08.

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—Padrino Luni, ¿por qué tenemos que vestir formal? —el pequeño Harry de 9 años cuestiona intentando apartarse la corbata, sin poder soportar la incomodad.

—Si Luni, ¿por qué tenemos que vestir formal? —el no tan pequeño Sirius sigue su ejemplo.

James no puede evitar sonreír con cariño ante el gesto compartido. Sirius y Harry eran tan parecidos en algunas cosas que era fácil pensar que realmente si era hijo suyo.

Aunque siendo sincero consigo mismo, Harry es su hijo.

Ambos lo habían criado, ambos estaban siempre ahí, sería extraño que no tuviera actitudes de alguno de ellos, o de ambos en dado caso. Ambos eran sus padres.

Tenía un hijo con Sirius.... Aquello aún le hacía sentir extraño. Su pequeño yo de 13 años habría brincado de la felicidad ante la idea de compartir su vida con su gran amigo Sirius. Bueno, no esta sucediendo de la manera que lo habría esperado, pero estaba sucediendo al final de cuentas.

—Porque es una ocasión especial, así que les agradecería, par de niños, que dejen de arruinar su vestimenta y se queden quietos —Remus intento mantenerse tranquilo, ese día debían ir a un par de reuniones y celebraciones y ciertamente era el encargado de que todo estuviera bien. Demasiada responsabilidad sobre sus hombros.

Sirius bufo por lo bajo ante la respuesta, poco conforme. Haciendo un movimiento de varita y desapareciendo su corbata y la de Harry, logrando que el pequeño suspire satisfecho, recargándose contra el costado de James.

—Gracias papi —Harry le sonríe a Sirius, quien le guiñó un ojo ante de pellizcar su mejilla.

El ojiverde mueve sus piernas con insistencia mientras busca con la mirada algo con lo cual distraerse. Nunca había podido permanecer quieto por demasiado tiempo, le gustaba estar en movimiento, correr, hacer travesuras. Era un pequeño merodeador en todo el sentido de la palabra.

Remus actúa antes de que haga algo que haga que pierda la paciencia.

—Ven aquí cachorro, te daré algo de chocolate si permaneces quieto a mi lado por 10 minutos —ofrece el castaño con una pequeña sonrisa sugerente.

Ofrecer chocolate a un niño inquieto debería ser la peor tontería del mundo, pero funcionaba con Harry.

Claro, no es que Harry hubiera sido un niño normal en ningún momento.

—Si padrino —casi cae al moverse rápido para colocarse al lado de Remus, sentándose junto a este antes de abrazarlo, sintiéndose afectuoso—. Te quiero mucho Luni —murmura contra el costado del lobo.

El corazón del hombre se ablanda mientras corresponde el abrazo. Amaba a su pequeño ahijado con todo su corazón, era una de las pocas cosas que le hacían sentirse bien, ser el padrino-tío de Harry le mantenía de pie, la sensación de hacer algo bien, algo por lo cual existir.

—También te quiero cachorro —besa la cabeza del pequeño mientras intenta no ponerse sentimental. Recibiendo una adorable sonrisa del menor.

Harry era tan tierno que a primera vista nadie nunca sospecharía de él. Nadie sospecharía que era un pequeño demonio, uno que trabajaba en hechizos con la varita de su padre a escondidas, que les hacía bromas y con un humor que con el tiempo se volvería sarcástico en extremo, porque Harry era un ángel, un ángel con demasiado poder e iniciativa sobre él. Uno que en las manos equivocadas crearía una revolución.

Del otro lado de la habitación Sirius se acerca a James, quien jalaba un poco de su corbata distraídamente, perdido en sus pensamientos.

—¿Remuevo la tuya? —murmura por lo bajo, intentando que el lobo junto a ellos no le escuche y por consecuencia regañe.

—Depende, ¿deberé llamarte papi también? —cuestiona con una ceja alzada agradeciendo la distracción, causando un inexplicable sonrojo en las mejillas del Black, sorprendiendo a James en el proceso.

Sirius era la persona menos tímida en el mundo. El Potter mayor podría contar con los dedos de su mano las veces que le había visto avergonzarse. Así que se encontraba bastante divertido por su reacción.

Pero era extraño, con anterioridad habían bromeado de aquella forma, y Sirius nunca se había puesto tan nervioso como lucia ahora.

Sin embargo, a pesar de las extensas ganas de indagar en ello James no pudo hacerlo, no cuando Sirius golpeó su brazo y le comenzó a relatar sobre cómo recuperó el mapa del merodeador.

James dejó de escucharlo a mitad del relato, mirando con atención los ojos oscuros de su mejor amigo, como sus labios rojizos se movían con rapidez, siendo humedecidos cada poco tiempo, como movía las manos de forma que le ayudará a explicar su relato.

Sirius siempre había sido hermoso, de niño, adolescente y ahora de adulto. James no cree haber conocido a nadie que se le compare y duda alguna vez hacerlo.

—¿James? —Sirius eleva una ceja antes de tronar sus dedos, atrayendo su atención—. ¿Me estas escuchando? —si bien es una pregunta no necesita una respuesta. Sabe que no lo ha hecho.

—Lo siento, me perdí un poco —el Potter rasco su nunca, cosa que solía hacer cada que estaba nervioso.

—¿Si? ¿En que? —había estado hablando por más de 10 minutos y James no le había prestado atención por pensar en sabrá Merlin qué tonterías.

—En que eres hermoso —no siente que sea algo demasiado importante, sin embargo hay cierto calor extendiéndose por su rostro apenas las palabras salen.

No le avergonzaba reconocer la belleza de otra persona, simplemente le avergonzaba como lo hizo sonar.

Una voz soñadora y un pequeño suspiro, parecía un maldito adolescente enamorado. Lo cual era extraño considerando que no era la primera vez que le decía eso a su amigo.
Y al parecer Sirius notó lo mismo, ya que miró hacia el otro lado de forma casi nerviosa.

—Tu también lo eres...

Ninguno de los dos sabe muy bien porque se sienten tan nerviosos ante sus comentarios, pero evitan mirarse a los ojos por un par de minutos mientras conversan por lo bajo. Un poco más cerca que antes.

Ambos ajenos a cómo Harry chocaba los cinco con Remus, brincando en su lugar de forma contenta al ver a sus padres "enamorarse de verdad".



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Se siente como una eternidad cada que vuelvo a actualizar aquí.

Side by side.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora