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性的緊張

—¿Estás bien? —me preguntó L mientras comía un poco de melón.

—¿Por qué lo dices? —cuestioné con curiosidad.

—Llevas aproximadamente media hora observando la misma hoja de papel echada sobre el sofá —contestó.

Me incorporé para quedar finalmente sentada, y dejé los documentos con varias muertes de algunos criminales sobre la mesita con desgana. Llevé mi mano a mi frente para acariciar el puente de mi nariz como un gesto de frustración. Hacía un rato que me dolía la cabeza de darle tantas vueltas a lo mismo sin sacar ninguna conclusión.

—Simplemente estoy frustrada por no conseguir nada, eso es todo —respondí a su primera pregunta apartando el pelo que tenía por la cara hacia atrás.

—Es comprensible —comentó volviendo a centrarse en su melón.

Dejé caer mi cuerpo sobre el respaldo del sofá y cerré mis ojos en un intento de relajarme. A pesar de que realmente estaba estresada, no era ese el único motivo por el que me encontraba tan inquieta.

Todavía estaba pensando en como acercarme a Light Yagami.

Probablemente pedirle una cita sería ir demasiado lejos. Se supone que simplemente quiero saber lo que opina del caso Kira, no tengo ningún interés amoroso en él.

¿Y si le pido su número de teléfono? ¿O sería muy precipitado? Quizás me malinterpreta y no quiero eso.

—L, ¿tú cómo le pedirías de quedar a alguien? —interrogué para ver si me daba alguna idea.

—Sabes que estas cosas no se me dan bien, D-san —contestó dejando la corteza del melón sobre el plato que había encima de la mesa.

—Igualmente dos cabezas piensan mejor que una —refuté intentando que respondiese.

—Para estos temas puedes contar mi cerebro como cero —rebatió.

—Venga, sabes que es por lo de Light —insistí a lo que L finalmente me miró— Si quieres que lleve a cabo el plan vas a tener que ayudarme —concluí encogiéndome de hombros.

—Tú misma aceptaste colaborar —me reprochó.

—Bueno, estás en lo correcto —dije rindiéndome ante la situación. Estaba claro que no iba a lograr nada aunque insistiese.

Nos quedamos unos minutos en silencio, él disfrutando de otro café (el tercero en todo lo que llevábamos de día), mientras yo pensaba en qué podía hacer.

—Si fuese tú, intentaría empezar una conversación amistosa. Al menos es lo que tengo entendido que se hace —comentó de la nada.

Le miré ligeramente asombrada. No pensé que me fuese a sugerir algo.

—Después estaría bien que intercambiaseis vuestros números de teléfono para poder estar en contacto sin depender de mí.

—Sí... Estaba pensando en pedírselo directamente, pero quizás era demasiado arriesgado. No quiero que se confunda —comenté sentándome con las piernas cruzadas sobre el sofá.

—Puedes usar como excusa el hecho de que tenemos que estar comunicados por si necesitamos reunirnos. Y aunque no te excusases, al ofrecerle su número de teléfono se interesaría por ser tan cercana a mí. De hecho, es una de las razones por las que estamos llevando a cabo este plan.

—Ahora que estamos hablando de esto, ¿tenemos el número del otro? —pregunté— No recuerdo habértelo dado.

—Sería útil registrarnos. Dame tu teléfono —ordenó decididamente.

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