Bebí la segunda copa de un trago mientras atrapaba con habilidad de una bandeja una tercera. Cualquier cosa para anestesiarme, que impidiese a mi mente entrar en el círculo autodestructivo en el que me encontraba, para obviar las manos que se movían con aparente indiferencia, pero con firmeza, en la parte baja de mi espalda, el fuerte aliento con olor a coñac y puros que me invadía cada vez que hablaba, cerca de mí, observando detenidamente con ojos vidriosos mis reacciones a sus palabras...
—Has crecido desde la última vez que nos vimos —oí junto a mi oído—. Aún te recuerdo en vuestra casa de veraneo, corriendo con tu hermano y tu prima en torno a la piscina. Por entonces también tenías el pelo largo, y cualquiera que no te conociese hubiese tenido dudas de si eras Anna. ¡Parecías una dulce niña!
Su risa, aparentemente inocente, me provocó arcadas y unas tremendas ganas de huir del agarre de sus arrugadas y manchadas manos, de esa fiesta, incluso de esa maldita ciudad si fuese posible. Pero ahí estaba mi tío, omnipresente, un faro entre la gente y con el poder de atraer mi atención en cualquier situación. Una sola mirada suya bastó para que no me moviese del sitio, ordenándome que no molestase a nuestro anfitrión, pasase lo que pasase, como si hubiese leído mi mente y descubierto mis ganas de salir corriendo. Por suerte la propia Anna apareció en ese instante con su prometido y, aprovechando el momento de los saludos y las presentaciones, me escabullí entre la gente.
Como no podía huir de la sala, decidí refugiarme en algún lugar discreto, y si era cerca de la mesa de bebidas mejor. Esquivaba con una educada sonrisa a una pareja que se acercaba a hablar conmigo cuando lo vi de pasada por el rabillo del ojo. Se estaba despidiendo con un beso en la mejilla y una sonrisa de una mujer mayor que en vano intentaba retenerle. Entonces se alejó, con paso seguro pero tranquilo, hacia los ventanales.
Fue como si un montón de aves despertaran y empezasen a volar en mi interior, haciéndome elevarme a mí con ellas, e inmediatamente me vi arrastrado por una fuerza invisible hacia él, como si tuviese su propio campo gravitatorio del que yo no podía —ni quería— escapar. De camino tomé dos copas más y me paré con ellas, unos pasos detrás de él, permitiéndome unos segundos para observar tranquilamente la imagen que tenía ante mí. Vestía un sencillo traje negro y una camisa blanca, nada más, sin adornos ni artificios, y aun así destacaba entre todos, brillaba, como si fuese una de esas luces de la ciudad que ahora mismo le enmarcaban a través del ventanal.
«Eso es, es como una luz», pensé. «¿Será por eso por lo que me siento atraído por él? Porque donde él es luz yo soy oscuridad...».
—Espero que el acercarse silenciosamente por la espalda no se convierta en una costumbre entre nosotros —dijo de repente, volviéndose hacia mí.
Clavó sus ojos oscuros en los míos, risueños como los recordaba, y sentí una corriente eléctrica recorrer mi cuerpo de arriba abajo.
—No estaba seguro de si me reconocerías —dije. Tomó la copa que le ofrecía y, tras una sonrisa, nos volvimos a contemplar las vistas.
Tras confesarle sin querer mi odio por todo —y todos— cuanto me rodeaba comenzamos una ligera conversación, y por unos gloriosos minutos nada más importó, nada más dolió. Solos él y yo. Y sus sonrisas, y la forma en la que se tocaba el pelo de forma distraída, y... Y supe que podría pasar el resto de mi vida así —o el poco tiempo de vida que me quedase— con este placer sencillo, relajado. Con solo tenerlo cerca...
Pero la burbuja, como pasa siempre con ellas tarde o temprano, pronto estalló. A lo lejos vi a mi tío venir directamente hacia nosotros.
—Alec, te dije que no te alejases. Sabes que tu hermano va a dar un discurso y nos quiere junto a él —exclamó con una de sus más falsas sonrisas. No pude por menos que aplaudir ante la actuación. Era convincente al 100%.

ESTÁS LEYENDO
La curiosidad mató al gato
Mystery / ThrillerJacob es el mejor en su trabajo, y sus clientes lo saben y pagan por ello, pero todo cambia con su último encargo. Demasiado dinero, nula información y un objetivo por el que desde el primer momento siente una fuerte atracción y curiosidad .