A pesar del par de años que llevaba ya viviendo en EE. UU. nunca había asistido al festejo común del 4 de julio; no era mucho de asistir a lugares así de concurridos y con un ambiente de tan altos decibeles. Pero ya sus amigos le habían insistido en participar, en especial aquel al que calificaba más como un confidente, Steve “Patriota” Rogers. Y no había forma de negarse, mucho menos si era por su cumpleaños.
—Sabes que él irá, ¿cierto? —aún así, intentaba zafarse de la salida, mientras se arreglaba para la misma pues aquellas eran sus últimas patadas de ahogado para quedarse en casa.
—¿Y cuál es el problema? —jamás hubo una explicación o la oportunidad para Natasha de inventar una excusa, pero después de esa “confesión” escuchada por accidente por uno de los amigos del rubio, encontrarse con él era lo menos que quería hacer— Yo creo que ya es momento de que lo hablen, de verdad
—Me parece una idea excelente, ¿por qué no primero me disparas en la pierna? Ven, te diré dónde para que des justo en un nervio —con una enorme sonrisa que contribuía a su sarcasmo, terminaba de acomodar su rizada cabellera.
—Dices que no quieres enfrentarte a él, pero yo creo que te ves hermosa
—Gracias, pero ¿eso qué tiene que…? —ni siquiera terminó con su pregunta, pues la sonrisa del rubio, con algo de burla, le explicaba más que suficiente— Te crees muy listo, ¿no, Rogers?
—No es eso, simplemente creo que él apreciaría saber que el motivo es su presencia
—¿No puedo estarme arreglando por mí? —se cruzó de brazos, expresando desaprobación ante la idea que, claramente, no estaba en las palabras de Steve, pero quizá el truco colaba y ella se libraba de tener que admitirlo; realmente esperaba encontrarse con Helmut.
—Claro que puedes, pero algo en tu lenguaje corporal me dice que eso no es el caso el día de hoy, ¿me equivoco? —agradecía no tener que responder pues, apenas abrió los labios el timbre de su departamento evitó que emitiera sonido alguno— Ah, llegaron por nosotros
—Creí que nos encontraríamos con ellos ahí —había algo que le daba mala espina, y no tardó en comprender lo que era.
—Helmut, qué bien que hayas podido darnos un aventón —en su mente sólo podía maldecir la astucia que Steve había emulado de ella; si la trampa hubiese sido para alguien más, incluso lo felicitaría
—No podía dejar que el cumpleañero fuese caminando, ¿no? —ella se mantenía al margen, casi ocultándose detrás de la espalda de su mejor amigo, al cual deseaba dar cuando menos un ligero golpe en la cabeza, pero ese sería su regalo, no tomar venganza por esa treta que le había hecho— ¿Están listos?
—Casi, tengo que llamar a Scott —y de nuevo, algo que la haría sentirse orgullosa le estaba provocando más nervios que los que jamás en su vida había sentido; los cuales fueron a peor cuando Steve abandonó la habitación para realizar la “llamada”
—Natasha, ¿Romanova, verdad? —sintió la mirada de Zemo sobre ella y quería que la tierra se la tragara.
—Sé que crees saber lo que escuchaste, pero era sólo una tontería, ¿de acuerdo? Steve y yo bromeábamos, como siempre —esperaba aquella excusa fuera suficiente, aunque también temía haberse echado la soga al cuello pues la mirada extrañada del contrario le daba a entender que quizá ni siquiera lo recordaba.
—¿De… acuerdo? —y era como si la simple presencia de Helmut le quitara gran parte de su calma y agilidad mental— ¿Estás bien?
—Sí, lo lamento —suspiró, era más que obvio que había metido la pata, pero él era tan dulce que no se lo diría— Natalia Romanova, en realidad, pero el acento me suele jugar en contra
—Bueno, yo diría- —tan de la nada como se había marchado, Steve volvía después de lo que se habían sentido horas para ella.
—Scott nos verá ahí, ¿nos vamos? —no sabía si agradecerle haber aparecido o recriminarle dejarlos solos por tanto tiempo, pero se limitaba a repetirse, como si de un mantra se tratara, “no debo lastimar al cumpleañero”
Con eso en mente, el resto de la noche se le fue en evitar a Helmut; en el auto se apresuró a entrar en el asiento trasero, dando como excusa que el cumpleañero debía ir al frente. Al llegar su misión se complicó un tanto más, pero se las había arreglado; si ella hablaba con Steve y el castaño se acercaba a ellos poco podía importarle si la conversación era de vida o muerte, Natasha escaparía; incluso si era su turno en la fila de comida, tener a Zemo aproximándose era señal de correr.
—Esto es demasiado —su condición física no era mala, pero es que hasta ella tenía un límite, uno que estaba próximo si continuaba sin comer bocado— ¿Tienes agua? —el joven pelinegro, con una mirada preocupada, le ofreció su botella— Gracias.
—¿Esto es por lo que me contó Steve? —casi se ahoga cuando escuchó la pregunta.
—¿Te lo dijo, por qué no simplemente lo publica y sella mi miseria?
—Me lo dice todo, Natasha; ¿algo de comer? —le ofreció una banderilla intacta, y ella no pudo más que casi llorar de la emoción.
—Eres mi favorito ahora, Lang
—No le digas eso a Steve, se pondrá celoso —ella asintió, degustando el grasoso y delicioso bocadillo que se le había ofrecido; tenía muchísimo mejor sabor al de siempre, quizá porque moría de hambre— El show de fuegos artificiales está por empezar, ¿vienes?
—Bien, pero no me despegaré de ti; no te atrevas a traicionarme —seguía comiendo, pero intentó ser tan amenazadora como le fuese posible.
Scott se limitó a reir por lo contradictorio que era ver a Natasha intentando dar miedo mientras a lo bajo decía que la banderilla era como la gloria misma. Empezó a caminar hacia el centro del parque, donde todos se reunirían para disfrutar del show de luces.
Natasha se mantuvo al costado de la pareja, un poco alejada pues tampoco quería ser el mal tercio, incluso si eso podía ser una venganza contra Steve. La oscuridad de la noche le daba un toque especial a las primeras explosiones coloridas, incluso lograron hacer que se olvidara de sus constantes huidas de a quien hacía rato no había tenido la oportunidad de ver. Ahora sólo podía pensar en él, en cómo su mirada parecía estudiar cada pequeña facción de su rostro, intentando descifrar lo que había en su mente.
—¿Qué-? —su cuerpo dio un pequeño salto cuando una fría mano se apegó a la suya, entrelazando los dedos de ambas.
—Natalia es un nombre hermoso —aunque susurraba, esa voz era inconfundible para ella, el dueño de la misma y de la mano que se aferraba a la suya no era otro que aquel de quien había estado huyendo la noche entera— Por cierto, ¿es verdad, sólo bromeabas? —no podía con la rapidez con la que su corazón latía, y si tuviese un espejo de frente, sabría que sus mejillas lucían tan rojas como su cabello.
—Entonces sabías a lo que me refería —apenas podía hablar, y eso parecía encantarle a Helmut.
—Por supuesto, no podía pensar en otra cosa —alzó aquella mano que tenía libre, acariciando la cálida mejilla de Natasha, acercándose así a su rostro para poder besarla bajo la luz de los fuegos artificiales.
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Fʟᴜғғᴛᴏʙᴇʀ [2021]
Fiksi PenggemarUn drabble/narrativa por día, todos con una pareja que se ha robado mi corazón y de la cual no he leído mucho, así que... WidowBaron supremacy. Los temas son de la página Es de fanfics (https://www.facebook.com/EsDeFanfics/) Los personajes son propi...