Not So White Lies

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La noche caía como tela fosca sobre la ciudad de Nueva York mientras el pesado aire daba anuncio de la tormenta que se avecinaba a sus espaldas, tanto para bien como para mal.

El pelirrojo pasaba suavemente el peine de cristal por los azabaches cabellos para recogerlos en una alta media coleta, dejando apreciar las tiras de aquel vestido color escarlata que resaltaba en su piel y combinaba con el tinte de sus labios que te incentivaban y llevaban a encontrarte con unos preciosamente vacíos ojos negros.

Después de mucho tiempo intentando evitarlo, el gran momento llegó.

Golzine amaba a Eiko, pero no podía negar que su cuerpo exigía la presencia y calidez de aquella preciosa figura femenina sobre su cama, disponiéndose a hacer y deshacer bajo el cielo estrellado.

Bones esperaba objeción alguna por parte de la chica, pero solo podía ver resignación en su mirada, como si la pequeña llama de esperanza se hubiera extinguido de una vez por todas, causando una amena felicidad en su interior.

¿Dino se dará cuenta que Eiko en realidad era un chico? Probablemente, pero estaba tan perdidamente enamorado que seguro ignoraba esos grandes detalles con tal de degustar de su amada.

De ese modo llegaron a ese entonces, pudo permitirse que otros atendieran y alistaran al japonés, pero sabía que, a la mínima oportunidad, podría ser una perra traicionera y trataría de escapar. Así fue como el de ojos azules decidió tomar esa labor, asegurándose de eliminar cada rasgo que definiera tristeza, pena y cansancio.

Cuando escuchó el clip del broche, colocó sus manos sobre los hombros de la "chica" y la contempló a través del espejo. Sin duda alguna, los gemelos eran algo extraordinario, existente en el mundo. Podían ser tan distintos en cuanto personalidad y formas de vivir, pero el rostro era el mismo por más capas o máscaras usarán, dependiendo de la posición, era visto como una bendición o como una desgracia.

En caso de Eiji, podría decir que era una maldición con toda seguridad.

— Siento como si viera a la vanidosa e inhumana Eiko ante mis ojos —dijo con algo de burla antes de detener su reacción divertida y tomarlo bruscamente del mentón, jalando hacia atrás el cabello de su contrario con la otra mano, provocando que cerrara los ojos y temblara sin replicar— No debes tener miedo... Dino te tratará con la mayor ternura que alguna vez sentirás en tu puta vida. Si te atreves a desobedecer o arruinar esta importante ocasión, no dudaré en eliminarte —amenazó, arrastrando sus palabras de odio. Al no ver ningún movimiento de su parte, sonrió con simpleza para soltar su premeditado agarre.

Pero en el umbral estaba alguien que podía ver las verdaderas razones tras la accesible actitud del asiático.

Caín pasó por la habitación que tenía la puerta entreabierta, viendo por el pequeño espacio con discreción al menor. Aquella vez que se encontraron bajo la lluvia, las palabras salieron sin más, como si se tratará de una inocente charla entre amigos.


*


— No te estoy diciendo que te ayudaré —el mayor señalaba mirando de reojo al pelinegro. Este solo rio por lo bajo y asintió en un intento para calmar su agobio— Necesito más tiempo para decidir...

— Pero si aceptas, debes ir a la dirección que te dicté —empezó a decir, jugando con las pequeñas gotas cristalinas que volaban hacia sus pálidos dedos— Ahí te encontrarás a un hombre de unos treinta años, japonés, cabello y ojos castaños, responde cuando lo llamas "Ibe-san"... Ah, y seguro verás a un chico de ojos verdes y rubio.

SUAVE LUZ [Banana Fish]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora