Un trato.
Verónica Rausell.
Dos días después...
Estoy en la cancha de la Universidad viendo el partido de fútbol, me encuentro alejada de todos porque ese es mi don, mientras menos personas estén a mi alrededor mi día es feliz.
La Soledad es algo que disfruto mucho pero que también se ha vuelto mi peor enemigo, pero que aún así caminariamos juntos de la mano hasta el fin del mundo, porque no importa lo muy sola que me sienta siempre amaré ese sentimiento de vacío que carga mi pecho todos los días de que Mao se marchó, y perdón si la menciono tanto solo es que ella fue la única felicidad y lo único bueno que me pudo a ver pasado durante mucho tiempo, y ahora que ya no está solo me queda batallar con mis demonios.Diana, no me ha vuelto a mirar y supongo que es mejor así, de lejos para no contagiarme de ella.
Llevo dos días lejos de casa, y mi madre me a reventado el teléfono con miles de mensajes preguntando que si estoy bien.
Obvio estoy bien, mientras más lejos esté de esa casa donde viven puros alacranes mejor estaré, pero creo que ya hoy tendré que ir, no quiero más problemas con mi padre.
Le temo, a él si le temo, son tantas cosas que me han pasado por vivir bajo el techo de un homofóbico, por eso prefiero vivir en el apartamento de Steven, pero creo que ya he abusado mucho de su confianza, aunque él no lo diga pero es lo que siento. Después de casi tres días fuera de casa decidiré ir a ver por lo menos a mi madre y quedarme unos días en donde pertenezco.
Todos gritan cuando nuestro equipo de fútbol mete un gol, llevamos la delantera con cuatros goles a dos.
El asunto con Diana, me tiene al borde del estrés no se si pueda confiar en ella, a fin de cuenta es la hija de alguien que quiere mi cabeza. Aunque no se quien es, y él por lo tanto tampoco. ¿Por qué me querrá? ¿Será que el padre de Diana tiene algo que ver con todo lo que ha pasado estos últimos años?
Pensándolo bien nunca he visto a su padre, creo que nadie acá.— ¿En qué piensas?
Suspiro saliendo del trance en el que me encontraba y observo al chico que se sentó a mi lado.
— Hola Karlos— Si, es Karlos, el primo de Andrey.
Él sigue en la Universidad, el año próximo se gradúa de Licenciado de Contaduría.
Después de la muerte de Mao, él iba muy seguido a su tumba y siempre le dejaba una rosa blanca, aunque ellos nunca tuvieron mucha comunicación, él aún así lo hizo. No sé si aún lo hace, ya saben cómo es; es algo raro.
Aveces intercambiamos palabras, pero ahora no se que saldrá.
— ¿Mucho estrés?— pregunta.
— No. Lo normal de las actividades de la Uni.
— Mmm...
Lo observo con él entrecejo fruncido, él sigue mirando el partido. ¿Alguna vez les dije que él daba miedo? ¿No? Bueno, déjenme decirle que sí lo da.
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Latidos infernales [Completa]
AléatoireVerónica Rausell, una chica de 22 años que busca la manera de saciar su rabia y toda las desgracias que a su vida le ha pasado matando gente. Sus demonios despertaron desde que su mejor amiga se fue, era su única fuente de fe y ahora que ella y ni s...