Kariya se levantó con la ayuda de un soleado sol de domingo de lleno en la cara. Recién ahora se daba cuenta de que no había cerrado la ventana anoche. Odiaba despertar por este proceso, dado que era más potente que la alarma de su teléfono que también había olvidado desactivar.
Tras soltar un pesado bostezo y de ver su almohada con la tentación propia de la implicación, tomó la decisión de levantarse nomás para checar a Hiroto. Sabía que se quedó hasta tarde esperando a ver si el otro volvía, pero tenía que resolver la duda de si realmente en algún punto se fue a dormir.
Y bueno, ese era el plan: bajar las escaleras para checar a Hiroto y ver como resolverían ese día particular de la semana.
El tema es que, a medida que llegaba al pie de las escaleras para bajarlas fue que escuchó fuerte y claro la voz de su tutor. Pero no es que estuviera hablando, sino que podía reconocer que usaba el mismo timbre cuando se ponía llorar o bien estuvo haciéndolo.
No tuvo que hacer conjeturas cuando una nueva voz tomó el rol protagónico, diciendo una sola oración:
—... gracias por aceptar-
—. Shhh ya no hables más. Solo...
Kariya tenía tremendas ganas de silbar, pero hasta un tonto sabría que delataría su posición y lo que menos añoraba era estar en medio de ese campo minado. Lo único que tenía en claro es que ya no sentía ni un céntimo de culpa en cuanto a la decisión de Midorikawa de irse, ahora sintiéndose culpable de no haberlo fastidiado más para que así ni se le hubiera ocurrido que su regreso sería una buena idea.
Porque nuevamente estaba haciendo llorar a Hiroto, y eso era imperdonable en sus parámetros.
Nomás volvió para terminarlo, mira que hay que ser caradura. Ya la tentación de bajar las escaleras y entender mejor el contexto no se le apetecía en lo absoluto, más porque sabía las escaleras anunciarían su llegada. Lo último que necesitaba era ver a su hermano mayor llorar por alguien que, a ojos suyos, no lo valía realmente.
Se dio media vuelta para su cuarto, haciendo oídos sordos a lo que pasaba entre esos dos. Tenía en claro que para la próxima vez que saliera de sus dominios, Midorikawa ya no se encontraría ni en la casa ni en sus vidas. Pero sonreía ante este nuevo panorama, porque ahora sí volverían apropiadamente a aquellos lejanos tiempos donde eran ellos dos contra el mundo y no se encontraban con aquel tercero en discordia que nada más vino a complicarle la vida.
Según él, esto era un final feliz, y cuando abriera los ojos es que rebobinaría todo para empezar de cero.
Mientras, lentamente los cerraría para tomarse una temprana siesta. Se preguntaba exclusivamente que almorzarían una vez la depresión deje a Hiroto en paz.
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... ¿Qué hace él acá?
Como ya se le era costumbre, Kariya parpadeó repetidas veces al no comprender la verdosa figura que se aparecía frente suyo y la cual desafortunadamente no era una ilusión.
—. Buenos días, Kariya—. Saludaba Midorikawa, campante con su más bella sonrisa y plato en mano. La otra se dedicaba a estar apoyada en la cadera, haciéndolo parecer como recorte de cartón—. Me gustaría poder hablar con vos.
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Nadie te enseña a ser padre
FanfictionPorque a veces en una casa con un adolescente y dos jóvenes adultos, el conflicto es inevitable.