17 de julio de 2018.
Niza, Francia.
Camino por aquel lugar con los vellos de punta y un escalofrío que me recorre de pies a cabeza, como cada vez que estoy aquí. Miro los autitos de juguete que llevo en mis manos y una sonrisa nostálgica se instala en mi rostro cuando el recuerdo aquella conversación en la que me dijo que, al morir, no quería que le pongan flores en su tumba sino que le gustaría que le pusieran autos de juguete, quizá alguna moto. En ese momento recuerdo que me reí ante lo descabellado e inusual que me parecía esa idea, pero la mayoría del tiempo él era así: descabellado y completamente inusual.
Llego a mi destino y mis ojos se agúan ni bien leo su nombre allí: Jules Lucien André Bianchi. Pasaron tres años desde aquel fatídico día pero aún no caigo en que ya no está más acá, al menos ni físicamente.
— Hola, Jules. — lo saludo luego de dejar los autos sobre su lápida y de sentarme sobre el césped. Juego unos segundos con mis dedos antes de volver mi vista allí. — Tres años, wow... Pasaron tantas cosas buenas y malas, pero no voy a contartelas porque estoy segura de que estuviste junto a nosotros en cada momento, apoyándonos y sosteniendo nuestras manos tal como lo hacías cuando... — un nudo se forma en mi garganta y siento las primeras lágrimas caer. Ya es el tercer año en que lo visito en el aniversario de su muerte y aún así no puedo decir en voz alta que murió, siento que eso lo hará real y eso es lo que menos quiero. Sacudo mi cabeza un par de veces. — No quiero aburrirte contándote las cosas que ya sabes, pero sí voy a repetirte, como cada noche cuando converso con tu estrella, la más brillante de todas, que por favor cuides a Pierre, a Charles, a Anthoine y al resto de los chicos, por favor, yo... no sé qué sería de mí si les pasa algo, si me faltan tanto como lo haces tú... — la voz se me quiebra justo cuando un sollozo se abre paso por mi garganta. Imaginar que podría pasarles algo, que pueden llegar a morir en cualquier momento me destruye por dentro. Y pensar en que Pierre puede morir y estando las cosas tan mal entre nosotros...
Sacudo la cabeza intentando eliminar esos pensamientos, pero no me prohibido dejar salir las lágrimas y los sollozos.
— Así que tu eres la que deja los autos cada año. — escucho una voz detrás mío, escucho su voz. Asiento sin girarme a verlo mientras intento secar las lágrimas de mi rostro. — Los extraño y necesito tanto... — murmura con la voz rota y no tarda nada en soltar un sollozo muy sonoro.
Me giro a verlo y noto que está de rodillas detrás de mí, las flores que le trajo a nuestro amigo descansan sobre el césped mientras sus manos cubren su rostro y su cuerpo convulsiona levemente ante cada sollozo.
Me pongo de rodillas antes de envolver sus hombros con mis brazos y atraerlo a mí para abrazarlo fuerte. En este momento no me interesa el pasado, sé que si a mí me duele lo de Jules a él le duele el triple, y como dijo recién necesita a su amigo y también me necesita a mí, porque sí, sé que se refería a mí.
Pierre no tarda mucho en reaccionar y devolverme el abrazo, apretandome fuerte contra su cuerpo, y apoya su cabeza sobre uno de mis hombros que no tardo en sentirlo mojado por sus lágrimas, pero no puedo quejarme porque su camiseta está quedando igual gracias a las mías.
— Lo siento, lo siento tanto, en verdad que sí... — murmura entre sollozos. — Si Jules estuviera aquí me mataría por lo que nos hice, por lo que te hice, y honestamente creo que lo merezco si al final soy una mierda de persona.
Niego repetidamente con mi cabeza pero no soy capaz de decir nada, tengo un nudo inmenso en la garganta que me lo impide. Quiero decirle que no es una mierda de persona y que para nada merece morir, pero solo me sale sacudir la cabeza. Igual creo que se da cuenta de lo que quiero decir ya que me aprieta más fuerte contra él.
Desconozco cuánto es el tiempo que nos pasamos justo así, pero nos separamos cuando una brisa helada hace que me encoja un poco contra él.
—
— Gracias por el café. — murmuro mientras sostengo la taza con ambas manos para intentar calentarlas. Era extraño que un día estuviera tan frío en julio.
— No, gracias a ti por la compañía. — me responde con una sonrisa pequeña. Tengo que admitir que ver sus ojos rojos e hinchados por haber estado llorando me parte un poco el corazón.
Luego de aquella brisa que nos agarró desprevenidos en el cementerio, Pierre dejó las flores sobre la lápida de Jules y estuvimos allí, simplemente en silencio, durante algunos minutos. Luego me invitó un café y no pude negarme, el solo pensar en que podría tener el mismo destino de Jules me erizó la piel y no puedo parar de pensar en que, si algo le pasara, odiaría que su último recuerdo de nosotros sean peleas y más peleas. Así que sí, quiero hacer las pases.
Aclaro mi garganta y sonrío, o al menos eso intento ya que siento que solo me salió una mueca. — No hay por qué.
Nos quedamos en silencio durante algunos minutos, ambos completamente absortos en nuestros propios pensamientos.
— No mereces morir, por favor no lo repitas jamás... — murmuro al cabo de un tiempo, ganándome su mirada completamente sorprendida. — No importa lo que haya pasado entre nosotros en el pasado, no te hace mala persona, todos cometemos errores.
— El mío me dejó sin la persona más importante en mi vida. — murmura y siento mi piel como de gallina.
— No, no lo hizo, Pierre. — extiendo mi mano sobre la mesa hasta alcanzar la suya y darle un apretón. — Estoy aquí, no me perdiste, bobo.
Pasan unos segundos y por su rostro empiezan a descender algunas lágrimas. — ¿Pero por qué estás aquí? ¿Por qué me perdonas? Yo no lo merezco. — me dice con su voz quebrada. El nudo en mi garganta se hace más grande aún, verlo llorar es algo que me hace mal.
— La vida es muy corta como para mantener resentimientos, Pierre. — digo en voz baja. Su mirada se mantiene en la mía y me trago el nudo en la garganta. — Además antes de que Jules... Cuando aún estaba en coma, le prometí que te cuidaría siempre, ¿sabes? Y al pasar lo que pasó entre nosotros enterré esa promesa, pero siento que hoy Jules quiso que coincidieramos en el cementerio, que quizás él me está pidiendo que cumpla mi promesa.
Pierre suspira. — Jules siempre fue muy sabio.
Asiento. — Y el más maduro de todos nosotros, aunque eso no es difícil de alcanzar. — bromeo.
Pierre sonríe divertido y mira durante unos segundos hacia nuestras manos aún entrelazadas. — Mi abuela tiene cáncer, nos avisaron hace dos meses. — un jadeo de sorpresa se me escapa y aprieto su mano con más fuerza. — Vengo pasándola como la mierda, sabes cuánto la amo y lo que significa para mí... — nuestras miradas vuelven a encontrarse y, con una sonrisa nostálgica en su rostro, asiente un par de veces. — Este reencuentro sí que fue planeado por Jules, él sabe lo mucho que te necesito, Thylane, y más en estos momentos.
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BEGGING • Pierre Gasly
Ficção AdolescenteCuando Pierre se reencuentra con su ex solo puede pensar en que debe recuperarla, ¿pero estará dispuesto el piloto a rogarle?