Hace algunos milenios donde todavía el mundo era gobernado por reyes y se llegaba a creer en la magia, vivía una leyenda de dos amantes que estaban destinados a encontrarse para siempre.
En lo alto de una colina, al extremo noroeste del reino, una mujer gritaba pidiendo auxilio; su frente se encontraba perlada de sudor, mientras que su amado sostenía su mano haciendo que el dolor se transmitiese a él; con un último esfuerzo aquella mujer emitió un sonoro grito, siendo las 10:25 de la mañana el llanto de un pequeño varón se llegó a escuchar en toda la colina. El hombre cortó el cordón que ataba ambas vidas; preocupado, mientras limpiaba al niño vigilaba a su esposa que respiraba con dificultad. Cuando terminó envolvió al recién nacido en una manta y corrió a tomar el pulso de su esposa, corroborando que ya había perdido la vida. Cerró los párpados de su amada y tomó al niño en brazos mientras salía corriendo directamente hacia el bosque; un trueno retumbó en todo el reino, pero no era un trueno normal, era algo maligno. Algo que al escucharlo te erizaba la piel.
Escondido entre las sombras de los árboles, un cazador observaba la escena de un padre protegiendo a su único hijo; con un dolor en el pecho y lágrimas en los ojos aquélla persona tomó la daga que ocultaba en su saco y sin una pizca de compasión le arrebató la vida a aquel hombre cortándole el cuello de lado a lado. Sostuvo al niño en brazos acunándolo entre sus brazos para que parara de llorar, lentamente quitó la manta de su cabeza para asegurarse que el estuviera en buen estado, el pequeño mostró sus enormes ojos azul celeste; los cerró un segundo y cuando volvió a mirarlo, estos se volvieron tan verdes como las hojas de los árboles en primavera. Impactado ante aquel acto el hombre corrió en busca del anciano que había pagado por el robo del infante, se apresuró a llegar a la cabaña; pues tuvo miedo de aquella acción que se llevó a cabo y en cuanto se abrió la puerta depositó al niño en brazos del anciano echando a correr nuevamente a las profundidades del bosque.
En la parte suroeste del reino, en la punta de una de las torres más altas del castillo, posaba en una cama con sábanas de seda una reina que era atendida por los médicos del reino. Tiempo atrás la salud de la reina se iba deteriorando poco a poco y todo el reino temía que ni ella ni su hija llegan vivas al día del parto, pues ningún médico había pronosticado la enfermedad de la reina. Hecho un manojo de nervios, el rey, esperaba al otro lado de la puerta con ansias la llegada de su progenitora; cada segundo que pasaba, se escuchaba más movimiento en el cuarto y cuando por fin estos cesaron, el reloj marcaba las 10:25 de la mañana, la reina pudo dar a luz a una pequeña niña; el primer llanto de su pequeña fue escuchado, ahí fue cuando el rey interrumpió en la sala viendo por primera vez a su hija en brazos de su amada. Se acercó a los amores de su vida, la reina con una voz apenas audible susurro el nombre de la pequeña para dejar caer su mano donde momentos antes la estaba acunando, y así, sin más dejo esta vida; el llanto de la recién nacida se hizo presente junto con un trueno que erizó la piel de cada persona de la habitación. El rey tomó a su pequeña en brazos tratando de protegerla del mal que sentía en el ambiente, las sirvientas se encontraban en un rincón de aquella habitación protegiéndose unas a otras mientras veían aquella conmovedora escena. Apenas acostumbrándose a la vista del cuarto, la pequeña miró a su padre por primera vez; los ojos verdes como los de su difunta madre brillaban más que todas las estrellas juntas, pero cuando la princesa volvió a parpadear un azul intenso como el cielo se apoderó del color de ellos.
En silencio al calor de un pequeño fuego y ante la presencia de la pérdida del amor de su vida, el anciano y el rey crearon un pacto; un pacto que solo su mente era testigo de ello, nadie sabría del secreto de aquellos niños; pues el rey sabía que, aunque su hija sería criada y amada desde ese momento, algunas personas la llegarían a considerarla una amenaza y aquel viejo no quería que la guardia real se enterase de su crimen.
Nadie sabía hasta el momento que, en aquel reino, el mismo día y a la misma hora nacían dos almas que estaban destinadas a encontrarse hasta el final de los tiempos, dos almas que al ser unidas podrían desatar la peor peor de las guerras.
FRANCIA 2001
En una pequeña granja a las afueras de Francia vivía una feliz y humilde pareja; en el cuarto de aquel matrimonio la dama estaba a punto de dar a luz, sin tantos recursos decidieron tener a su niño en casa, todo estaba listo y programado para que saliera perfecto, o al menos eso querían creer. Entre gritos sofocados de aquella mujer y un marido desesperado por no saber qué hacer, el primer llanto de un varón se hizo presente en la habitación, el calendario de la vieja casa marcaban los días: 23 de julio del 2001 y el reloj marcaba la hora exacta, a las 6:28 de la tarde; apenas se escuchó el primer llanto, aquel granjero acunó en sus brazos al pequeño pasándole su débil cuerpecito a su esposa, está emitió un gemido de dolor, aquellos ojos que un minuto antes miraban con amor a sus dos hombres se les iba apagando la vida; el hombre con el corazón roto salió de la granja con su pequeño niño de ojos verdes, pues aún tenía una última deuda que pagar. Eran ya las 8:00 de la noche y en una cantina entre tragos de alcohol y un corazón roto se encontraba consolándose así mismo por el pecado antes cometido; pues ese día el granjero no solo había perdido a su amada, también había perdido a su único hijo.
En lo que parecía una vieja casona un señor de traje fino sentado junto a la chimenea le relataba una historia a un pequeño niño con apenas horas de nacido.
"Hace algunos meses una pareja de granjeros se quedó sin alimento y sus cosechas estaban muriendo poco a poco, a la esposa del granjero le faltaban tan solo un par de meses para dar a luz, pero ambos sabían perfectamente que la mujer no llegaría con vida al parto, desdichado, el granjero se dirigió hacia el pueblo para ahogar sus penas en alcohol, ebrio empezó a gritar por todo el lugar que necesitaba ayuda para mantener a su esposa y su futuro hijo, un señor que nunca pudo tener hijos escuchó atentamente su relato y con sigilo se acercó al hombre ofreciéndole un trato. El hombre ebrio sin saber que hacer dio la vida de su único progenitor a cambio de algunas riquezas para mantener a salvo a su amada, creyendo que esta sobreviviría al parto y cuando ambos se recuperan huirían de ese lugar dejando al señor con una gran deuda por pagar. Con el tiempo las cosas se complicaron y el medicamente era cada vez más escaso; para el dia del parto la mujer estaba más débil que nunca, cuando dio a luz su cuerpo no lo resistió y ella falleció, el granjero sumido ante la desesperación de no saber cómo cuidar a un recién nacido se encaminó decidido ante la casa de aquel hombre que había conocido en una noche de tragos para entregarle entre llantos al único recuerdo que le quedaba de su amada. "
Sin siquiera comprender las palabras de aquel hombre, el infante lo miraba con gran asombro y en un destello que provocó algún carro que iba pasando por la vereda , los ojos del pequeño pasaron a cambiar de color de un esmeralda a un precioso celeste.
Quien diría que esa misma mañana del 23 de Julio a las 6:28 de la tarde en una pequeña privada a unos cuantos kilómetros de ese lugar, una joven pareja recibía en brazos a una hermosa niña; cabello negro y ojos azules como el cielo, la pequeña Odette dio su primera sonrisa a sus padres y en ese momento lo que para ellos fue un milagro para ella sería el comienzo de una historia, una en la cual nadie está preparada para vivirla.
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La mirada del pasado
Fantasy"Hace algunos milenios donde el mundo todavía era gobernado por reyes y se llegaba a creer en la magia, vivía una leyenda de dos amantes que estaban destinados a encontrarse para siempre". Esta es la historia de Agatha e Ihan, dos jóvenes con un fut...