Atenas, Grecia.
Seis meses después...Ángela
Poco a poco el tiempo se llevó las heridas que me marcaron y me llevaron a huir lejos del pueblo donde nací y me crié toda la vida hasta que el hombre de mi vida me partió el corazón.
Aún recordar a Diego Montenegro es algo que me causa mucho dolor, es cosa de que ya no me tiro en la cama a llorar por él como lo hacia las primeras semanas que llegué.
Y eso se lo debo a mi colega y actual novio Eros Thacxis, quien es un afamado neurocirujano en este país de treinta y cuatro años, el cual con su paciencia y cariño logró que aceptase estar en una relación con él.
Llevamos cuatro meses juntos y es un encanto, me la paso de maravilla a su lado.
Así que ahora somos la parejita soñada de la Clínica, algunas enfermeras nos miran con ojitos ilusionados y otras sólo me fulminan por hay que ser claras.
Casi todas las mujeres que laboran aquí están enamoradas de Eros, ¿y como no?
Si el hombre es atento, caballeroso y asquerosamente apuesto.
Con su metro noventa de músculos duros, piel bronceada y ojos ámbar que cuando te enfocan te hacen temblar las piernas no es para menos.
Es un espécimen en extinción...
Me río ante ese pensamiento mientras voy conduciendo por las atestadas calles de Atenas a la hora del almuerzo.
He quedado con Eros que nos encontraríamos en un restaurante, y creo que voy tarde, de nuevo.
Para variar...
La puntualidad y yo no somos amigas.
Y con lo que Eros odia esperar, el pobre ha tenido que tener paciencia ilimitada conmigo.
Yo lo adoro por eso.
Poso mi camioneta negra en el estacionamiento del restaurante, y me bajo luego de asegurar el mismo.
Tomo mi cartera la cual cuelgo del hombro.
Aliso la falda de mi ajustado vestido veraniego color blanco con flores amarillas.
Y peino con mis dedos mi larga cabellera azabache y me encamino dentro del recinto de comida, a la cual ya debería haber estado hacia unos veinte minutos atrás.
Me cercioro de mi maquillaje sencillo en la vidriera del Restaurante, y sonrió porque siempre me ha gustado lo sencillo.
Labial de brillo, apenas polvo compacto y ya. Puesto que mis mejillas siempre han sido sonrojadas naturalmente.
Al entrar al lugar busco con la mirada al derredor a Eros, y ahí lo veo pareciendo un dios entre tanto mortal.
Se vé tan jodidamente atractivo con ese look informal que consiste en un jeans negro, botas de montaña, una camiseta de mangas cortas blanca y encima una chaqueta de cuero oscuro.
Reacciono de mi ensoñación cuando lo veo sonreír me engreído y sé que me ha pillado viéndole como boba.
Ruedo mis ojos negros y me acerco a la mesa de la esquina para bufar al ver a un par de chicas reír por lo bajo mirando de tanto en tanto a mi novio.
Esto era la parte mala de andar con un Dios Griego...
Y es tener que aceptar que otras mujeres se babeen por él.
Lo mismo me pasaba con Diego...
Me siento frente a él con brusquedad porque me enoja siempre acabar pensando en Diego cada dos por tres.
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Déjame Amarte, Saga Amor & Pasión 4
RomantizmEl Marine Diego Montenegro regresa a su pueblo Western Folk a causa de que fue gravemente herido en combate. Al darle de baja en su carrera el joven se llena de amargura, ya que no sólo perdió su profesión sino que también la habilidad de caminar po...