía dejarla ir, pero no podía. Ella era la causa de que yo dejara de beber sangre humana.

Ella era la responsable de sentirme vivo aunque eso fuera imposible para mí.
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- Qué pasa si no quiero alejarme de ella?

Carlise: Elizabeth solo es una versión más de Serket, es una vida nueva en donde debe pagar su sentencia. Elizabeth es serket, pero es la parte vulnerable de ella... Yo conocí a serket hace muchos años. Y créeme, no es buena. Esa versión de Elizabeth te atrae porque inconscientemente su alma pide a gritos ser liberada.

Edward: Pero no me importa que ella solo sea una versión más de Serket, yo estoy enamorado de Elizabeth, de mi Elizabeth.

Carlise: Ella morirá, tarde o temprano lo hará. Es una alma destinada al sufrimiento y la desgracia, y nunca tendrá su final, o al menos no ahora.

Edward: Y qué pasa si la trasformo?

Carlise: No puedes desafiar a la naturaleza, ella está condenada a algo y tú no puedes deshacer eso.

Edward: No me importa, yo lo hare- lo dije molesto y salí del estudio.

Carlise me siguió y me dijo que parara.

Carlise: No te permitiré que hagas algo de lo que después te vas a arrepentir. Tu no eres apto para tomar decisiones por ella. Ella debe pagar por todo lo que ha hecho. Tal vez en otra vida de ella puedas encontrar una versión diferente, y tal vez en esa vida si puedas hacer algo.

Edward: No quiero otra versión de ella, yo quiero quién es ahora.- lo mire molesto y salí de la casa.

Los días y después los meses pasaron. Solo me dedicaba a observarla todo el tiempo.

Verla me hacía sentir bastante bien conmigo mismo. Una noche, la vi salir de la enfermería. Quería acercarme y hablarle, así que lo hice.

Ella estaba caminando enfrente de mí y le hable:

- Elizabeth

Ella se giró y al verme una sonrisa de dibujo en su rostro. Camino hacia a mí y su mirada me penetro hasta el alma.

Sus hermosos ojos cafés me miraban cada parte de mi rostro, como si lo estuviera admirando.

Elizabeth: Volviste- sonrió

Edward: Nunca me fui

Me sonrió y se lanzó hacia a mi. Me abrazo con mucha fuerza y yo hice lo mismo, pero sin lastimarla.

Desde esa noche nos veíamos a escondidas cada que ella salía del trabajo. Pasamos cinco meses viéndonos a escondidas, y podía asegurar que esos cinco meses siempre serían lo mejor de mi existencia.

Pero como carlise lo dijo, todo lo bueno suele terminarse pronto. Y como era de costumbre, nos veíamos todos los días cuando ella salía de trabajar, pero esa noche todo cambiaría entre nosotros.

- Debo irme, Michael debe estar preguntandose en donde estoy- me dio un pequeño beso en los labios- y no quiero tener problemas.

Edward: vámonos de aquí- le agarre la cara con una mano- Vámonos de aquí tú, yo y tus hijos para empezar una nueva vida...

Elizabeth agachó su cabeza y sonrió de lado. Le levanté su rostro tomándola del mentón y nuevamente sus ojos me cautivaron.

Elizabeth: No es así de fácil, Edward- tomo mis manos- pero me encantaría hacerlo.

Edward: entonces hay que hacerlo, para que esperar más?

Elizabeth: Y cuando lo haremos?- me sonrió y me dio un beso en la comisura de los labios.

Edward: Vámonos hoy, a la media noche tomaremos el primer tren de la estación e iremos a un nuevo lugar.

Ella empezó a reír y a negar con su cabeza, mientras se ponía de pie para ponerse el vestido.

Elizabeth: Estás loco

Edward: Estoy loco por ti

Sonrió y se acercó a mi para recargarse en la silla en donde yo estaba sentado, su rostro estaba muy cerca del mío.

Elizabeth: Te amo Edward

Edward: Te amo Elizabeth

Elizabeth: Entonces te veo en mi casa a la media noche?- sonrió y abrió la puerta.

Edward: Te veo a media noche, Elizabeth Jones

Ella se fue a su casa y yo empecé a preparar mis cosas. Tenía que pesar en la manera de poder decirle a Carlise que me iría. Lo único que me alegraba era el hecho de que ya no estaría solo, ya que una nueva chica de nombre Alice llegó para formar parte de la pequeña familia de los cullen.

Entre al estudio de carlise y lo mire directamente a los ojos. Pero antes de que yo pudiera hablar, él lo hizo.

Carlise: Sé que es lo que harás está noche, y no te detendré. Tienes el derecho de sufrir de la manera que tú quieres, pero lo que no te permitiré es que la transformes. No dejaré que los Vulturi maten a mi hijo por algo que no tiene solución.

Edward: Ella me hace feliz

Carlise: Pero pronto habrá algo que te haga sentir infeliz.

Salí del despacho y fui hacia la casa de Elizabeth. Pero cuando iba llegando un olor me puso a alerta.

Nuevamente se había impregnado el olor dulce de su sangre en el aire. Sabía que algo malo había pasado.

Toque muchas veces la venta de la cocina, pero nadie respondía. El olor a sangre no solo pertenecía a ella, también a otras personas.

Corrí hacia la puerta y toque muchas veces. Grite el nombre de Elizabeth dos veces, pero nadie respondía.

De una patada abrí la puerta y lo que vi enfrente de mí me dejó atónito.

El cuerpo de Elizabeth estaba en el suelo y un charco de sangre estaba debajo de su delgado cuerpo. Juré poder sentir mi corazón latir, y mi respiración cortarse.

Camine hacia su cuerpo, su cara estaba llena de golpes y tenía el labio cortado. Me agaché y tome su cabeza.

No me importo el hecho de que por mucho tiempo deseé beber su sangre y que podía hacerlo en este momento.

Había perdido el amor de mi vida, y mi única razón de existir.

Ella se había ido, y consigo se llevó todo lo bueno de mí...

•Black out days•Donde viven las historias. Descúbrelo ahora