Capítulo 17: ¿Nos conocemos?

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El despertador sonaba y sonaba, pero las mantas no querían despegarse de él. Ni Louis tampoco lo quería. Dio una vuelta en la cama, girándose con los ojos cerrados y acomodándose en la cama. Las nulas ganas que tenía de alzar el brazo para quitar ese sonido hizo que se quedara cinco minutos escuchando ese molesto zumbido. Pero su mente parecía desconectar fácilmente, pues el cansancio que últimamente tenía encima le hacía levantarse más tarde de las once de la mañana. 

Últimamente solo quería dormir y estar tranquilo. No quería pensar en nada y mucho menos en cómo sería su primer día de uni, al fin y al cabo sería como si fuese su primera vez, ya que no recordaba haber pasado ningún curso aparte de primaria y ESO. No obstante, su médico le tranquilizó cuando dijo que sus conocimientos y aptitudes no habían sido dañadas y que serían las mismas, solo que no había recuerdo alguno de su formación. Así que cuando pise la universidad, será como ir de nuevo a un colegio para él, pero siendo lo adulto que es. Le jodía bastante tener que repetir el curso pero lo entendía. Al menos le dieron la oportunidad.  

En diez minutos, cuando su respiración volvió a ser lo más baja posible y el sueño se apoderaba de él de nuevo, el despertador repitió ese sonido molesto por segunda vez. Louis abrió los ojos como pudo, confuso por haber puesto dos veces el maldito despertador. Se quitó la manta y con el mayor esfuerzo sacó su brazo con la intención de apagar ese cacharro. 

Finalmente, volvió a acomodarse y sus ojos se rindieron de nuevo. 


***

El hecho de que estuviera casi temblando mientras tomaba la taza de leche no era para nada señal de el nerviosismo que corría en su cuerpo. Para nada. Ni siquiera ese movimiento frenético de su pierna derecha, ni su mirada perdida hacia la mesa, ni tampoco su corazón queriendo ganar en una batalla de velocidad, lo era. 

Había hablado con Elena el domingo, el día anterior, sobre lo que debía hacer el lunes, pues ambos crearon un planning para que así Harry se centrara en lo que debía hacer y no se distrajera con los supuestos que se creaban en su cabeza cada vez que su mente le recordaba que Louis también estaría allí. 

AHH mierda. 

Dejó la taza en el fregadero y se fue a lavarse los dientes. Necesitaba un momento para él, para recordar cómo había que afrontar todo eso. Ese lunes, estaba más que dispuesto a pisar la universidad, y aunque sus padres le aconsejaron ir más despacio y coger libres los días que necesitara, Harry se sentía listo. O al menos hasta que se vio en el espejo y tuvo inmensas ganas de vomitar.

Realmente estaba nervioso. Mucho. Muchísimo. 

El simple hecho de saber que la probabilidad de verle era bastante grande le estaba creando un agujero en su estómago, dándole las mayores arcadas. A la mierda el desayuno. Si ya sabía él que iba a ser un desastre. 

Estaba inclinado aún en el lavabo, lavándose los dientes con más ímpetu tras haber echado casi sus tripas en el retrete. Cuando acabó, se miró en el espejo. No estaba nada mal. Esas ojeras oscuras desaparecieron justo el día anterior, y se encargó él mismo de descansar bien para poder ir presentable a las clases. Iba vestido con una camisa blanca abierta, como a él le gustaba, y unos pantalones negros ajustados, con un cinturón también negro que le hacía de alguna forma que su cintura se marcara de más. Su pelo estaba peinado para arriba, dejando mechones sueltos a sus lados,  no se echó ningún acondicionador, pues le gustaba lo más natural posible, aunque sus rizos a veces quisieran ser unos rebeldes. Todo esto se acompañaba con una cadena de cruz en su cuello y unas chelsea boots. 

En lo que viene a ser el calzado, no cambiaba mucho, a decir verdad. Pero tenía sus motivos. 

Definitivamente iba bastante elegante. Como lo era Harry cada vez que salía a la calle. Se volvió a fijar en su aspecto y no podía evitar lo que tantos esos ojos verdes como ese cuerpo esbelto le estaba pidiendo a gritos. 

¿Nos conocemos?  (L.S.)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora