4. Beso indirecto

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Era, sin lugar a dudas, el día con peor suerte que había tenido jamás. Su alarma se descompuso y el tráfico era un infierno; terminó por dejar el taxi que había tomado para recorrer lo que restaba de camino a pie.

Entró al aula, casi se resbala por la rapidez con la que iba, maldijo también los azulejos de la misma.

—¿Estás bien? —el representante de clase, Bruce Banner, sólo lo observaba como un bicho raro.

—¡No! —estaba harto— Lo lamento, pero necesito esto —y prácticamente le arrebató el vaso de papel del que emanaba un vapor y aroma delicioso.

—Bien, pero... —con su mano libre detuvo la "protesta" del castaño y dio un sorbo a la bebida ya tibia.

—Volví, ¿dónde está mi café? —no lo había pensado, al principio creyó que Bruce no habría probado el mismo porque sabía que no le gustaba, pero no se detuvo a contemplar a quién le pertenecería, mucho menos si ya lo había degustado.

—Lo tiene Helmut

—Traidor —musitó mientras ponía los ojos en blanco, girándose hacia la verdadera propietaria de la bebida que robó.

La observó, a ella y a sus labios pintados de rojo, y de inmediato bajó la mirada hacia el vaso; sí, estaba manchado.


—Scheiße (M×erda) —maldijo, esta vez entre dientes, y le regresó su bebida—. Lo lamento

—Quédatelo, parece que lo necesitas más que yo, pero ey, tienes algo de labial aquí —con una sonrisa, que denotaba ligera burla, la peliroja utilizó su dedo pulgar y lo pasó por los labios ajenos con la intención de "limpiarlos".

Fʟᴜғғᴛᴏʙᴇʀ [2021]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora