- Perdona, ¿nos conocemos? - pregunté. ¿Podría ser Robin?
- No creo. - sonrió de lado. Acto seguido continuó su camino.
Caminé hacia mi taquilla para dejar mis dibujos, aún en estado de shock, y me dirigí a mi clase de literatura.
Entré y me senté en mi solitario asiento del final de la clase esperando a que la profesora, la señorita Dawkins, llegara.
- Buenos días, chicos. - dijo la señorita Dawkins. Era alta, delgada y joven. Cualquiera podría confundirla con una alumna de último curso. Si así fuera, sería la típica rubia a la que todos subestiman, guapa y de la que todo chico estaría desesperadamente pillado por ella. - Hoy comenzaremos la clase con hablando del libro de este trimestre. A partir de ahora nos centraremos en este libro, y haremos un examen sobre él.
Mientras la señorita Dawkins continuó hablando, un cuervo se posó en la ventana y graznó.
Robin. Había vuelto. Me sentí aliviada.
- Robin, por Dios, estaba preocupada. - susurré.
- ¿Algún problema, Agatha? - preguntó la señorita Dawkins.
- Nada, profesora. Simplemente que es una rarita que cree que habla con cuervos. - se burló Courtney, una de las morenas más odiadas por toda la gente de mi categoría. El resto de la clase rió por lo bajo.
- Le he preguntado a Agatha, Courtney. - insistió la profesora
- No, no. Emm, uh... ninguno, señorita Dawkins. - contesté algo decaída.
- Bien.
Continuó la clase y yo con señas le dije a la Robin que hablaríamos en casa.
No volví a ver al desconocido en toda la mañana.
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