Capitulo 4

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El hombre que me sostenía, me había cambiado de posición unas cuantas veces, no sabia si era por cansancio o solo quería probar que era muy fuerte delante de su compañero. Ya no nos encontrábamos en el psiquiátrico, ahora estábamos en una carretera desierta, cubierta por arboles por ambos lados, ya eran las 8 pasadas, el frio golpeo mi rostro e hizo revolotear mi cabello.

—Mercit—dijo el hombre de adelante, haciendo presión en una de sus orejas—¿Donde nos vamos a encontrar?

—Solo sigan caminando, hay que estar seguros de que nadie los sigue, ni siquiera Aaron—escuche a la voz desde el auricular del que me sostenía.

—Esta bien, pero el calmante que le suministramos no durara para siempre, ella en algún punto despertara.

—Sigan caminado, cuando vean una gasolinera entren al Marquet.

Abría unas cuantas veces los ojos para ver el camino por donde nos dirigíamos

Ya me empezaba a doler donde el hombre posaba su mano, me sostenía como si fuera a escapar, algo que, si es cierto, pero se suponía que estaría drogada. Me había puesto en una posición donde todo la sangre subía hasta mi cerebro.

Sentí como ambos hombres mermaban la velocidad para luego detenerse, abrí un solo ojo y podía percibir la gasolinera.

—Entremos—dijo el que me sostenía—. Avísale que hemos llegado.

—Mercit, llegamos—entramos al Marquet, la luz era escasa y las personas que estaban en el local, parecían idas. Estarían drogadas. Pensé

—Al fin llegaron, me hacia anciana con tanta espera—escuche la voz de la mujer, pero ahora mas cerca y mejor definida—. Déjenla en aquella silla y ayúdenme con estas cosas

El hombre me sentó en una silla y se alejó, tenía la oportunidad para salir, pero aun sentía la presencia de la mujer cerca de mí. Medio abrí los ojos y pude verla, era de tes blanca, con ojos negros como la noche, su cabello lo traía recogido y era de un color rojizo

—Muy bien, empecemos con esto—acerco otra silla y se sentó enfrente mío—tráigame aquella cubeta.

Escuché como los hombres se acercaban, y de repente sentí aguan fría, no, mas bien helada, mis ojos quisieron abrirse, pero los detuve, debía parecer que aún seguía medio adormilada.

Mis ojos se empezaron a abrirse, colocando la mejor cara de molestia por la luz, mis ojos primero miraron a la mujer y luego mire el lugar en donde nos encontrábamos, todos aquí estaban como dormidos, pero con los ojos abiertos, parecían zombies.

—Ya despertó la bella durmiente—dijo la mujer juntando ambas manos.

—¿Quién eres?, ¿dónde estoy?

Hice mi mejor cara de miedo, aunque no creía que fuera totalmente actuada esa cara.

—Mucho gusto—extendió su mano colocándola enfrente mío—Mercit depunt.

Mire su mano por unos segundos y bufé

—¿Para que me has traído aquí?—se puso de pie y empezó a caminar en círculos a mi alrededor

—Veras, fui contratada por—pensó por un momento—Alguien, que no te quiere con vida por no decir que te quiere muerta.

—No tengo enemigos, ¿cómo se supone que quieran matarme?

—Eso, mi querida niña, es algo que tu crees, pero esta persona desde tu nacimiento deseo que nunca hubieras nacido—me mostro una sonrisa hipócrita. 

—¿Y yo por qué?

Levanto los hombros.

—Cosas que pasan o mejor dicho cosas que nunca debieron existir, como tú, veras, si no hubieras nacido, esta persona tendría—volvió a quedarse callada pensando que responder—¿poder? Gloria, no se como lo quieras llamar, pero tú se lo arrebataste.

Desde las sombrasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora