Capítulo 17: Invasión daxamita (parte 2)

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Lena se encontraba en la habitación de la nave daxamita, estaba de brazos cruzados observando el maniquí que tenía en frente. El modelo llevaba puesto un vestido largo de un color rojo carmesí muy llamativo; sobre sus hombros yacía una pequeña especie de capa que llegaba hasta la mitad de su espalda; unas mangas cubrían desde los bíceps hasta las muñecas; un prominente escote adornado con una pieza metálica que bajaba hasta su abdomen; y como último detalle, una pequeña tiara para dejar en claro su nuevo lugar como reina de Daxam.

Sin duda el conjunto era hermoso, pero las circunstancias le quitaban lo bueno. Si no fuera porque Rhea amenazó con hacer volar los hospitales de la ciudad, no estaría a punto de ponerse ese vestido y mucho menos a punto de contraer matrimonio con Mon-El. No quería usar ese vestido para un montón de daxamitas que solo querían tener nuevos gobernantes para su nuevo imperio, la única persona para la cual le gustaría usarlo era cierta reportera que en este momento podría estar herida o peor.

Ese pensamiento la llenó de preocupación, no se había detenido a pensar en cómo Kara estaría viviendo la invasión daxamita. ¿Acaso estaría como prisionera? ¿Estaría desangrándose en mitad de toda esta locura? ¿Estaría muerta? Una lágrima rebelde se escapó de su ojo y bajó por su mejilla al imaginarse el cuerpo sin vida de la rubia.

Salió de sus pensamientos oscuros cuando escuchó como llamarón a la puerta. Pasó su mano por su cara limpiándose la gota de agua cargada de angustia, frustración, y tristeza.

—¿Diga? —preguntó sonando lo más firme y seria posible, tratando de que su voz no se quebrara por los recientes pensamientos.

—Su majestad nos mandó a arreglarla para la ceremonia, mi señora —respondió una voz femenina del otro lado de la puerta.

La azabache cerró los ojos y respiró profundo recordando que había una boda para la cual debía prepararse. Debía dejar esos pensamientos tristes sobre Kara, y en lugar de eso debía aferrarse a la idea de que donde fuera que ella estuviera, estaba bien. Su matrimonio debía seguir en pie, tanto por el bien de todas esas personas en los hospitales como por el de los demás ciudadanos de National City, y en especial por el bienestar de ella.

—Adelante —ordenó para luego ver como la puerta se abría dando paso a tres sirvientas. "Kara" dijo en su cabeza para tener un pensamiento feliz en medio de esta situación deprimente.

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—¿Cómo podemos trabajar con Cadmus? —le espetó Maggie furiosa a Supergirl—. Hemos peleado contra ellos un año. ¡No podemos confiar en ellos!

—¡Lo sé! Pero los necesitamos. Debemos intentarlo —protestó la rubia.

—Estamos perdiendo tiempo —llamó Lillian desde una de las mesas del bar donde estaban todos planeando su movida. Ambas mujeres que estaban discutiendo más alejadas suspiraron para dirigirse hacia dónde venía la voz de la mujer mayor.

—¿Dices que tienes un plan? —preguntó la kryptoniana llegando a la mesa.

—Sí —respondió la Luthor mayor—. Cuando Henshaw estaba en la Fortaleza de la Soledad...

—Forzó la entrada para robar un virus mortal y matar a extraterrestres aquí mismo —la interrumpió la detective con tono molesto.

—Descubrió que tu primo tiene un proyector de la Zona Fantasma entre sus artefactos kryptonianos —volvió a hablar Lillian.

—¿Un proyector? —intervino Winn— Suena muy poco sofisticado.

—Lo usaban para proyectar instantáneamente a los prisioneros al Fuerte Rozz —explicó la rubia.

Danvers sisters (Supercorp)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora