Ecos

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Ya había pasado un año desde la pelea entre Killua y Gon... Un año desde que sus corazones se rompieron permanentemente al entender que no tuvieron la suerte de corresponderse al mismo tiempo. Y un año desde que la frustración comenzó a desaparecer dejando una sombra imborrable en sus vidas.

En los primeros meses Gon estaba estancado en la fase de la negación, hasta que comprendió que Killua no volvería a entrar por esa puerta.

Su admirable figura desapareció, ya que se alimentaba a base de dulces y no salía de su casa.
Un día Leorio se hartó y lo obligó a ir al gimnasio por su salud física y mental. Luego se volvió un adicto a la actividad física, tanto que Kurapika tenía que inventar excusas para que lo acompañara a hacer trámites en vez de desgastarse en un gimnasio.

Los dos hacían un esfuerzo enorme para que ni Gon, ni Killua se dañaran más de lo que estaban. No les gustaba tocar el tema y cuando surgía lo cambiaban inmediatamente. Realmente eran unos buenos amigos, sin ellos, la vida de los chicos sería un infierno.

Killua por su parte estaba "bien". Le gustaba vivir con Mía y despertar todos los días en sus brazos, pero sentía que le faltaba algo. Algunas veces las ganas de llorar lo consumían y se escondía a sufrir en silencio.
Al principio miraba el cielo todas las noches antes de dormir y le pedía a las estrellas poder corresponderle a Gon, para que al fin sus corazones pudieran estar en sintonía. Pero cada momento que pasaba con Mía alejaba esos deseos más de la realidad.
Amaba a Gon, pero no de la forma en que deseaba. Y comprendió que no debía obligarse a sentir algo que simplemente no surgía de manera natural.

Así pasaron los meses, hasta que una horrible noticia hizo que Gon volviera a caer en depresión, Killua iba a casarse.
Cuando por fin pensó que lo había superado, la realidad lo abofeteó trayendo todos los ecos de su amor no correspondido a su corazón.

A Leorio por error se le había salido esa información en un almuerzo y mientras Kurapika lo reprendía, Gon se encontraba en un enorme vacío existencial. Él se había quedado en el pasado, sin ni siquiera intentar retomar su vida, mientras Killua había seguido viviendo a toda prisa. Después de todo ya tenía 27 años, no le parecía una edad tan absurda para contraer matrimonio.
Suspiró y se aguanto las lágrimas para seguir comiendo con "normalidad."

-¿Gon... Estás bien?- Leorio lo miró preocupado al ver una mirada vacía.

-Claro... Sólo me extrañó que no me invitara... Después de todo fui su mejor amigo toda la vida.- Tomó un sorbo de jugo y siguió comiendo bastante tranquilo, haciendo pensar a sus amigos que ya había superado la situación.

-Si quieres le puedo pedir a Killua que te invite... Veo que ya lo superaste.- Interrumpió Kurapika intentando llamar la atención de su amigo.

-Si no quiso invitarme fue por algo...-

Leorio acomodó sus lentes antes de hablar. -Es porque Killua piensa que sigues enamorado de él y tiene miedo que interrumpas con ¡Yo me opongo! O algo así.-

Gon se atragantó con la comida y comenzó a toser, realmente Killua sabía lo que era capaz de hacer y estaba siendo precavido.

-¿Yo?- Tosió con fuerza y carraspeó su garganta.- ¿Yo enamorado de Killua aún?... El amor es algo que se alimenta todos los días y Killua dejó de alimentarme hace tiempo, no puedo estar detrás de él toda mi vida.-

Kurapika y Leorio se miraron asombrados, Gon sonaba demasiado convincente y eso significaba tres cosas; la primera que se había vuelto un psicópata experto en ocultar sus sentimientos; la segunda que se había vuelto un mentiroso compulsivo y la tercera, que realmente había superado a Killua. Prefirieron creer en la última opción por su salud mental.

Gon agradeció la comida y se fue a su departamento caminando, a pesar de que Kurapika insistió en llevarlo en su auto.

-Siento la necesidad de caminar.- Le dijo al rubio y este dejo de insistir.

Se perdió entre los suburbios con sus manos en los bolsillos y vió una cabellera albina a lo lejos. Su corazón se aceleró por un momento, pero pudo identificar que ese no era un blanco natural si no uno teñido y comenzó a reír. Definitivamente no quería ver a Killua, no quería caer en la locura otra vez.

Llegó a su departamento y se descargó una app de citas, debía continuar su vida después de todo.

Soy Gon, tengo 27 años.
Me gusta la diversión y los dulces,
si vas a comprarme dulces, puedes
escribirme.

Su descripción no le convencia del todo, pero era una tonta app de citas nada más. Buscó fotos en su galería y escogió 4 diferentes para que pudieran ver todas sus facetas.
La primera era una de él sonriendo, en la segunda estaba con un perrito, en la tercera estaba comiendo dulces y decidió que la última sería provocativa, pero no a un nivel excesivo. Escogió una foto en la que estaba sentado en el parque sujetando la parte inferior de su camisa con los dientes, mientras mostraba sus perfectos abdominales que tenían dibujados una carita feliz con un plumón permanente.
Leorio le había dibujado esa vez porque estaba orgulloso de su progreso y se las estaba dando de profesor infantil. De hecho Kurapika tenía la cara y las manos llenas de caritas felices ese día.
Sonrió al recordar esa agradable salida y suspiró. -Finalmente aprendí a vivir sin ti Killua.-

Las semanas volaron y Gon no recibía ninguna invitación de Killua, realmente se estaba empezando a preocupar. ¿Y si realmente no lo quería ver nunca más?
Estaba dispuesto a buscarlo y mentirle acerca de sus sentimientos para que volvieran a ser tan amigos cómo antes, pero el miedo de ser descubierto en la mentira le impedía actuar.

Solo faltaba un día para el matrimonio y el moreno había vuelto a caer en depresión. Se miró al espejo y estaba demacrado, así que decidió darse un baño que le sintió mucho mejor.

-Estas que ardes Gon.- Se miró divertido al espejo y luego se burló de si mismo, menos mal nadie había visto eso.

Prendió la radio de la sala para distraerse y mientras caminaba por el pasillo creyó escuchar el timbre. Agudizo su oído y lo comprobó, efectivamente estaba sonando el timbre.
Empezó a sonar su canción favorita de Bruno Mars así que entre bailes y cantos se dirigió abrir la puerta y lo vió.

Su mundo se paralizó por completo al igual que su corazón, no podía estar pasándole esto justo ahora. Se puso completamente rojo al notar que solo estaba en toalla, pero su cuerpo no reaccionaba y solo estaba quieto mirando esos ojos azules con los que hace tanto tiempo no se topaba.

Killua sentía que se le iba a salir el corazón, hace mucho no veía a Gon y estaba más guapo que nunca. Su cuerpo comenzó a temblar de los nervios y supo inmediatamente que fue mala idea invitarlo personalmente a su boda.

Quizás, después de todo, las estrellas si habían escuchado sus ruegos.

No Correspondido (Killugon, Gonkillu)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora