Posiblemente la forense
y presidenta de la
farmacéutica Anjan (su
principal competencia),
no entraba en los planes
del joven jefe.
Jamás imaginó que
alguien pudiera leerle
como si fuera un libro
abierto, era vergonzoso y
humillante. Así que solo
le...
—Matadla —ordenó Haneul con una copa de vino en su mano izquierda.
—¿Está segura de que quiere hacer eso, jefa? —preguntó el hombre, cuya sorpresa se notaba incluso hablando por teléfono.
—Claro que lo estoy, yo nunca dudo. —La mujer movió un poco la copa y bebió de ella. —Si no la matamos, la reputación de la empresa se irá a pique, además, para que la crítica nos sea más benevolente, necesitamos que sea algo trágico.
—Está bien, yo me encargaré de todo, jefa —dijo el señor, Haneul sonrió, no iba a dejar ningún cabo suelto.
—Muchas gracias, cuando acabes, ven a mi piso, te daré una suculenta recompensa. —El hombre rio y ella colgó la llamada. —Será gilipollas. Menos mal que es fuerte, porque inteligencia poca.
Haneul, con la copa en mano, salió al balcón de su mansión y observó el cielo seriamente. Esperaba que a su madre no le importase sacrificarse por un bien mayor. Su nuevo teléfono, un Samsung de última generación, comenzó a sonar estrepitosamente.
—Señorita Min, los rumores que preparó sobre Babel han comenzado a esparcirse. Mañana por la mañana todos pensarán que Hanseo es el asesino de su padre —explicó el jefe de la División de Inteligencia de Anjan (DIA).
—Perfecto, todo va como planeaba. —Vertió la copa desde el balcón y después la tiró, su mano había comenzado a cansarse.
—Por cierto, su padre me ha pedido que le diga que el crecimiento de Anjan es cada vez más lento. Le gustaría que hiciese mejor su trabajo, señorita.
—Dígale que cuando le vea le clavaré un cuchillo en el corazón y haré unas pastillas nuevas con su sangre. —La mujer colgó, enfadada. No sabía por qué ese viejo seguía vivo.
Entró a su despacho de nuevo, vio todas las pilas de papeleo que se le habían acumulado y suspiró pesadamente. Esto era lo que quería, ¿verdad? No firmar documentos, sino el poder que eso conlleva. Ella tomaba todas las decisiones, todo el mundo era un tablero de ajedrez y ella no solo controlaba a las blancas, también las negras.
El timbre sonó justo en el momento que se sentó en la silla. Bajó con pocas ganas e intentó ver quién estaba al otro lado a través de la mirilla. Extrañamente la mirilla estaba cubierta por algo.
—¿Contraseña? —preguntó ella.
—Psicópata —respondió Hanseok.
—Incorrecta.
—Abre la puta puerta, joder.
—Incorrecta otra vez, un único intento restante —dijo la chica intentando imitar a un robot.
—Déjame entrar o te mato.
—O te mato yo a ti —respondió Haneul quitándole uno de los seguros de la puerta —. Venga pasa, no te cortes, cariño. —El hombre pasó y tiró su maletín al lado de la puerta. —¿Qué quieres hacer? ¿Follar?
—Quiero estrangularte.
—Bueno, podemos hacer las dos cosas a la vez. —Haneul guiñó un ojo, el chico dejó escapar un soplido burlesco.
—Me dijiste que no atacarías a Babel, me lo prometiste.
—Mentira, yo nunca prometo nada.
—¿No has pensado nunca en que podríamos controlar el monopolio farmacéutico si aceptaras unirte a Babel? —preguntó el hombre, sentándose en el sofá como si estuviera en su casa.
—¿Y por qué no te unes tú a Anjan? Al fin y al cabo nuestro margen de beneficios es mayor. —La mujer agarró una botella de champán y una copa, vertió el líquido en la copa y pegó un sorbo. —Además, sin una fuerte competencia, jamás se crearían importantes avances.
—¿Soy una competencia fuerte? —preguntó él, Haneul dejó la copa en la mesa y sacó una caja de cigarrillos de su bolsillo.
—Eres una piedrecita en mi camino.
—Eso es más que la mayoría. —Hanseok realizó una seña con sus dedos, para que le diese un cigarro. La mujer sacó dos de la caja, dejó uno en su boca y le lanzó el otro al hombre. Rebuscó entre los cajones y agarró un mechero, de esos que te regalaban cuando comprabas un paquete de tabaco. —Pásame el fuego.
—Cállate. —Haneul encendió con dificultad su cigarrillo, enfadada, tiró el mechero al suelo. —¡Joder! ¡Vaya puta mierda!
—Oye, ¿estás bien de la cabeza?
—Bitch, you threw a fucking vase to your brother —dijo la mujer, sonriendo. Se sentó al lado del hombre, dándole una calada al cigarro. Agarró la cabeza de Hanseok e hizo que quedaran cara a cara —. Si no pones el cigarro en tu boca, no puedo encenderlo.
Él, torpemente, obedeció a la mujer y, durante unos segundos ambos se miraron cara a cara hasta que el cigarro se encendió. Hanseok no pudo evitar fijarse en que Haneul era, literalmente, el estándar de belleza coreano, una pena que su personalidad fuese una puta mierda, aunque quién era él para hablar.
—¿Qué pasa? ¿Por qué me sigues mirando? —preguntó ella, sacando el cigarro de su boca y señalando al hombre con él.
—Te ha salido un grano en la frente —mintió.
—Y a ti uno en el culo, por eso estás tan irritable.
—Estás muy graciosa, ¿te la ha metido un payaso?
—Hanseok, si antes me has dicho que no quieres follar, obviamente no me la has metido. —Haneul rio y Hanseok no pudo evitar contagiarse de esa risa.
—Entonces Babel y Anjan seguirán siendo enemigos, ¿estás segura de que quieres eso? ¿No te arrepentirás?
—Si me casara con tu hermano, ¿unificaríamos las dos empresas? —preguntó ella, pasando olímpicamente de él.
—¿Te quieres casar con Hanseo?
—Bueno, es guapo —respondió ella con simpleza.
—¿¡Con Hanseo!? —El hombre empezó a reír. —Perdón, perdón, pensaba que tenías buen gusto.
—Tu hermano es objetivamente guapo, va en serio.
—¡Y tú también pero estás loca y él no tiene neuronas! —exclamó él, sorprendido en que alguien como ella se interesase en alguien como su hermano.
—Cute.
—Y sobre la unificación, pues quizás sí, quién sabe —dijo Hanseok, Haneul frunció el ceño.
—Ah, qué dura es la vida —susurró la mujer —. Por cierto, adivina quién ha comprado un diez por ciento de las acciones de Babel ya que habían caído en picado.
—No me jodas —murmuró él.
—Surprise! It's Haneul! Quién sabe, quizá el grupo Banjan está más cerca que nunca.
—Cada día que pasa te odio más. —Hanseok agarró la copa de champán de encima de la mesa y bebió de ella.
—Entendible, sinceramente.
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