La emoción del festejo de Halloween fue rápidamente reemplazado por la muy esperada temporada invernal en Breckenridge, Colorado. Navidad era su festividad favorita, especialmente para Beatriz Blue.
Pero a partir de esta navidad, las próximas sería...
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Capítulo 2:
"Suerte la de ellos que no deben soportarte durante todo un año"
Maldigo internamente al oír el volumen de la música. A mi querido vecino le encantaba despertar a todos los vecinos de la cuadra con el volumen al máximo a las ocho en punto de la mañana de un domingo.
Do-min-go.
—Que maleducado —exclama mi tío durante el desayuno.
La extensa mesa estaba ocupada por un par de miembros familiares. Mi madre, uno de mis tíos, mi abuela y yo.
—El Santo ha hablado -ironizo, untando mermelada sobre mi tostada.
—Y el burro responde —contraataca dándome una mirada burlona. Alzo las cejas incrédula. Él mismo acaba de responderme—. Cómo sea —desvía el tema de su respuesta al percatarse que su madre no lo oyó decir aquello—, ¿se puede saber qué le ocurre a tu novio?
—No es mi novio —repito por trillonésima vez en lo que va del año.
—Lo dijiste mal —El tarado trata de corregirme. Leonard, mi tío (por parte materna), aclara su garganta, infla su pecho y exclama: —. Tendrías que haber dicho: "No, es mi novio".
Ignorando aquello, volteo a ver a mi abuela y le pregunto, con toda la seriedad del mundo: —¿Se te ha caído cuando era pequeño?
Ella agarra su pequeña taza de café y la lleva a sus labios. Toma un pequeño trago, levanta el periódico para poder leerlo mejor y me responde: —Más veces de las que alguien podría contar.
Abre el diario y mueve con brusquedad las hojas, acomodándolas para poder leerlas mejor e ignorando las quejas de su hijo menor.
Pasamos un rato más desayunando, con mi abuela ignorando las peleas con mi tío y con mi madre interviniendo de vez en cuando.
Nuestro ático es un depósito de festividades, recuerdos y cosas inútiles, como las figuras de acción que mi tío aún guardaba. Hay cajas por doquier (incluso en un pequeño rincón hay una del tamaño de un vaso), marcadas con un fibrón resaltando qué es lo que contiene en su interior.
Camino entre los pequeños espacios hasta llegar a las cajas que más me importaban. Las cajas de Navidad. Había una mayor cantidad de ellas que las del resto. Con todo su contenido decoramos casa rincón de la casa. Incluso cambiamos el papel higiénico de los baños.
Tomo una a la vez y las acerco lo más posible hasta el hueco del ático, en el inicio de la escalera. Mi hermano estaría abajo esperando para cuando yo decida bajarlas todas.
Usualmente decorábamos todas juntos (aunque cada quien lo hacía en la parte que más disfrutaba y luego una parte restante que mi abuela asignaba al azar). Sin embargo, a mí siempre me gustaba la idea de encargarme por mi misma de ello porque sentía que tenía el control absoluto de cómo y dónde colocar las cosas; no como el resto de mi familia que lo hacía al azar.