Sólo una Míriam

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Míriam.

Emocionada. Me preparaba para salir. Hoy cumplimos dos meses. Algo insignificante pero excitante. Me había puesto mi mejor vestido. Negro y ceñido. Sexy. Mi abrigo y mis tacones a juego. Resalto de las curvas.

Una calle. Otra. Habíamos quedado en la parada de bus. Mi corazón latiendo a mil. Nerviosa.

Una hora. Dos. No aparecía. Sin darme cuenta mi cuerpo temblaba. La luz me abandonaba. Lentamente.

No voy a pensarlo. No. No... ¡NO!

Mi mente gritaba a los cuatro vientos. Puede ser un retraso. Nada más. Solo había que esperar un poco mas, me decía a mi mismo.

Me resigné. Había pasado otra hora. Ninguna de las llamadas obtuvo respuesta. Preocupada, triste.

Paso a paso volví hacía casa. Ese lugar sólo y gris. Dónde nadie me esperaba.

La puerta se abrió. Fácilmente. Subí hacía mi habitación. No podía permitir seguir con esas pintas de fracasada.

Pasé por delante. Esa habitación prohibida. Ruidos. Mis manos temblando. El miedo se apoderaba de mi. Tenía que saberlo.

Abrí la puerta. Ese chico tan familiar estaba allí. Descaradamente. Acompañado. Quien jamás me hubiera pasado por la mente.

Mi vista borrosa y mi cabeza daba vueltas. Una mezcla de sentimientos ocultos surgían de las profundidades.

-¿Qué haces aquí?- intentando ocultar mi temblorosa voz. Sin efecto.

Me miraban sonrientes. Sus miradas burlonas lo decían todo. Era su juego y yo caí en ella.

-¡Fuera!- Grité. Sacando todo el aire de mis pulmones. No hicieron caso. La rabia se apoderaba de mi. Me acerqué hacia ella rápidamente. La agarré del brazo con la intención de sacarla. Surgiendo de mi, la fuerza bruta.

Fred consiguió deshacerse de mi rápidamente. Tirándome al suelo. Como si fuese un papel. Tan ligero.

Les miré con odio, rabia y temor a la vez. Helen cruzó sus brazos, riendo. Demostrando su lado mas horroroso.

-Ni se te ocurra tocarla- Me advirtió Fred sin miramiento. En comparación con Helen yo no era mas que una mota de polvo.

-¿Cómo puedes estar haciendo esto?- Pregunté aunque ya sabia la respuesta.

-Vamos Fred ya no hay nada que hacer aquí, solo es perder el tiempo hablando con esta niñata.- Mientras caminaba hacia la puerta, contenta de su triunfo. Fred le seguía detrás. Su fiel escudero.

Me sentí miserable e inútil. ¿ Cómo no pude parar toda esta tragedia de nuevo? Me quedé tendida en el suelo, ese mismo suelo al que yo anhelaba su dueña. Que tonta había sido, mientras yo esperaba su regreso ella volvió para arrebatarme la poca felicidad que dejó atrás. Llevándose todo lo que quedaba. Llevándose mi amor hacia ella.

Aunque paso un buen rato, mis llantos no cesaban.

A mi mente se le cruzo un rayo, una desesperación.Un impulso. Cogí el movil que tenia en el bolso y llame a quien mas quería escuchar su voz.

Nadie respondió.


Solo un sueño. Uno pequeño. ♥★♣Donde viven las historias. Descúbrelo ahora