ELEODORO
El tiempo a veces pasa muy rápido y estos últimos tres meses han sido muy interesantes. Comparados claro, con toda la última década antes de que Nicolás apareciera.
Si no me sintiera un encajoso, iría diario a la librería, pero al socio de Nico parece que no le agrado mucho. Tal vez porque cree que le quito el tiempo y no puede esclavizarlo cómo quiere. Pero hasta donde sé, mi amigo es su socio, no su empleado.
Nicolás no habla mucho acerca de él mismo y, en cambio, parece estar ávido de todas las tonterías acerca de mi vida que pueda contarle. Cómo si fuera tan interesante. Puede quedarse horas escuchándome con atención y yo, que apenas si digo algo durante el día, me vuelvo una ametralladora de palabras en su presencia.
Yo quiero saber cosas sobre él también, pero no le gusta hablar de su vida. Dice que es aburrida y no hay nada relevante que decir. Francamente lo dudo. Es, en sí mismo, todo un personaje. Pero no quiero insistir. Sin embargo, me da miedo qué de tanto hablar, se me acaben los temas de conversación y se aburra de mí.
No hay nada peor que ser el centro de atención un día y el siguiente, caer en el olvido.
Lo estoy disfrutando, no lo niego, pero su interés me asusta, aunque me haga sentir importante y yo casi nunca me sienta así.
Además, es muy paciente conmigo y con mis manías, o con mis movimientos involuntarios.
Cuando era niño, mi madre solía gritarme y atarme las manos a la espalda para que no lo hiciera, hasta que mi abuela iba a liberarme pero, a veces, pasaban horas antes de que me encontrara porque me encerraba en el armario y nadie sabía en cuál, ya que cambiaba de lugar, dependiendo de dónde estuviera.
Es la clase de cosas que le cuento a Nicolás, aunque me gusta hacelo ligero para no caer en el melodrama. No quiero que me tenga lástima. Solo son cosas que me pasaron en la infancia y nunca le he contado a nadie más.
FRIDA
La vieja Hipólita cree que yo no sé qué le mandó hacer una prueba de paternidad al niño. Ni siquiera fueron a vernos cuando nació hace dos meses. Tuve que regresar sola a la casa con mi niño, como si no tuviera marido, porque el muy infeliz estaba revolcándose con la otra a esa hora.
Mi niño es hermoso. Tal vez lo digo porque soy su madre, pero es la verdad. Y tal vez es lo único bueno que ha hecho el miserable de su padre en toda su vida.
Juan lo único que hace es quejarse. Ni una vez lo ha cargado con el pretexto de que «le da miedo que se le caiga». Casi siempre lo ignora, igual que hace conmigo, pero al menos me da dinero para todo lo que necesita.
En un mes va a ser la posada del trabajo y me dijo que «tengo» qué ir con él. Seguramente supuso que podía ir solo para estar con esa vieja con la que anda, pero no pudo y por eso quiere que vaya.
No me interesan esas cosas, pero con tal de arruinarles la fiesta, voy a ir.
Hace poco tuve que ir al trabajo de Juan y me encontré con Eleodoro frente a frente. Se veía nervioso, molesto. Poco después supe por qué y Fanny me lo confirmó. La amante de Juan es Davina Gascón. Esa actricilla de quinta. No es que no lo supiera, lo sospechaba desde hace tiempo. La zorra se ha encargado de marcar la ropa de mi marido para hacerse notar, cómo la vulgar meretriz que es.
Mientras Juan no deje de cumplir con sus obligaciones, por mí pueden pegarse las ladillas que seguramente deben tener. No me importa ya. Solo lo siento por el pobre de Eleodoro, porque sé, al igual que todos allá, que Davina es su amor imposible. Ahora más imposible que antes.
ELEODORO
La maldita posada ya es este fin de semana y no tengo nada que ponerme. Nicolás me aconsejó que rentara un traje, pero no he encontrado ninguno de mi medida. O me quedan nadando o me quedan muy cortos y no se me ven bien ni ajustándolos.
Demasiadas molestias para una hora que pienso estar ahí.
La empleada trae algo entre las manos. Lo intentaré por última vez y si no, me llevo cualquier cosa de mi clóset que se vea decente o de plano no voy.-Esto es lo que tenemos -dijo la empleada con cierta pena y ya vi por qué. Es un traje guinda de terciopelo que parece de mago de fiesta infantil-. Mídaselo si quiere.
Mi flojera y escaso presupuesto no me permiten seguir buscando y estoico, lo hago, me lo mido y veo que me queda a la perfección. Ironías de la vida.
-Se le ve muy bien -dice la empleada. Creo que se está burlando de mí, pero parece sincera.
-Entonces me lo llevo -declaro triunfante con una sonrisa sincera que la empleada réplica.
Mitad porque se siente cómodo y mitad porque ya no quiero seguir buscando, decido usar esa cosa para la fiesta.
Siempre he sido el hazmerreír en ese lugar, al menos esta vez voy a serlo conscientemente.
Voy y se lo muestro a Nicolás, suponiendo que le dará un ataque de risa de media hora, pero es todo lo opuesto. Me recorre con la mirada dando un par de vueltas a mi alrededor y después de varios minutos de concienzudo análisis por fin dice:
-Necesitas una camisa negra. Es muy buena elección. Apuesto que todos llevarán un aburrido y común traje negro y entonces... ¡Boom! ¡Aparecerás con esto! ¡Resaltando entre todos!
-Sí, eso me temo -repongo irónico.
-Pero no lo digas en ese tono ¡Te ves espectacular!
-Deberías ir conmigo -digo mirándome al espejo de cuerpo entero que tiene en su cuarto.
-No puedo, cariño. Tengo cosas que hacer.
-¿Cómo qué? -cuestiono incrédulo.
-Cómo dormir temprano. Sabes que no me gusta desvelarme. Es malo para la piel.
-Está bien, abandóname en medio de esa manada de lobos hambrientos -dramatizo.
-Te llevaré flores al cementerio. Pero antes de que te vayas al salón, quiero que vengas para darte el visto bueno. Ningún amigo mío va a ir al matadero sin estilo.
-Claro, porque es muy importante eso.
-El estilo lo es todo, mi querido amigo.
NICOLÁS
Ese traje es realmente espantoso, pero en él luce como si fuera el traje más fino del mundo y hubiera sido hecho a su medida.
Dice que no quiere ir a esa fiesta, pero no deja de sonreír y de mirarse al espejo desde todos los ángulos. Presiento que hace mucho no se siente así de atractivo. Aun así de abandonado, se ve increíblemente sexy. Es una hermosa ruina en el medio de un bosque. Una a la que daría todo por explorar.
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ELE (Versión Extendida)
Romansa(Ele, versión extendida). Un escritor inicia una relación clandestina con la esposa de su peor enemigo, mientras al mismo tiempo, descubre que siente algo más que una entrañable amistad por su amigo Nicolás. Lee este drama con toques finos de humor...