Nadie con ese cabello tan negro y lacio puede ser tan bueno.Vendas al rededor de su cabeza, brazo envuelto e inmóvil en su pecho, y la llama de una vela danzando pacíficamente sobre el mueble. Estaba en el hospital privado de Londres, un guardia custodiaba fuera de su habitación y policías patrullando a media noche.
Luego del incidente y sus declaraciones, se había abierto la investigación y los medios de comunicación se centraron en difundir los hechos con gran éxito. Él era Spencer Compson, respetable empresario y comerciante, estudioso en las grandes universidades de las ciencias rigurosas y con un fuerte sentido utilitario. Sin embargo, no era un secreto (en las altas esferas) que por detrás era el responsable de administrar y organizar ventas ilegales con otros países, un negocio de lo más rentable que había elevado sus fondos monetarios en tan sólo dos años, pero ahora, estaba más que acabado y a un solo paso de la ruina.
Lo único que podía salvarlo de la cárcel en este momento, y poder recuperar el respeto y su posición, era atrapar a ese sujeto. Atraparlo vivo o muerto, aunque mejor si es con vida, podía exponer su cabeza como trofeo y humillarlo de mil maneras, lo vendería como esclavo y como mano de obra, lo explotaría bajo el sol hasta dejarlo seco, y finalmente lo arrojaría a los perros para que lo devorasen. Ese supuesto demonio sufriría hasta que fuese domado y convertido en una maquina que obedeciera todos los deseos de su amo.
De repente, un golpe fuerte en la puerta lo regresó nuevamente a su deplorable realidad, y sobresaltado por el repentino ruido quiso desquitarse con el guardia, pero en cuanto se volteó a mirar, el único resplandor de luz se desvaneció. El frío astillaba sus huesos en la profunda oscuridad que lo envolvía.
Controlar a otros y pisotearse entre sí, un intento desesperado de los humanos para sentirse superiores... Aunque no soy quién para juzgar, mas bien, usted puede comenzar por chillar.
Los guantes blancos fueron reemplazados por unos limpios y nuevos, deshaciéndose de toda imperfección; era una criatura que reinaba sobre lo impecable, lo eficiente, la elegancia, y se elevó hasta lo más alto del edificio hospitalario tras salir por la ventana. Consiguió lo que buscaba, pero esto apenas estaba comenzando.
Compson había sido la figura más pública en tener contacto con su objetivo, pero no fue una sorpresa en saber que exageró y transgiversó los verdaderos hechos a su beneficio. Ante una criatura tan avariciosa y mentirosa, interrogarlo implicó exprimir cada neurona de su cerebro.
Para su próximo destino interceptó la silueta cansada del Señor Abberline abandonando la estación de policía, no lo había vuelto a ver desde el pasado incidente en la mansión, y no se sorprendió al descubrir que se había tomado unos días de reposo para el bienestar de su mente.
Pero agotadas siempre estaban las mentes. Por lo tanto, no se preocupó al verlo entrar en pánico cuando lo vio acercarse y saludarlo cortésmente, con calma, sin asustarlo, ni presionarlo. Algunos requerían cierto cuidado para establecer una buena comunicación y entendimiento mutuo.
- ¿Señor Michaelis? ¿Qué hace aquí a estas horas?- Estaba nervioso, las mil opciones pasaron por su mente para elegir qué hacer en esta situación, escapar o enfrentarse a él, y esos mismos sentimientos de duda lo dejaron plantado frente a su carruaje.
Entonces por el bien de su cordura, Abberline pidió a los Cielos que ese mayordomo siguiera comportándose como simple mayordomo.
- Disculpa molestarlo a estas horas, detective Abberline... Aunque me sorprende que este de regreso tan pronto en su trabajo.- Pobre hombre atormentado, ya no confiaba en la sonrisa esculpida del demonio y cada palabra erizaba su piel. Tras no obtener respuesta más que una mueca de incomodidad, Sebastian continuó. - Mi maestro necesita de cierta información urgente para resolver un nuevo caso, ¿Le importaría facilitarme el acceso a los archivos?
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Black and Silver [Crossover]
Fiksi Penggemar[Kuroshitsuji + Gintama] Perdido en las profundidades de Londres, con tan sólo una espada de madera y el brillo plateado de su alma. Siendo además, un personaje no bien recibido en la ciudad, especialmente por la reina y su perro guardián. Gintoki e...