~CAPITULO 22~

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Un mes, ha pasado un mes de que se marchó Samuel y sólo falta medio para que regrese.

En el cual he visitado más a mi madre, casi todos los días lo hacía y como no tenía que asistir a la empresa más que ir hacer un chequeo ya que soy la esposa del jefe, o cuando Samuel me pedía algo importante que se encontrara allí.

Volví a retomar el tiempo con mi familia y lo necesitaba, y también con la de Samuel. Después que él se fuera su madre y Lucía se comunicaron conmigo y me preguntaron qué nos estaba pasado, si teníamos problemas en nuestro "matrimonio", lo cual era cierto, querían ayudar porque saben como es Samuel pero les medio mentí ya que les dije que sí habíamos tenido unos problemillas entre ambos pero que ya estaba solucionado y que antes de que él se fuera habíamos solucionado la situación, lo que es verdad, así que también he pasado tiempo con ellos y son maravillosos.

En cuanto a Samuel y yo nos comunicamos en temas de trabajo o por algo importante acerca de nosotros o del departamento por ejemplo ahora que estado en casa, obvio que he tenido tiempo de sobra, así que le dije a Samuel que le diera vacaciones a la señora de limpieza, ya que iba a estar yo y podría hacerlo sin problema alguno, al menos hasta que él regresara.

Y no voy a mentir, sí lo he extrañado un poco, estaba acostumbrandome a su presencia que me a costado algo estar sola pero también necesitaba esta tranquilidad, tuve mucho estrés.

Y por lo que sé, él también la ha estado pasando bien porque una vez fue visto por la prensa salir de un Club con fama... ya saben tipo prostíbulo, gracias a Dios solo pero no hay que tener dos dedos de frente para saber que fue hacer ahí.

Estoy buscando el regalo que le compré a mamá, hoy es su cumpleaños, no saben lo que me regaño por casi desaparecerme un mes y le dije lo mismo que a la familia de Samuel.

Cuando lo encuentro, salgo y me dirijo a buscar un taxi. Alcanzo uno, le digo la dirección al chófer y rumbo a la casa de mamá.

Llego, pago el taxi y bajo, camino a la puerta y como todavía tengo mis llaves abro y entro. Las veo en la sala a las tres riendo.

—¡Hola! ¿Cómo están mis bellas mujeres?—pregunto sonriendo.

—¡Hola, amor mío!— Saluda mi madre.

—Hola, preciosa—dice Sabrina.

—¡Hola, cariño! Nosotras fantásticas, ¿tú?—inquiere mi tía.

— Me alegro y yo muy bien—digo mientras me acerco a mi madre y le entrego el regalo—, esto es de Samuel y mío y aunque te lo dije anoche ¡Feliz cumpleaños!

— Gracias hija pero no hacía falta, con tu presencia me sobra y basta— Confiesa regalandome una sonrisa.

Y así paso todo el día con ellas entre risas, anécdotas, comiendo y jugando con juegos de mesa.

____☆☆☆____

SAMUEL

Sigue así, perra—ordeno mientras tomo su cabello en puño con mi mano.

Una rubia me la está mamando delicioso mientras estoy parado, estoy por correrme, así que tiro de su cabello hacía atrás y la miro como tiene sus mejillas enrojecidas y su maquillaje corrido por las lágrimas que soltó a lo que se metió profundo mi miembro.

— Abre la boca— Mando y ella lo hace.

Tomo mi polla y comienzo a masajearla, subiendo la velocidad mientras con la otra tengo todavía el cabello de ella, siento que estoy por llegar a mi orgasmo y me corro en su boca para luego que trague mi semilla saboriandola.

La tomo del brazo levantandola de la orilla de la cama y la tiró en ella, abro sus piernas y me coloco entre ellas sintiendo con mi virilidad lo húmeda que está y excitandome más, la beso con desenfreno y hago un camino de besos de su mandíbula a su cuello bajando, llegando a sus redondos pechos metiéndome uno a la boca mientras apreto y masajeo el otro, ella gime y arquea su espalda. Hago lo mismo con el otro y sigo bajando por su abdomen con besos y mordidas mientras ella toma mi cabello y tira de el gimiendo.

Llego a su pubis y lamo, bajo y comienzo a jugar con su clitoris con mi lengua mientras escucho sus gemidos penetrantes, introduzco mi dedo del medio y con el pulgar froto su clitoris, ella toma las sábanas en sus manos apretandolas, le agrego el dedo anular y hago rápidas penetraciones, sus paredes se contraen al rededor de mis dedos y saco mis dedos, ella me da un gruñido por no dejarla llegar y coloco sus piernas en mis hombros en un rápido movimiento sorprendiendola y sin más la penetro de una estocada comienzo las embestidas rápidas y profundas mientras ella levanta más su cadera pidiendo más, toca sus pechos con una mano y la otra se lleva sus dedos a su boca dejando saliva en ellos para bajarlos y masturbarse con ellos, sigo con unas embestidas más hasta que siento que los dos estamos próximos a corrernos y así lo hacemos unos segundos después soltando un gruñido y un grito de ella.

Salgo de ella y me tiro a su lado. Los dos con las respiraciones aceleradas y con la cara roja.

—¿Qué diría tu esposa si supiera de esto?—pregunta, la miro con el seño fruncido y tiene una sonrisa de oreja a oreja.

— No hables de ella, no quiero que la menciones, ¿me entendiste?—digo molesto mientras me levanto y la miro de arriba—, y si llegas a mencionar esto te juro que arruino tu estupida vida, es una advertencia yo nunca juego.

Ella asiente.

— Sí, lo entendí. Tranquilo no diré nada—dice con las cejas alzadas.

Camino al baño con mi ropa, me la coloco, lavo mis manos, cara y salgo de la habitación y noto que ella se fue. Salgo del Club me adentro en el auto y me pongo en marcha a mi hotel.

Entro en la suite, camino a la habitación y me desnudo dejando la ropa en el cesto de la ropa sucia, me meto al baño y abro la regadera mientras cae la lluvia artificial en mi cuerpo, termino, coloco una toalla en mi cintura y lavo mis dientes.

Termino de vestirme con mi pijama y me adentro entre las cobijas, enciendo la tele y pongo algo de deporte.

No voy a negar que no extraño un poco a Kayla, más que nada su presencia, es extraño pero a causa de eso he llegado a bajar mi nivel de excitación sexual. En lo que llevo de mes solo he follado tres veces y encima con la rubia de hace rato, cuando nunca fui de sólo hacerlo con una.

Ya quiero que pase este tiempo que falta que este aquí para llegar a casa, y reírme de sus enfados.






Contrato de la Felicidad ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora